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La Premonición
Titulo: Jardín a la luz de la luna.
Fandom: La Premonición (original)
Claim: AnnexLuke
Palabras: 1655



La reunión había acabado hacia unos pocos minutos pero ella no se había movido del sofá en el que se había sentado. Seguía abanicándose con el pequeño y bellamente decorado abanico de mano que la Reina le había regalado, con la mirada fija en el horizonte. Pensando seriamente en cosas que no deberían estar ocupando su mente.

No debió haber regresado a ese castillo. No debió de hacerle caso a la sugerencia de su cuñada de que tenía que asistir a la reunión, de que era una buena idea y de que era necesario que saliera de casa. Sí, era cierto, en el castillo donde vivía se pasaba los días encerrada y cuando salía, lo hacía sólo para hacerle una breve visita a Edna, Cecil y Nadhia. Nada más. Nada de paseos por el Hellaven, nada de visitas a otras damas importantes, nada de dejarse ver en público para deleite de los hellavenianos.

Y nadie entendía porqué tanto encierro. Nadie podía entender sus pocas ganas de ver el mundo que había ayudado a mejorar. Pero, de todas formas, no le decían nada y la dejaban vivir tranquila, rodeada de sus queridos libros.

Pero la noche en la que el asunto de la reunión fue mencionado, Ariadnna había insistido tanto en que tenia que salir de esas cuatro paredes que no pudo evitar decirle que sí, a pesar de que se había prometido no volver a poner un pie en ese castillo durante mucho tiempo. Después de lo que había pasado (o estuvo a punto de pasar) la última vez, no le habían vuelto a dar ganas de hacerle una visita a su amigo. El suceso, a pesar de que había pasado ya mucho tiempo, era reciente para ella.

Anne aun podía sentir todas y cada una de las sensaciones que se apoderaron de su cuerpo cuando había visto los ojos de Luke. Cuando había tocado y besado la suave piel de su estomago para curarlo… Se abanicó con más ánimo. Que Dios la ayudase. Ella era una mujer casada y no podía estar pensando ni deseando esas cosas.

Algo aturdida por el rumbo que habían tomado sus pensamientos, se puso de pie y se dirigió a la salida del salón de reuniones. Era de noche pero aun era temprano, por lo que decidió dar un paseo por el jardín.

El jardín del Castillo del Este era realmente hermoso, con sus altos flamboyanes que cubrían el verde pasto con sus rojizas hojas. Su sinfín de coloridas y variadas flores y los pequeños y laberínticos diseños que los jardineros se esforzaban en crear con las plantas mas bajas; al final, todos los caminos terminaban en el mismo lugar: el pequeño lago que había en el centro. De día, era un deleite para la vista el poder apreciarlo. De noche, bajo la brillante y plateada luz de la luna, era un lugar realmente mágico.

Anne lo había visto muchas veces antes, pero aún así no se cansaba de pasear entre los árboles, de tumbarse sobre la hierba y disfrutar de la vista y del delicioso aroma que inundaba el aire. Realmente le gustaba ese castillo. Y lo peor era que anhelaba poder vivir en él.

Caminó por el pequeño sendero bordeado por coloridas flores rumbo a la zona en la que estaban los bancos de piedra. Estaba en una zona alejada de la casa, pero no le importaba. Quería algo de privacidad. Quería estar lejos de las curiosas miradas que le daban los demás. Necesitaba ese momento de paz para poner sus ideas y sentimientos en orden antes de volver a estar cerca de su esposo.

Inmediatamente llegó se descalzó y dejó las zapatillas y el abanico sobre uno de los bancos y puso a caminar sobre el mullido césped. El viento acariciaba su piel y agitaba su largo cabello rojo y la suave tela de su vestido blanco. Se sentía como una caricia, calida, deseada, agradable…

—Anne.

Escuchó que la llamaban y no tuvo que darse la vuelta para saber quien era. Podía estar en medio de un gentío y aun así reconocería su voz. Su corazón se aceleró, como era de esperarse. Él causaba ese efecto en ella con sólo decir su nombre, con sólo dirigirle una tímida mirada.

Anne se dio la vuelta y lo vio acercarse a ella, vestido completamente de negro, confundiéndose con las sombras de los árboles que estaban detrás de él pero reluciendo con aquella extraña luz que parecía emanar de él. Era tan hermoso. Era como un ángel.

—Hola— lo saludó tímidamente.

— ¿Qué haces aquí tan tarde?

—Se me antojó dar un paseo por tu jardín. Realmente adoro este lugar.

—Si, yo también lo hago. — Se acercó hasta que quedó a su lado— Es hermoso y parece como si toda la magia de este lugar saliera de él.

Él no la miraba, estaba demasiado concentrado en admirar la belleza del jardín. Ella, en cambio, estaba concentrada en su perfil, en los reflejos que la luz de la luna producía en su cabello dorado.

De repente, él dejó de mirar el paisaje y centró sus clarísimos ojos grises en ella.

— ¿Por qué te fuiste de esa forma la otra vez, Anne?— algo en su tono de voz le dijo a Anne que estaba realmente dolido por ese hecho. Y a ella no le gustaba la idea de hacerlo sufrir, no podía soportar siquiera pensarlo.

—Tenía que hacerlo. Era… lo correcto. — ella no reconoció la voz que salió de sus labios.

—Pero, ¿por qué?

Oh, era tan inocente. Cualquier otra persona hubiese sido capaz de comprender perfectamente el motivo de su huida. Pero Luke, cuando se trataba de cosas relacionadas con él, podía ser muy ingenuo. Él no era conciente de los estragos que provocaba en todas las mujeres que lo rodeaban. No era conciente en lo difícil que se le hacia a Anne estar separada de él, el no poder tocarlo. Dios, si lo supiera, no estuviera preguntando esas cosas.

— ¿Por qué, Anne? — volvió a preguntar, pero esta vez le acarició el rostro suavemente con la mano derecha.

A Anne se le olvidó que tenía que seguir respirando. Se le olvidó que no podía permitir que él hiciera eso, que no podía estar tan cerca de él. Todo su cuerpo ardió gracias a su toque. Todo su cuerpo ardió de deseo porque sus manos abandonaran su rostro y recorrieran cada una de sus curvas. Porque sus labios dejaran de hacer tontas preguntas y se posaran sobre sus ansiosos labios.

Lo agarró por el cuello de la chaqueta con fuerza y lo atrajo hacia su cuerpo, rodeándole el cuello con los brazos. Él se sorprendió por el gesto pero no hizo nada para impedirlo. Al contrario. Rodeó el cuerpo de Anne con sus brazos, pegándola al suyo. Anne suspiró, encantada. Hacia tanto tiempo que había deseado hacer eso.

—Eres una mujer peligrosa, Anne.

Ella levantó el rostro para poder mirarlo a los ojos.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque eres la única persona capaz de hacerme flaquear. La única que es capaz de hacerme romper las reglas.

Ella sonrió, realmente encantada y complacida. Saber que tenía ese poder sobre él era gratificante. Lastima que no pudiese hacer uso de el.

— ¿Romperías cualquier regla por mi, Luke?— su pregunta pudo haber sido tomada como algo inocente, sólo como una pregunta. Y Luke era lo suficientemente ingenuo como para no darse cuenta de las segundas intenciones que se escurrieron junto a sus palabras.

—Sí— le aseguró.

Ella no necesitó escuchar nada más. Lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo con toda esa desaforada y caliente pasión que la consumía. Él le correspondió, como era de esperarse. Como Luke había dicho, era débil en los brazos de Anne, era como un juguete a merced de un niño. Y no le molestaba. Para nada.

Anne se olvidó de las reglas, de sus deberes como futura reina, de su sufrimiento pero, sobre todo, se olvidó de su esposo. Estaba cansada de reprimirse las ganas de hacer lo que deseaba, de ser una esposa abnegada, de estar separada de sus seres queridos. Y quizás por eso se dejó llevar y besó a Luke. Quizás por eso estaba siéndole infiel a su esposo (¿acaso no le era infiel con el pensamiento desde hace tiempo?).

Se pegó mas a él, estrechándolo entre sus brazos. No quería separarse de él nunca más pero sabía que, por más que lo deseara, ese deseo no iba a hacerse realidad. Luke no era para ella, punto, y tenía que resignarse ante ese hecho.

Cuando el beso terminó, ella escondió el rostro en su pecho ya que no quería que viese la triste expresión de su rostro y las lágrimas que inundaban sus ojos. No quería que él se diese cuenta de que sufría por él. No quería que supiese que lo que sentía era más que simple atracción física.

—Lo-lo siento… no debí hacer eso— le dijo, cuando estuvo mas tranquila. — Ya no puedo darme el lujo de andar haciendo este tipo de cosas, ¿verdad? Ahora soy una mujer felizmente casada.

Levantó el rostro para mirarlo a los ojos y la seriedad que vio en su rostro le dolió. Se separó de él con lentitud, sintiéndose débil de pronto y caminó hacia el banco donde había dejado sus cosas. Se sentó, se puso sus zapatillas, tomó el abanico y se encaminó hacia el castillo; todo eso sin siquiera dirigirle una mirada.

Ni siquiera se despidió de él. Nunca había podido decirle adiós en el pasado, ¿cómo iba a poder hacer eso ahora? Sólo se limitó a caminar, a poner cientos de pasos de distancia entre ellos. Sólo se concentró en no llorar y en poner una expresión serena para cuando llegara al castillo y se encontrara con los demás.

Sólo se limito a pensar en que, sí Luke la odiase y no correspondiese a sus gestos, todo sería más fácil.
La Premonición

Titulo: Las palabras se las lleva el viento.
Fandom: La Premonición (Original)
Claim: AnnexLuke
Palabras: 1000 palabras (según el contador de Word)
Notas: participa en el reto 73 de la comunidad Writer’s Canvas. Grupo: Pastel.
Nota 2: sólo una cosa: no estoy inspirada. Ese one-shot salió casi a la fuerza y la verdad es que no estoy conforme con el resultado. Cuando mis musas regresen de su escapada a la playa, escribiré algo medianamente bueno.



Las manos de ella enredadas en su pelo, sus cuerpos unidos, sus labios danzando al ritmo de una silenciosa canción, una canción que sólo ellos dos podían escuchar. Sus corazones latiendo al unísono, al compás de sus sentimientos por el otro.

Las manos de ella abandonaron su cabello para posarse una en su rostro y la otra en su pecho. Las de él seguían aferradas a su cintura, como si temiese caerse si la soltase; como si temiese que ella fuese a alejarse de él. Pero los suspiros de placer que se escapan de los labios de ella eran un claro indicio de que ella tampoco quería separarse, de que no había nada en el mundo que quiera hacer más que besarlo, más que estar junto a él.

Él la escuchó murmurar un te quiero cuando sus labios se separaron para tomar aire, justo cuando sus miradas se encontraron. Por un segundo se sintió realmente complacido, feliz. Como si todas las cosas buenas que había hecho por ese mundo hubiesen rendido frutos y él estuviese cosechándolos. Pero después le llegó la duda, del tipo que te carcome hasta los huesos, que te desvela, que te deja un vacío en el pecho: ¿ella en verdad lo quería?

Él lo dudaba. ¿Cómo alguien podía quererlo cuando sus padres no lo habían querido, cuando lo habían abandonado a su suerte siendo sólo un recién nacido? Ella no lo conocía en verdad. A penas habían intercambiado unas cuantas palabras en todo el tiempo que llevaban conociéndose (¿se conocían en realidad?). ¿Cómo podía ella quererlo? ¿Cómo podía hacerlo cuando sabía que él era capaz de matarla para salvar a otros?

No, ella no lo quería en verdad. Ella sólo estaba confundida. Se sentía sola, necesitada de cariño, y como se habían besado, había pensando que diciéndole eso iba a conseguir que él siguiese haciéndolo. Sí, eso era lo que pasaba.

Pero, por más que se decía eso, no lograba convencerse. Ella seguía teniendo sus brazos rodeando su cuello, con una de sus manos jugando cariñosamente con su alborotado cabello rubio. Sus cuerpos seguían juntos, muy juntos, tanto que él podía jurar que escuchaba los acelerados latidos de su corazón. Sus labios estaban entreabiertos, como si estuviese esperando que él volviese a besarla. Su respiración estaba agitada, sus mejillas sonrosadas. Y sus ojos reflejaban claramente lo que sentía (¿acaso era amor lo que veía en esa brillante mirada azul?).


— ¿Por qué tienes esa cara?—le preguntó ella, acariciando su rostro con delicadeza, sin dejar de mirarlo. — ¿Qué te preocupa?

Él no le dijo nada. Y no lo hizo porque no quisiese responderle, sino porque no sabía que decirle. No sabía qué era lo que le preocupaba. Él la quería, prácticamente la había querido desde el primer momento en el que la había visto. Entonces, ¿por qué no se lo decía? ¿Por qué tenía miedo? Pero lo mas importante, ¿a qué le tenia miedo?

—No te preocupes, Luke. Es sólo amor. No es el fin del mundo.

Ella dejó de rodearle el cuello y dio un paso hacia atrás, poniendo algo de distancia entre ellos. Él, al instante, se percató de lo frío que estaba el lugar. De lo oscuro, descuidado y tenebroso que era. Cuando la había estado besando había sentido que todo a su alrededor era calido, puro. Hermoso y brillante. Había sentido que estaba en el paraíso. Pero ahora todo era tan diferente, tan vacío. Tan carente de sentido o emoción.

Ella estiró la mano, como si fuese a acariciarle el rostro otra vez, pero se detuvo a mitad de camino. En cambio, se abrazó fuertemente a sí misma, como si tuviese frío.

—No tienes que decir nada, Luke. Tú no tienes la culpa de esto. Tu no…

Hizo una pausa en la que miró hacia otro lado. Pero él ya había visto la pena en sus ojos. Ya no había amor, ni felicidad en ellos. Sólo había pena, profunda y oscura pena.
Y es que él, con su silencio, con su vacilación, había destruido la más pequeña esperanza que ella hubiese tenido. Porque para ella, ese beso había significado todo.

Era una pequeña luz en ese callejón a oscuras en el que se había convertido su vida. Era su boleto de ida y nunca vuelta hacia un lugar mejor, más brillante, lleno color y luz. Era lo único que la iba a salvar de una existencia amarga y vacía. Pero ya no importaba. Nunca había importado porque, para él, ese beso no había significado nada. Y sus palabras de amor habían sido arrastradas por el frío viento, totalmente ignoradas por él.

Se sentía realmente mal, pero él no tenia la culpa. Él no la quería, él no sentía lo mismo por ella. Ese no era el fin del mundo. Pero sí era el fin de su mundo.

Ella se dio la vuelta, sin que le importase el hecho de que había dejado inconclusa la frase, y se dirigió hacia la salida de esa vieja habitación. Necesitaba poner muchos metros (si fuese posible, kilómetros) de distancia entre ella y Luke. Necesitaba estar en un lugar en el que no pudiese verlo, en el que no tuviese oportunidad de saber nada de él.

Y sólo había un lugar en el que podía lograr eso.

Luke no hizo ni dijo nada cuando la vio salir. ¿Qué podía hacer, de todas formas? Ellos no podían estar juntos, por más que él la quisiese, por más que él lo quisiese. Él tenía un deber que cumplir, y ese deber se interpondría en su relación una y otra vez.

Además, él no sabía nada sobre el amor. Él sólo sabía sobre este que le dolía el pecho cuando no tenia a Anne cerca y que el saber que la había lanzado a los brazos de otro hombre era algo que jamás iba a perdonarse y que lo atormentaría el resto de su existencia.

“No te preocupes, es sólo amor”. Sí, claro. Como si eso hiciese que le doliese menos.
La Premonición
Titulo: Realidad imaginaria
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición (Original)
Palabras: 1166 palabras.
Notas: Posibles spoilers, pero conmigo y mis musas nunca se sabe. Si encuentran algun error, me gustaria que me lo informaran para poder corregirlo. Otra cosa, en vista de que hay gente que comenta mis drabbles de “La Premonición” y me dice “No conosco el fandom…” he decidido ponerle la palabra “Original” al lado para que lo sepan. Y prometo el profile de Luke pronto. Es, de todos los personajes, el unico que tiene el suyo listo *_*. Bien, no mas chachara. Solo lean y sean felices ^^.


Anne caminaba por las abarrotadas calles de la ciudad ajena a las incidiosas miradas que le lanzaban los transeuntes al verla pasar; ya estaba costumbrada a ser el centro de atención y de curiosidad entre la gente. Estaba acostumbrada a los ojos que escrutaban su rostro pecoso, a las frases de desconcierto cuando veian su cabello exageradamente rojo o sus azulisimos ojos. Y, ultimamente, tambien había tenido que acostumbrarse a los gestos y expresiones de las personas cuando veian como andaba vestida.

Antes le habría dado mucha importancia al hecho de que la gente la señalaba disimuladamente al verla. Ahora no le importaba en lo mas minimo. No le provocaba el mismo desasociego que antes, mucho menos las mismas ganas de salir corriendo y esconderse entre los calidos brazos de su madre.

Anne levantó la cabeza y miró el cielo; estaba nublado, plagado de nubes que prometian unas largas e intensas horas de lluvia. Siguió caminando, haciendo caso omiso a las palabras obsenas que le decian los hombres al pasar sobre lo diminuta que era su falda.

Para ella a su alrededor no había mas ruido que el sonido que producian los tacones de sus botines sobre la acera. Para ella no había a su alrededor mas que los cientos de personas que tenían la misma apariencia de Luke.

Estaba alucinando, lo sabía, pero no podía evitar verlo, tan hermoso y mortifero como en sus sueños, en las caras de las personas a su alrededor. Y había sido así desde aquella noche en la que había creido verlo en el bosque, en la que había creido sentirlo. Pero sólo habia sido el viento. Sólo había sido otro de sus desvarios de chica loca.

Luke no existia. Luke formaba parte de sus mas locas fantasías. Luke no era real, y por mas que ella lo desease, eso no iba a cambiar. Tenía que meterselo en la cabeza y asimilarlo de una buena vez.

Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, alertando a los transeuntes los cuales, precavidos, habían salido de sus casas con sus paraguas en las manos. Anne ignoró las frías gotas de lluvia que caian en su pelo y rostro. Ignoró la advertencia de una anciana vendedora de flores de que se pusiera a cubierto. Sólo caminaba, con los truenos y relampagos acompañando el sonido de sus pasos.

La vida para ella, desde que había despertado hacía unas pocas semanas en la cama de ese horrible hospital, era una sucesion de sin sabores y decepciones. Una tras otra, las cosas que había creido que eran ciertas, se habían desmoronado haciendose añicos al deslizarse de entre sus dedos, dejandola vacía. Dejandola tumbada en el suelo, con el cuerpo lleno de sangre. Sangre que salía a borbotones de las profundas heridas provocadas por su dolor al descubrir que todo lo había soñado.

Al descubrir que la más maravillosa experiencia que hubiese vivido en su vida no era mas que el producto de los fármacos que le dieron en el hospital mientras estuvi inconciente. Había querido gritar que todo era mentira, que estaban equivocados y que el Hellaven era tan real como el dolor que sentía en el pecho, pero sabía que no la iban a escuchar. Nadie iba a creerle ya que sus razones carecian de fundamentos. Ellos tenían razon y ella era la que estaba equivocada. Ellos estaban bien y ella era la que estaba loca.

Anne no había querido creer que eso era cierto, pero despues de lo que habia pasado en el bosque, empezaba a dudar de sí misma y de su cordura.

Mientras ella meditaba, la lluvia había empezaado a caer, rápida, feroz, empapandola a los pocos minutos. Las calles ahora estaban desiertas y el cielo se había oscurecido aún más dandole un toque más dramático y tétrico a la escena. Deprimente, triste, como ella.

“Sí sólo pudiese dejar de verlo. Si sólo pudiese sacarlo de mi mente…”

Pensaba y deseaba fervorosamente, mientras se quitaba el flequillo de los ojos. Gruesas lágrimas corrian ahora libres por sus mejillas, confundiendose con las gotas de lluvia que le salpicaban el rostro. Sus sollozos, al principio, habían sido bajos, disimulados; ahora su llanto era apremiante, sofocante y no podía contenerse. No podia detenerse. Tenía que llorar, tenía que sacarse todo ese dolor del pecho. Quizas, de esa forma, lograría recuperar un poco de la cordura que había perdido.

Ajena como estaba a todo lo que acontecía a su alededor, no se fijó en el hombre que tenía en frente y, debido a este despiste, chocó con su espalda, cayendo de bruces al suelo. Ella levantó el rostro, confundida, al mismo tiempo que el hombre se daba la vuelta paa ver qué o quién lo habia golpeado.

Anne, ni siquiera se inmutó al ver su hermoso rostro; hacía tiempo que había visto los rasgos de Luke en cada persona que tenía cerca, pero estos desaparecian a los pocos segundos transformandose en la verdadera apariencia de la persona, dejandola a ella con un enorme vacío en el pecho como resultado.

Pero eso no ocurrió esta vez. El hombre que le tendía amablemente la mano para ayudarla a ponerse de pie, la miraba con los mismos ojos grises de Luke. Su rostro seguía siendo perfectamente hermoso y su largo cabello rubio dorado se habia pegado a su frente y cuello debido a la lluvia, tal cual lo había hecho la última vez que lo había visto. Era Luke, en toda su real y magnífica gloria y ella no sabía que hacer, decir o pensar al respecto. ¿Había terminado de enloquecer?

Cansada de estar sentada en el frío suelo, y sabiendo que sus piernas no tendrían la suficiente fuerza para soportar su peso, extendió su mano derecha y tomó la de “Luke” para que la ayudase a ponerse de pie. Él hombre dio un tiron tan fuerte que la joven quedó pegada a su calido cuerpo en el mismo instante en el que estuvo de pie.

Anne se sintió mareada y extrañamente feliz entre los brazos del hombre que rodeaba su cuerpo ahí, en medio de la calle y bajo esa torrencial lluvia. El calor de su cuerpo se filtró por sus ropas y llegó hasta ella, reconfortandola, provocandole unas increibles e intensas ganas de llorar.

Así se sentía el ser abrazada por Luke. Bueno, eso le decía su subconciente.

Aunque sabía que no era posible que este hombre fuese su Luke, no podía evitar sentirse a gusto con él, como si lo conociese de toda la vida. No podia evitar desear besar esos hermosos labios…

El hombre llevó una de sus manos al corto cabello de Anne para enredar los dedos en las cortas y humedas hebras. Luego bajó la cabeza y le dio un casto y calido beso en la coronilla. Con los labios aún cerca de su cabello, le dijo las cinco palabras que serían capaces de salvarla de la locura que la acosaba. O quizas, las que terminarian por enloquecerla.

—Por fin te encuentro, Anne.
La Premonición
Titulo: Apariencia
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Palabras: 768 palabras
Nota: basado en la palabra “Cambio”. Por cierto, no me gustó. En estos días todo lo que sale de mi cabeza es un completo sin sentido. Esto es un claro ejemplo. Pero, por lo menos, pueden hacerse una idea, mas o menos, de como es la apariencia de nuestra querida Anne despues de un tiempo.

— ¿Por qué lo hiciste?—le preguntó Luke, aún sosteniendo el portarretrato.

Anne, recostada en el enorme sofá del departamento que compartía con su mejor amiga, Juliette, levantó los ojos de la revista que hojeaba y le dirigió hacia él. No había necesitado ni una sola palabra más para entender a lo que él se refería. Esa, últimamente, era la pregunta que la gente que la conocía (la que decía conocerla, mas bien) más le hacían.

—Porque no me gustaba—fue su escueta respuesta.

Luke siguió mirando la foto, mostrandose insatisfecho con esa respuesta.
Anne, despues de un largo y profundo suspiro, cerró la revista, bajó los pies del y se acomodó mejor en el mismo.

—Lo hice, en realidad, porque no me gusta. Nunca me gustó. Me hacía sentir como un fenomeno de circo cada vez que me miraba al espejo, cada vez que salía a la calle.

“La gente... la gente me miraba raro. Me miraban con demasiada curiosidad y fijacion, como si tuviese un tercer ojo o algo similar. Y no me gustaba. De verdad. Odio sentirme observada... odio ser el centro de atención.

Luke no dijo nada. Solo se limitaba a mirar la foto, como si esa fuese la cosa mas maravillosa del mundo, sin importarle que la protagonista de la misma estaba a escasos pasos de él.

—Y eso es todo.— Volvió a encojerse de hombros, antes de estirarse sobre el sofá— Le pregunté a mi mamá si podía cambiarme el color de pelo y ella, a pesar de tener solo doce años, accedió. Desde entonces llevo el cabello oscuro. Aún la gente me mira, porque no es común encontrar a una persona tan pecosa y rara como yo, pero lo hacen en menor cantidad.

—Dices que esa vez hiciste semejante cambio porque estabas cansada de la mirada de la gente, del acoso —Anne asintió, aunque sabía que él no podia verla— Ahora dime, ¿por que cambiaste en esta ocasión?

Esta vez se dio la vuelta, despues de dejar el portarretrato en su lugar sobre la repisa, y la miró de la cabeza a los pies, como si de esa forma pudiese encontrar las respuestas a sus preguntas.

Anne, cuando la vio por primera vez en el Hellaven, tenía el pelo un poco mas abajo de los hombros, de un oscuro castaño rojizo. Aunque la ropa que había usado en esa ocacion era una enorme camisa blanca, solía usar jeans y sweateres sencillos y anchos. Anne era sencilla y tampoco usaba maquillaje (aunque realmente no lo necesitaba). Tenía una apariencia dulce que le daba cierto aire de inocencia; con eso contribuía mucho sus enormes ojos.

Ahora Anne estaba vestida completamente de negro, con una falda exageradamente corta que dejaba al descubierto unas hermosas piernas envueltas en unas medias de malla, rotas en algunos lugares, y unos altos botines negros. Su pelo, que estaba disparejo, era exageradamente corto y estaba peinado en punta; era tan oscuro como su vestimenta y el dramático maquillaje de sus hermosos y brillantes, ahora opacos, ojos azules.

Su boca era lo unico colorido en ella, ya que estaba pintada de un oscuro rojo sangre, lo cual contrastaba con su palida tez (a causa de los polvos del maquillaje). Aparte de su extraño atuendo, se había hecho algunas perforaciones. Tenía un arete de puntas afiladas en la ceja izquierda, uno pequeño en forma de estrella en la nariz, una barra plateada que atravesaba la parte superior de su oreja izquierda y un aro en la parte izquierda del labio inferior.

“Diferente”, era lo unico que Luke podia decir.

Anne, en esos momentos, se veía y notaba incomoda, aunque no quería que él se diese cuenta. Se encogió de hombros antes de responder, aun sin cambiar su sugestiva pose sobre el sofá.

—Todos necesitamos un cambio, aunque sea sólo una vez. Necesitamos dejar atras lo que somos y empezar desde cero con una nueva apariencia. Eso ayuda a olvidar y a impedir que caigas en la locura.

Algo en los ojos de la chica le hizo darse cuenta de que lo decía por experiencia propia y no por salir del paso.

No quiso abundar más en el tema porque sabía, de alguna extraña forma, que el cambio en la apariencia de Anne no tenía nada que ver con moda, la influencia de unos amigos o algo similar. Algo la había empujado a convertirse en eso, a dejar atrás la imagen de niña dulce y buena para coonvertirse en una rebelde. Y pensar que él, Adrian o lo que habia pasado en el Hellaven era el responsable, lo hacía sentirse miserable. Muy miserable.
La Premonición
Titulo: La Venganza es Dulce
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Prompt: Beso Exigente— pertenece a la tabla Tipos de besos de la Tabla Amor del foro Retos Ilustrados. xDD 8)
Palabras: 1757 palabras
Notas: Es la continuación de el one-shot homónimo. Está dedicado a mi amadísima nee-san Lukia, ya que estaba peleando conmigo por haber dejado el otro one-shot en una parte muy interesante. Nee-san, te quiero *la estruja* Espero que te guste.

***

Estaba a salvo. No podía creerlo. Luke, después de todo, había optado por dejarla en paz. No había tocado la puerta (ella dudaba mucho de que él, cuando estaba enojado, fuese de los que tocaban la puerta. Mas bien, se lo imaginaba como de los que la tiraban de una patada), no había gritado ni lanzado maldiciones al viento en su nombre. Mucho menos había utilizado sus poderes para tratar de hacerle daño.

¿Debería sentirse aliviada porque aún estaba viva e ilesa, o mal porque el beso, ese perfecto y maravilloso beso que habían compartido había significado tan poco para él que ni siquiera tenía intenciones de vengarse?

Esa era, realmente, la pregunta del siglo.

—“Deja de pensar en tonterías”— le dijo esa vocecita en su cabeza que ya le resultaba tan familiar— “Si para él ese beso significó o no significó nada, no debe importarte. A ti lo único que debería quitarte el sueño es si tu vida está corriendo peligro”.

Eso era mas fácil decirlo que hacerlo. Y Anne ya estaba cansada de decir que Luke no le inspiraba más que miedo; siempre que lo decía pasaba algo que le hacia darse cuenta de lo gran mentirosa que era.

Para muestra, un botón: el beso que le había dado a Luke hacia un rato. ¡Prácticamente lo había devorado! Y no es que se estuviese quejando ni mucho menos. Sólo quería que ese tipo de situaciones no ocurriesen porque, de una extraña manera, la hacía albergar esperanzas. Pero, sobre todo, la hacía quererlo cada vez un poco más.

Y ella no quería querer a Luke. No podía. Ella tenía una familia, unos amigos, un novio, una vida, del otro lado de la puerta. Ella no podía quedarse en ese mundo porque era como carnada para tiburones. Era, como bien había dicho Luke, una amenaza. Y ella lo que menos quería era cargar en la conciencia con el peso de la destrucción de un mundo. No gracias, eso no lo quería.

Dejando a un lado sus cavilaciones, se puso de pie y empezó a quitarse la ropa mientras se dirigía al baño. Por suerte, todas las habitaciones de esa casa tenían el baño integrado por lo que no corría el riesgo de encontrarse a Luke en el pasillo. Claro está, si este aún permanecía en la casa.

Y pensar en él no fue una buena idea. Si él solo recuerdo de su rostro, sus gestos (los que no estaban dedicados a ella, por supuesto), su forma de caminar y de moverse, su voz, provocaban estragos en su cuerpo, el recordar el beso fundió todo dentro de ella y la hizo sentir caliente y necesitada.

La sensación de sus cuerpos juntos, de sus labios danzando en un erótico baile que sólo ellos dos conocían, la sensación de su cabello entre sus dedos o de sus manos aferradas a su cadera, era demasiado para ella.

Y no pudo evitar desear tenerlo cerca para poder besarlo otra vez. Para sentir el calor de su cuerpo. Para escucharlo suspirar de placer cuando sus lenguas se encontraran…

Abrió la llave del agua fría y se metió en la bañera dispuesta a estar ahí hasta que todo el calor que le había provocado el encuentro con Luke se extinguiera. Incluso, se había puesto a pensar en sus clases de la universidad y en lo difícil que le resultaría ponerse al día, para acelerar el proceso de “relajación”. Eso, definitivamente, ayudó a calmarla.

Cuando estuvo lista, vestida y con los pies dentro de las calidas pantuflas, salió de la habitación rumbo a la cocina. Caminaba sigilosa por los pasillos, pegada a la pared (pensaba esconderse de Luke entrando en la primera habitación que encontrase vacía), deteniéndose algunas veces para cerciorarse de que él no andaba cerca.

Cuando llegó a su destino, metió sólo la cabeza y escudriñó el lugar. Nada, estaba despejado. Con un suspiro de alivio, entró a la cocina y se dispuso rápidamente a hacer un té.

Las luces se apagaron de pronto, dejando la cocina en completa oscuridad. Ni siquiera la luz de la luna, que se filtraba por la única ventana del lugar, lograba atravesar esa completa y fría oscuridad.

Jadeó, asustada, y aferró sus manos al borde de la encimera de la cual logró recostarse. Tanteó la superficie en busca de los fósforos que había visto cuando entró, y cuando logró encender uno tuvo que reprimir las ganas de gritar al no ver la llama del fósforo. Y estaba encendido porque ella sentía el calor en los dedos, pero no se veía nada. Decepcionada, sopló para apagarlo.

Este hecho le hizo darse cuenta de que esa repentina oscuridad no se debía a una bombilla rota o a algún problema con el generador. Esa oscuridad era producto de la magia. Alguien quería asustarla y ella le rogaba a todos los santos que fuese Luke porque si no, significaba que había alguien más en la casa y era seguro de que había ido por ella. Si no, no se hubiese tomado la molesta de dejar la casa a oscuras.

De pronto, un ruido la sacó de sus cavilaciones: el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse. Después no se escuchó nada más; ni pasos, ni voces. Todo seguía estando silencioso, frío y oscuro.

Anne se detuvo un momento y se puso a recrear la cocina en su mente. Ella estaba recostada de la encimera, la cual estaba pegada a la pared izquierda (si la veías desde la puerta). En el centro de la estancia estaba una pequeña mesa redonda con cuatro sillas alrededor.

Caminó en dirección a la puerta guiándose por el borde de la encimera. Si seguía recto por ese camino, podría llegar a la salida sin hacer el menor ruido. Y quizás, si tenía mucha suerte, lograría escapar y ponerse a salvo.

Solo había dado unos cuantos pasos cuando chocó con una de las sillas, lo que hizo que esta produjera un fuerte chirrido mientras se deslizaba por el pulido suelo. Ahogó una maldición y siguió con su tarea. Tenía que salir de ahí y encerrarse en su habitación urgentemente. Por lo menos, hasta que Edna llegase y le pusiese orden a todo ese caos.

Pero no logró. Alguien la había tomado por el antebrazo izquierdo impidiéndole continuar. Y ella no necesitó luz o que su captor dijese una sola palabra para saber quien era. Jamás en la vida olvidaría las sensaciones que provocaban sus calidas manos sobre su piel.

Anna no dijo ni hizo nada porque sabía que no podía evitar lo que iba a pasar. Ella había tocado las puertas del infierno, ahora le tocaba encontrarse con el diablo.

— ¿Qué va…?— iba a preguntarle qué iba a hacerle pero él se lo impidió empujándola hacia la repisa, haciendo que jadeara al sentir el golpe en la parte mas baja de la espalda.

Su corazón se aceleró. “Oh, Dios mío, va a matarme. Va a matarme”, pensó, y sus ojos se llenaron de lágrimas. El terror comenzó a crecer dentro de ella haciéndola jadear, haciendo que su respiración se agitase.

Sintió el agarre de su mano calentarse, alentando a que el pánico corriese libre por su cuerpo. Iba a morir calcinada. Su muerte a manos de ese ángel demoniaco iba a ser lenta y muy dolorosa.

Él la agarró por el pelo y tiró hacia atrás (no bruscamente) para alzarle el rostro y exponer su cuello. Anne pudo imaginar la expresión de su rostro. Podía verla claramente; sus severos y fríos ojos grises fijos en ella. Su sonrisa maliciosa… su rubio y alborotado cabello enmarcando su perfecto y dolorosamente hermoso rostro.

¡Dios, como le gustaba ese hombre! ¡Cómo deseaba volver a besarlo!

Pero no iba a hacerlo. No iba a darle a él ventajas sobre ella. No iba a demostrarle que, a pesar de todo, ella sentía cosas (quizás demasiadas) por él.

Queriendo fingir que no sentía miedo, le preguntó:

— ¿Piensa hacer algo o pretende que nos quedemos aquí, así, toda la noche?

Él no le respondió. Por lo menos no con palabras. Asió más fuerte el agarre que ejercía sobre su brazo, la agarró por la nuca con la mano libre y la atrajo hacia sí para besarla. Ella jadeó, y él aprovechó esta oportunidad para adentrarse en su boca. Para atormentar a su lengua con la de él.

Con ayuda de Luke, Anne logró sentarse sobre la encimera, con las piernas abiertas para que él se acomodara entre ellas. Sus brazos, inmediatamente se vio libre del agarre de Luke, terminaron rodeando su cuello, atrayéndolo más hacia ella, acortando cada vez más la distancia entre sus cuerpos.

Luke se separó y ella volvió a atraerlo hacia sí, para seguir saboreando sus labios, para seguir caldeando su cuerpo. La mano izquierda de él se coló un poco por debajo del sweater y ella gimió al sentir sus dedos deslizándose por su piel. Se movió hacia delante y rodeó el cuerpo de Luke con las piernas. Esta vez fue él el que jadeó y ella se sintió complacida con esto.

El beso se tornó más fiero, más desesperado y necesitado. Ya la ropa empezaba a molestarle, ya sus manos deseaban hacer algo más que agarrarlo por el rostro. Ya su piel deseaba ser tocada, besada, mordida.

Deseaba a este hombre arriba, abajo, sobre, dentro, de todas las formas posibles. Y era un deseo demasiado fuerte e intenso. Salvaje. Algo que ni el beso más pasional podría satisfacer.

Luke se alejó de ella y Anne trató de volver a atraerlo a sus brazos. Pero él no se lo permitió. Ella no pudo impedir que un quejido saliese de sus labios. Y se lamentó en el acto. Había hecho lo que había evitado hacer: se había mostrado necesitada. Le había demostrado que no era inmune ni a sus besos ni a sus caricias. Que lo deseaba. Casi pudo escuchar su risa burlona y sus palabras despectivas.

—Eso fue para que te des cuenta, terrana, de quien tiene el poder aquí.

Su voz estaba calmada, aunque cargada de puro y cortante odio. ¿Cómo una persona que la odiaba tanto podía besarla con tal intensidad? ¿Cómo alguien tan frío y despiadado podía hacerla sentir tan bien, hacerla sentir tan calida y deseada? Para esas preguntas no tenía respuestas, aunque se moría de ganas por tenerlas.

Y así, sin decir una palabra más, Luke salió de la cocina, dejando a una débil, llorosa y desolada Anne sobre la encimera. Y, por arte de magia, la luz regresó, pero la calma de Anne no.
La Premonición
Titulo: ¿Viva o Muerta?
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Palabras: 275 palabras
Notas: basado en la frase Si uno no siente, no existe de Jorge Luis Borges. La tabla es “Muerte” del foro Retos Ilustrados.

Al principio todo fue dolor. Dolor y desesperanza. Al principio todo estuvo borroso, espeso y gris, como la niebla. Al principio todo fue frío.

Dolor. Muerte. Sangre.

El suelo bajo su cuerpo había estado húmedo y frío. Congelado. Muerto. La persona que la había mantenido pegada a él, prisionera entre el suelo y su cuerpo, tenía dedos fríos, que se paseaban cruelmente por la piel de su rostro y cuello como filosas cuchillas; le provocaban la misma molesta y terrorífica sensación. La expresión de su rostro era igual de gélida.

“Estás muerta”, escuchó que le susurraba el viento. Y por un momento pensó que era cierto.

Ahora todo estaba oscuro, en calma. Ahora sienta una extraña paz rodeándola. Una extraña sensación de calor. Y los dedos que acariciaban su rostro, lentamente, como si no creyese que ella fuese real, eran tiernos y calidos. Era como estar en el paraíso.

Unos labios, calidos y suaves, se posaron sobre su frente, y justo en ese instante ella supo que no estaba muerta.

“Los muertos no sienten”, dijo mentalmente, como respuesta al viento.

Y abrió los ojos. Ahí estaba Luke, sobre su enorme y mullida cama, con ella apoyada en su regazo. El calor que había sentido había sido el suyo. Las caricias de antes se las había dado él. Y los labios que gentilmente se habían posado en su frente habían sido los que ella venia deseando desde el primer momento en que lo vio.

—Bienvenida al mundo, Anne. Y bienvenida a la vida— le dijo, con sus labios muy cerca de los suyos y ella, por primera vez, se sintió feliz de estar en el Hellaven.
La Premonición

Titulo:
La venganza es dulce.
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Prompt: Beso Pasional— pertenece a la tabla Tipos de Besos de la tabla Amor del foro Retos Ilustrados. 8) xDD
Palabras: 2023 palabras
Notas: OMG, esta es la primera vez que me propongo escribir una escena de beso entre estos dos. Ya se que hay un beso por ahí, pero ese no me gusta; por lo menos no la situación en la que se dio. Espero que este salga bien.
Cualquier sugerencia, queja o comentario, es bien recibido.
Disclaimer: esta historia y los personajes en ella son míos y solo míos. Si ves esto en otro lado, me gustaría que me lo hicieras saber.


Después de la escena en la biblioteca y de tener que soportar todas y cada una de las quejas de Cecil, se fue al salón, sola. Estaba cansada pero, extrañadamente, no tenía sueño. Y aunque lo tuviera, estaba segura de que no podría dormir. Lo que había pasado desde que sus ojos se habían encontrado con los fríos ojos grises de Luke no paraba de repetirse en su cabeza, atormentándola, haciéndola sentir cosas que no debería sentir.

Se recostó en el sillón y estiró la mano hacia la mesita de centro para tomar un libro pero se percató de que, con todo el trajín de su anterior y casi mortal encuentro, se le había olvidado sacar un libro de la biblioteca. Con un cansado suspiro, se puso de pie y caminó hacia allá.

La casa estaba desierta. Edna y Cecil habían salido (Cecil siendo arrastrado por su hermana) cuando había llegado la hora de trabajar. De Luke no sabía absolutamente nada. Y esperaba que fuese así durante un buen rato. Por lo menos hasta que sus hormonas lograran calmarse y recuperar un poco de cordura.

Esta vez, el paseo hacia uno de sus lugares favoritos de la casa no estaba cargado de una extraña atmosfera. No le inspiraba curiosidad y miedo. Y aunque todo estaba calido, sabía la razón: Edna le había puesto un hechizo a la casa para que ella no se congelase; lo cual Anne agradeció enormemente porque odiaba el frío.

La biblioteca, hermosa, con su enorme y altísimo techo y sus estanterías llenas de libros con cubiertas de colores, estaba exactamente como la había dejado. La mesa con la que había chocado cuando había intentado salir corriendo del lugar estaba desalineada en relación con las otras, y la silla en la que Luke había puesto su chaqueta también estaba fuera de lugar. Todo permanecía intacto, como si ahí no hubiese pasado absolutamente nada. Como si su vida no hubiese estado tambaleándose en la cuerda floja.

Ver todo eso le hizo sentir rabiosa. Luke la había lastimado, no solo física sino también emocionalmente. Había dejado marcas en su cuello cuando había tratado de estrangularla. Y había dejado marcas en su alma al saberse tan frágil y desprotegida. Al ver todo el odio que ella le inspiraba.

Por lo que le había hecho, se merecía un castigo. Uno muy grande. Pero ella no era capaz de hacer nada. Luke era, prácticamente, un dios. Él tenía poderes y ella no. Él podía matarla solo con pensarlo y ella no podía ni siquiera empujarlo porque sabía que no lograría moverlo ni un solo centímetro.

Ella era débil y él no, y por esa razón tenía que tragarse su rabia y resignarse.

Caminó por entre las estanterías (ya conocidas por ella ya que pasaba la mayor parte de su tiempo libre allí) buscando uno de los pocos libros de escritores terranos que Edna tenía. El lugar estaba silencioso, tranquilo, pero había algo en el ambiente que la hacía sentirse inquieta y nerviosa. Tomó un libro cualquiera cuando la situación se volvió insoportable y se dirigió a la salida de la biblioteca con pasos rápidos.

Estaba empezando a sentirse aterrada y eso no era bueno. De alguna extraña forma sentía que si se dejaba dominar por el terror, seria capturada más rápido.

“Deja de pensar en estupideces, Anne”— le dijo una vocecita en su cabeza —“Aquí no hay nadie. Estás sola. Estás a salvo”. Pero ella, extrañamente, pensaba que no era así.

Cuando estaba a medio camino del salón, una de las puertas de la pared que estaba a su derecha, se abrió. Conteniendo un grito de terror y sin siquiera mirar, emprendió la carrera hacia su habitación. Giró a la izquierda cuando llegó al final de ese pasillo, tan rápido que pensó que iba a caerse o a estrellarse con una de las paredes.

Siguió corriendo, sintiéndose extrañamente a salvo ya que su habitación estaba al final de ese pasillo y el camino estaba despejado. Al parecer, la persona que estaba en la casa no se había percatado de que ella estaba ahí. O, quizás, se había perdido y dirigido hacia otro lugar; las casas del Hellaven solían ser muy engañosas.

Llegó al final de pasillo, cansada y sofocada, pero sintiéndose tranquila. Estaba a salvo, por lo menos medianamente. Cuando iba a abrir la puerta, alguien la tomó bruscamente del hombro y le dio la vuelta. Esta vez no pudo evitar gritar. Mucho menos pudo evitar que el libro se le cayera de las manos debido al susto. Y a pesar de ver el rostro de su perseguidor, no se sintió a salvo. Luke no era la persona en la cual ella confiaría en esos momentos.

— ¿Qué demonios se supone que estas haciendo, terrana?

Su voz fue fría, cortante, como la afilada hoja de una cuchilla. A Anne se le heló la sangre en las venas pero no quiso demostrar flaqueza. No quería darle más motivos para que siguiera burlándose de ella.

— ¿Qué hace aquí? ¿Cuándo llegó?— le cuestionó con voz firme, o por lo menos pretendió que así lo fuera.

—Yo no tengo por qué responder tus preguntas, pero tu sí tienes que responder las mías. Así que, ¿qué se supone que estas haciendo? ¿Por qué demonios estabas corriendo de esa forma? — preguntó, con exigencia.

Ella no dijo nada, pero el ligero rubor que cubrió sus mejillas la delató. Él, en respuesta, esbozó la sonrisa maliciosa más hermosa que Anne hubiese visto en su vida. Y sus rodillas se debilitaron, como si de pronto hubiesen dejado de ser de hueso para convertirse en goma.

—Estabas huyendo de mi— seguía sonriendo, provocando en Anne cosas que no quería sentir. Que no debía, que no tenía permitido sentir.

Él la odiaba, y ella debería odiarlo a él por el simple hecho de que era su enemigo. Él sólo estaba esperando la oportunidad idónea para deshacerse de ella sin verse comprometido. O, en su defecto, sin que se viese perjudicada su relación con Edna.
Él la quería ver muerta. Se lo había dicho en el mismo instante en el que la había visto.

Le había demostrado su odio, la repulsión que sentía por ella, las ganas que tenía de matarla justo con una mirada; después fue con gestos y palabras. Y ahí estaba ella, embelesada ante su belleza. Deseando fervientemente que el contacto de su mano sobre su hombro dejase de ser tan brusco y se convirtiese en una suave caricia. Deseando que sus hermosos y carnosos labios se posaran sobre los de ella, besándola como si hubiese deseado hacerlo toda la vida.

—Me tienes miedo— dijo, y en esos momentos su voz sonó ronca, tan sensual que provocó estragos dentro de ella.

Y se sorprendía de que él no se percatase del sin fin de reacciones de las que era victima su cuerpo. Pero lo que más le sorprendía era el hecho de que él estaba demasiado cerca de ella y de que su mano seguía manteniendo su firme agarre sobre su hombro izquierdo. Estaban cerca, peligrosamente cerca, y esta vez él no se mostraba asqueado, solo… molesto. Muy molesto.

—No le tengo miedo. Y no estaba huyendo de usted— logró decir, después de tragarse el nudo que tenía en la garganta.

— ¿Por qué corrías? ¿De quién estabas huyendo?

“De ti”, quiso decirle, pero algo dentro de ella le decía que no era la mejor opción.

—De nadie. Ahora, me gustaría entrar a mi habitación.

Él la miró como si le hubiese salido una segunda cabeza y no se hubiese dado cuenta. Y ella, tarde, comprendió que había cometido el grandísimo error de faltarle el respeto (aunque realmente no lo había hecho, pero como a él había que tratarlo como si fuese de la realeza…). Si antes, que no había hecho nada, había estado a punto de matarla, no quería imaginarse lo que le haría en esos momentos. Y ella estaba sola, posiblemente durante un largo rato. ¡Que alguien la ayudase!

La presión sobre su hombro incrementó, haciéndole tener una idea de que tan doloroso sería todo el proceso.

—Que no se te olvide con quien estas hablando, terrana. Mucho menos el hecho de que aquí no están ni Cecil ni Edna para defenderte o protegerte.

Y por alguna extraña razón, se sintió rabiosa por sus palabras. Y no pudo contener toda esa ira que estaba creciendo dentro de ella. Mucho menos detenerla cuando quiso salir a borbotones de su cuerpo.

— ¿Y qué pretende hacer?—le preguntó, con la voz mas ruda de la que era capaz en esos momentos— ¿Estrangularme, como trató de hacerlo en la mañana?

Él deslizó su mano hacia su cuello y la cerró sobre este sin dudarlo siquiera. El gesto, en vez de aterrarla, la hizo sentir ansiosa y deseosa. Y, como resultado, empezó a preguntarse si no tenía una vena masoquista dentro de ella. No era posible que en semejante momento de peligro, ella estuviese apreciando la suavidad de sus dedos o lo calidos que eran. O lo bien que se sentirían recorriendo cada rincón de su ser.

—Debería hacerlo, porque solo eres una molestia. Porque tú presencia en este mundo solo trae problemas. Porque eres detestable…

— ¿Y por qué no lo hace?—le interrumpió, mientras se acercaba un poco más a él.

Si él iba a matarla más adelante, quería darse ese lujo en esos momentos. Sonrió, ya que ese pensamiento le había dado una placentera y gratificante idea.

Luke, como era de esperarse, no respondió la pregunta que Anne le había hecho. Tampoco se alejó cuando ella se acercó más. Parecía estar probando hasta dónde su bravuconería iba a llegar. Parecía estar retándola a que se adentrara aún más a la boca del lobo.

—Respóndame. ¿Por qué no me mata y libra a este mundo de semejante plaga?

—Créeme, eso es lo que mas deseo hacer en el mundo. Pero no lo haré porque no quiero ensuciarme las manos con tu…

Anne no lo dejó terminar. En un acto de valentía que realmente la sorprendió, acortó la poquísima distancia que los separaba y unió sus labios con los de él en un beso desesperado, pasional. Pensó que él iba a alejarla de sí y a matarla ahí mismo, pero, contrario a toda lógica, correspondió el beso con la misma ansia y necesidad con la que ella lo besaba a él.

Anne no supo cual de los dos fue el que terminó de acortar la distancia que separaba sus cuerpos, ni el que había dado el paso que hacia falta para que ella terminase apoyada de la pared. Tampoco se dio cuenta del momento en el que una de sus manos se enredó en su rubio y alborotado cabello, o del momento en el que sus piernas rodearon el cuerpo de Luke.

Pero sí fue conciente de cada uno de los gemidos de placer que salieron de su boca, de los suspiros de Luke, de sus fuertes brazos manteniéndola en su lugar. De las mordidas, del excitante baile que tenían sus lenguas dentro de sus bocas, del sabor de los labios de Luke. Fue conciente del desbordante caudal de deseo que se apoderaba de su cuerpo, de las ansias de ambos de llegar más lejos, de los miedos; principalmente del miedo a separarse, porque sabían que no iba a poder seguir besándose ya que no tenían una buena excusa para continuar.

Cuando sus labios se separaron, después de lo que a Anne le había parecido un tiempo muy corto (aunque en realidad no lo fue), y logró poner los pies en el suelo, hizo acopio de todas las fuerzas que tenía para no volver a besar esos perfectos labios que estaban tan cerca de los suyos. Y estuvo tentada a hacerlo, ya que Luke se veía más o menos vulnerable en esos momentos, pero decidió no seguir tentando su suerte. Mucho había conseguido esa noche, quizá demasiado.

—Y eso— dijo, con la respiración agitada, al igual que los latidos de su corazón— que no quería ensuciarse las manos conmigo.

Y sin siquiera darle tiempo a reaccionar, se dio la vuelta, abrió la puerta y se encerró en la habitación.

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Si me dejas un comentario, me harias muy feliz xDD
La Premonición
Titulo: La verdad sobre ti
Fandom: La Premonición
Claim: AnnexLuke
Palabras: 2286 palabras
Notas: participa en el dekasem.
Nota 2: Dios, estoy sorprendida. Nunca pensé que me iba a tomar tanto tiempo escribir esto (ustedes no se imaginan el tiempo que tengo escribiéndolo). Mucho menos imaginé que iba a terminar de la forma en la que terminó. Tenía planeado que fuese algo corto y con algo de romance, pero salió todo lo contrario. xD Recuerden, no todo lo que leen en los drabbles es propenso a salir en la historia original.
Advertencia: spoiler. Uno muy grande. Si tienes planeado leer mi historia, te recomiendo que no lo leas xD Pero si lo haces, es bajo tu responsabilidad, no la mia ;)


El ser humano tiene la fuerte convicción de que el destino es el causante de todas sus desgracias. Lanza maldiciones al viento, todas en su nombre, cuando algo malo le pasa sin siquiera detenerse a pensar que con eso no logran nada. Mucho menos echándole la culpa por algo de lo cual no tiene ninguna culpa.

Y es que el destino no es responsable de nada; ni de las cosas buenas ni de las malas que nos pasan. El solo está ahí, transmutando gracias a nuestras acciones. El destino es como arcilla en nuestras manos: moldeable, cambiante, pero al mismo tiempo firme y consistente.

Eso pensaba Anne, y por esa razón no le echó la culpa de lo que había pasado en la biblioteca a nadie mas que a ella. A sus instintos. A su nueva y cambiante condición. A la bestia que llevaba dentro. A su deseo y amor por él. A todo ello le echó la culpa menos a su destino porque este no había sido el que la había empujado a los brazos de Luke. Ella sola había mandado a llamarlo y ella sola fue la que dejó que las cosas terminaran de esa forma tan extraña.

¿Por qué había sentido la imperiosa necesidad de ser mordida por él? ¿Por qué había dejado que lo hiciera? Pero sobre todo, ¿por qué él lo había hecho? ¿Por qué la había mordido y bebido su sangre? Él no tenía la necesidad de hacerlo. Él era un hellaveniano normal y corriente, entonces…

Esas eran preguntas que repiqueteaban en su cabeza como los alocados latidos de su corazón al pensar en Luke. Esas eran preguntas que aún no lograba responder. Y lo que había pasado esa tarde era algo que ella aún no podía asimilar ni comprender.

¿Por qué?
Su vida estaba llena de porqués, de preguntas sin respuestas.

¿Por qué?
Y ella no pensaba seguir permitiendo eso.

Por esa razón había salido del castillo bien temprano con dos rumbos en mente. Primero, iría a La Casa Dorada y le pediría —si fuese necesario le exigiría— a Nadhia que le contase todo lo que sabía sobre Luke. Algo debía sacar de todo eso que pudiera aclarar sus miles de dudas. Y si al final Nadhia no le daba ninguna información importante (no porque no supiera, sino porque no podía o quería hacerlo), tendría que resignarse ante la idea de que nunca podría saber que había pasado en aquella habitación llena de libros. Qué había sido eso que los había impulsado a hacer cosas que no tenían permitidas y que estaban fuera de su naturaleza.

Por ultimo, iría a la casa de Luke y pondrían su situación sobre la mesa. Ella ya no era “Anne, la terrana” o “Anne” simplemente. Y él tampoco era solo Luke, el Encargado de la Limpieza, el empleado del reino que ella casi lideraba. Ahora eran un hombre y una mujer unidos por un vínculo de sangre y por todas las sensaciones que se apoderaban de sus cuerpos cuando estaban cerca. Ella era una especie de ama y él, una especie de esclavo. Su esclavo.

***

Luke estaba sentado en el enorme y mullido sofá de la sala de su casa. No hacia nada más que estar allí, con menos ropa de la que un hellaveniano común se pondría, y con los pies descalzos, mirando las anaranjadas lenguas de fuego que crepitaban en la chimenea, mientras pensaba. Mientras pensaba en Anne y en todo lo que había pasado.

Para él, era como si fuese ayer el día en que la vio por primera vez. Había estado vestida solo con una holgada y larga camisa blanca y lo miraba con un profundo terror. Había estado hermosa, con sus oscuros cabellos húmedos cayéndole por los hombros, y con sus brillantes ojos azules prendidos en los suyos. El brillo, aroma y calor que despedía su piel lo habían obligado a tocarla, a comprobar que lo que veía era real.

Había una terrana viva en el Hellaven. La terrana más hermosa y deslumbrante que él hubiese visto en toda su vida. Eso no era algo que se viese todos los días, y como tal, él no se sintió cómodo, mucho menos a gusto con ella. A él no le gustaban los sobresaltos en su vida. No le gustaba experimentar cosas nuevas solo por amor a hacerlo. No le gustaban los cambios bruscos, y por eso no se había llevado bien con ella al principio. Además de que a él no le gustaban los terranos. Los aborrecía, para ser más claros, porque gracias a ellos su mundo corría peligro.

Pero como uno no manda en el corazón, no pudo impedir que la frágil y desprotegida Anne colara hasta lo más profundo de su ser, haciéndole sentir cosas que nunca había sentido por nadie más: amor, deseo, ganas de protegerla, celos, miedo a perderla. Anne se había convertido en su razón para vivir, en todo, y perderla de la forma en la que lo hizo, lo devastó. Pero nada lo hizo sentir peor que ver en que se había convertido.

Un monstruo.

Un monstruo que habia intentado hacerle daño dos veces. Pero él ya no podia acusarla de nada porque él habia actuado casi de la misma forma que ella.

La habia mordido. Habia provado el sabor de su sangre y habia sentido la imperiosa necesidad de tomarsela toda, como si fuese una de esas criaturas mitologicas bebedoras de sangre de las historias terranas que leia cuando era niño, y en la cual los terranos creian (y adoraban). Y lo cierto es que lo habia hecho porque ella se lo habia permitido y porque no habia podido reprimir aquel maligno impulso.

Ahora estaba allí, lamentandose por haberlo hecho y cuestionandose el por qué de sus actos.

Un ruido lo sacó de su ensimismamiento y lo devolvió a la realidad. Se puso de pie, y sin siquiera calzarse los zapatos o ponerse algo de ropa para cubrirse del frio, se encaminó hacia la puerta para ver quien era la persona que lo visitaba.

Su corazon le dio un vuelco en el pecho al ver a Anne, ataviada con la ropa blanca que usaba desde que se habia casado con el Principe, y con su ahora largo y rojo cabello enmarcandole el hermoso y pecoso rostro. Ella le dedicó una enorme sonrisa seguida de un “hola” y él no pudo hacer mas que bajar la cabeza, avergonzado. Él no tenía derecho a verla, mucho menos a estar cerca de ella despues de lo que le habia hecho. La habia lastimado, no solo con sus palabras sino tambien con sus gestos y acciones. Y ahí estaba ella, como si nada hubiese pasado. Eso realmente lo desconsertaba y avergonzaba aún más.

— ¿No vas a dejarme pasar? — le preguntó aún con una sonrisa en sus labios— Mira que es una falta de respeto dejar a la Princesa en la puerta.

Parecia divertida por el hecho de que, por primera vez en su vida, Luke no sabia que hacer y como actuar. Ella, en todo el tiempo que tenía conociendolo, lo habia visto siempre firme, actuando como si nada pudiese asustarlo, intimidarlo o impresionarlo. Pero ahí estaba ahora, mirando hacia todos lados menos a ella, y con las mejillas ligeramente sonrojadas.

Anne tuvo que contener el impulso de acercarse a él y besarlo; sensación que era cada vez mas dificil de dominar. ¿Por qué demonios Luke tenía que ser tan arrebatadoramente atractivo?

Luke, despues de unos instantes, se hizo a un lado, abrió mas la puerta y la dejó pasar. Anne se adentró en la casa, quitandose el largo abrigo blanco mientras avanzaba. A pesar del frio que hacía afuera, la casa de Luke estaba calida, por lo que el abrigo era totalmente innecesario allí. Ademas, sabía de sobra que la temperatura del lugar terminaria subiendo aún más de un momento a otro. Siempre era así cuando ellos dos estaban juntos.

Ella hacia salir a flote todo aquel calor que residía en Luke y lo recibía de buena gana, porque sabía que ese era el resultado de la pasión y el deseo que sentía por ella. Luke tenía todo el calor que ella necesitaba para mitigar el frio del Hellaven, y ella se moría de ganas porque se lo diera todo, sin reservas.

— ¿Qué la trae por aquí, Princesa?— Preguntó Luke mientras se acercaba a ella y le dedicaba una reverencia.

Anne le dio unos cuantos golpecitos al sofá en el que se había sentado para que él entendiera que era a su lado que debía sentarse. Él la obedeció sin rechistar.

—Vengo a hablar contigo de algo muy importante— le respondió con una seriedad que le sorprendió, debido a que ella se había mostrado muy risueña cuando entró.

— ¿Es sobre…?

—Sí. Es sobre lo que pasó en la biblioteca… y sobre otra cosa aún más importante.

— ¿Qué puede ser mas importante que eso, su Majestad?

Ella lo miró con el ceño fruncido durante unos instantes. Sin cambiar de expresión le dijo:

—Luke, no tienes que tratarme con tantos— hizo un movimiento circular con su mano derecha, como si de es forma pudiese encontrar la palabra adecuada a lo que se refería. — Lo que quiero decir es que tú y yo nos conocemos desde hace tiempo, somos amigos, no tienes que tratarme de esa forma tan respetuosa. Además… ahora yo soy más que la Princesa para ti, ¿lo entiendes?

Él asintió.

—Entonces, deja de tratarme como si fuese una desconocida. Me hace sentir… extraña.

Suspiró. Dios, que difícil iba a ser todo eso. Ella no se sentía con ánimos suficientes como para hablar con él sobre eso. Además, no era la persona adecuada. Pero tenia que hacerlo. No quería que otra persona supiese la verdad antes que él. Estaba segura de que no se lo perdonaría.

—Luke, antes de todo, debes comprender que lo hice porque estaba preocupada por ti. No lo hice por simple curiosidad— él la miró, preocupado.

— ¿De que hablas?

—Fui a hablar con Nadhia sobre ti… Le conté lo que pasó en la biblioteca. No todo, por supuesto— Luke pudo ver como sus mejillas se colorearon sutilmente de rojo cuando dijo eso— pero si lo suficiente como para que ella pudiese sacar una conclusión. Aunque se que fue algo estúpido porque ella es el Oráculo, ¿no?; se supone que ella lo sabe todo.

—Anne, ¿podrías explicarte? No te estoy entendiendo.

Volvió a suspirar. Luego, se removió incomoda en su asiento.

—Nadhia me contó la razón por la cual quisiste morderme. —Hizo una pausa— No hay nada malo en ti, Luke. En serio— dijo, con insistencia. Se le notaba demasiado nerviosa, y eso lo ponía nervioso a él.

—Entonces, ¿Por qué lo hice?

Preguntó, ansioso por conocer la respuesta. Ningún hellaveniano normal hacia eso. Es mas, en todos los años de historia del Hellaven, ningún hellaveniano había mordido a alguien. Los chupadores de sangre no existían en ese mundo. Eso era solo un mito creado por algún terrano demente. Historias traídas a este lado de la puerta por los hellavenianos que lograban cruzar y que tenían intención de culturizar a todos los de ese lado de la puerta con las cosas de los terranos.

Pero él lo había hecho. Él la había mordido y saboreado su sangre como si eso hubiese sido lo que había estado necesitando toda su vida. Eso, definitivamente, no entraba en la categoría de "normal".

—Lo hiciste porque eres uno de ellos.

Él la miró aterrado. Había dejado que su imaginación vagara demasiado rápido y se fuera hasta límites insospechados. ¿Había dicho “uno de ellos? ¿Eso significaba que él era un… vampiro?

Ella pareció leer sus pensamientos a través de la mortificada expresión de su rostro, y con las mejillas sonrojadas, le respondió:

—En realidad… eres uno de nosotros. Me refiero a… a un miembro del reino.

Su voz fue baja, susurrante. Fue un siseo que le heló la sangre en las venas y, por primera vez en su vida, sintió como su piel se encrespaba. Él no era un miembro del reino. No podía serlo. Eso era imposible.

Él solo era un huérfano. Un chico común y corriente que había tenido la desgracia de enamorarse de la mujer equivocada. Lo que ella le había dicho era mentira, estaba seguro. Lo más probable era que ella lo había hechizado y que por eso la había mordido. Él en realidad no había querido hacerlo; ella lo había obligado.

—Mientes— le dijo, con convicción— Solo dices eso porque no quieres admitir que me hechizaste para que te mordiera.

Ella negó con la cabeza.

—No, Luke, no lo hice. Yo nunca…—trató de acariciar su rostro, pero él se apartó de ella bruscamente, poniéndose de pie.

—No, Anne, no sigas. Se que mientes, siempre lo has hecho. Yo no soy un miembro del reino. Tu solo tratas de engañarme para que no piense que eres la mala de la historia.

Ella, ahora, se veía molesta. Hermosa, fría y molesta. Parecía que iba a atracarlo en cualquier momento. Pero no lo hizo. Solo se puso de pie, con un grácil movimiento, y se encaminó hacia la salida.

—Cree lo que quieras, Luke. La verdad es que no me importa. Yo solo cumplí con mi obligación de decírtelo.

Le dijo, de espaldas a él, mientras se ponía el largo abrigo blanco. Pero para decirle sus últimas palabras, se dio la vuelta y lo miró directo a los ojos, para que supiera que no mentía. Para que sintiera el peso de sus palabras.

—Una última cosa: yo no tengo necesidad de mentirte. Ahora, miembro de la realeza o no, me perteneces. Y eso, querido Luke, no lo puedes cambiar.

Y, sin más, salió.

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Nota: Generalmente, suele aparecer en los drabbles "la casa amarilla" o "la casa dorada". Es la misma casa, lo unico que, en algunos drabbles, me he confundido y he puesto amarilla xDD

Si has llegado hasta aquí, te mereces un premio. No todo el mundo es capaz de leer lo que escribo lol. *estruja fuerte al lector y le regala chocolates*

Besos.
La Premonición
Titulo: Quizas cumpla mi deseo esta noche...
Fandom: La Premonición
Claim: LukexAnne
Palabras: 398 palabras
Notas: pertenece a la Tabla de Canciones “Endless Story” del foro Retos Ilustrados


Cansada e incomoda, se removió en la cama buscando una posición más cómoda para poder dormir. Pero por más vueltas que diese en la cama, lograría conciliar el sueño. Ese era un regalo que Morfeo no quería darle esa noche. Uno que tenia negándole desde el mismo día en que despertó en ese lugar.

Pero esta noche era diferente a las otras. No era el dolor por saberse lejos de los suyos lo que la mantenía despierta, mucho menos el llanto que la acosaba cada vez que estaba sola. No. en esta ocasión era el recuerdo de algo que pudo haber pasado y que no sucedió quizás por miedo, quizás por prejuicios.

Pero ella quería que sucediese; lo quería con todas sus fuerzas. Quería estar con Luke mas que nada en el mundo. Ya ni siquiera volver a su hogar le importaba, mucho menos lo que podría pasarle si se quedaba en ese lugar; ella solo quería una cosa y era, precisamente, algo que no podía tener.

Luke era un imposible para ella, no porque fuese un hellaveniano, sino porque él no quería tener nada con ella. Aunque, algunas veces, mostraba indicios de que sentía cosas por ella. Un ejemplo claro de eso había sucedido hacía pocas horas y casualmente ese hecho era lo que la mantenía despierta y ansiosa sobre su cama.

Hastiada de su confusión y sus miedos, se puso de pie y, descalza y sin siquiera ponerse una bata encima del pijama, salió de su habitación rumbo a la de Luke. Ya era tiempo de que dejase los miedos a un lado y se atreviese a conseguir eso que tanto quería. Era tiempo de que dejase de preocuparse del futuro porque incluso para ella que estaba condenada a muerte, era incierto.

Abrió la puerta de la habitación sin siquiera detenerse a tocar y, desde el umbral de la puerta (desde donde podía vislumbrar a Luke sentado en el alfeizar de la ventana, mirando las estrellas), le dijo:

“Si no has cambiado de idea… quiero quedarme contigo esta noche”

Estaba harta de fingir que era fuerte delante de él, cuando en realidad era demasiado débil. Cuando en realidad, lo que siempre había querido era que él la estrechase entre sus brazos y le dijese que todo estaría bien. Y quizás, gracias a su atrevimiento de esa noche, pudiese conseguir una ínfima parte de lo que quería.
La Premonición
Titulo: Hacia el final.
Fandom: La Premonición.
Claim: AnnexLuke
Tema: # 13- Camino
Palabras: 628 palabras
Advertencias: spoiler.


—Anne, no lo hagas.

Le había suplicado Luke al ver lo que ella planeaba hacer. Anne se dio la vuelta y vio la desesperación y el miedo que él sentía pintados en sus hermosos ojos grises. Su estomago se retorció de dolor por un instante y unas enormes ganas de darse la vuelta y refugiarse en el calor de sus brazos se apoderó de ella. Pero echó esa sensación a un lado al pensar en lo que tendría que sacrificar si hacia eso. No, ella debía seguir adelante. Debía rescatar a Edna aunque fuese lo último que hiciese en la vida. Aunque eso significase perder a Luke.

—Anne… —volvió a llamarla. Con un deje de histeria en la voz— Demonios, tú ni siquiera podrás con ellos.

Esas eran crueles palabras, pero muy ciertas. Ella no era rival para los Guardias del reino. Ella era solo una simple terrana que había llegado a ese mundo para arruinarle la vida a todo el que se hubiese relacionado con ella. Edna, quien había sido la primera en tenderle la mano y curarle las heridas, estaba en esos momentos pagando por haberlo hecho.

Anne vio a Luke acercarse a ella y con un movimiento de su mano se lo impidió. Estaba segura de que si él la tocaba, la poca seguridad que sentía en esos momentos iba a caer en picado. Ella no podía permitir que eso sucediera. Edna la necesitaba, quizá de la misma forma en la que ella necesitaba estar entre los brazos de Luke.

—Luke, entiéndelo, tengo que salvarla. Y no es por que piense que soy poderosa ni mucho menos. Tú más que nadie sabes que yo no tengo la fuerza para luchar con ellos… ni con nadie. Pero se da el caso de que yo soy la única que puede sacarla del agujero en el que está. —Luke volvió a dar un paso y ella lo detuvo con un movimiento de su mano.

—Y se da el caso de que tienes que tirar tu vida y todos nuestros esfuerzos por protegerle, a la basura. Anne, tu no puedes hacer nada para salvarla.

— ¡Por mi culpa ella está ahí, Luke! —Le gritó, con la voz rota por el inminente llanto— No puedo quedarme sentada sabiendo que ella está sufriendo por mi culpa… que sigue ahí dentro cuando yo puedo hacer algo para salvarla.

— ¿Crees que ella se sentirá feliz al saber que está libre a costa de tu vida, Anne? Ella ha estado protegiéndote desde que apareciste en este lugar. Ha hecho hasta lo imposible por mantenerse a salvo; no eches por la borda todo su trabajo.

Ella lo miró a los ojos con una expresión ceñuda. No podía creer que él, precisamente él, le estuviese diciendo esas cosas. ¡Estaban hablando de Edna, la mujer que lo había criado, la que había sido como su madre para él desde que el Oráculo le ordenó que lo buscase! Él no podía preferirla a ella antes que a Edna. Eso era imposible.

Y aunque la sola idea de significar tanto para él le provocaba una enorme satisfacción y una felicidad tan grande que le provocaban ganas de gritar, el recuerdo de Edna siendo torturada en una de las celdas del castillo por haber mantenido oculto a un terrano vivo, le removía todo por dentro y la hacían descender rápidamente de su nube de felicidad.

—Tú no entiendes lo que es ser agradecido, Luke. Yo, a esa mujer, le debo mi vida. Lo menos que puedo hacer en estos momentos, es devolverle el favor. Aunque eso signifique sacrificar mi vida.

Y sin esperar una respuesta por su parte, se dirigió rápidamente hacia el castillo por un camino angosto y rodeado de árboles. Un camino que la llevaría derecho a la muerte.
La Premonición
Titulo: Dolorosa Tentación
Fandom: La Premonición.
Claim: AnnexLuke
Tema: # 10- Camiseta
Palabras: 1045 palabras
Advertencias: *piensa* Que yo sepa, ninguna. Pero si encuentran alguna, me gustaria que me lo hicieran saber xD

Una y otra vez, Anne maldijo su mala suerte. Quien la mandaba a quedarse más tiempo del estrictamente necesario en ese castillo, sufriendo semejante tortura. Había hecho algunas cosas malas antes, eso era cierto, pero ninguna lo suficientemente mala como para recibir ese doloroso castigo.

¡Que alguien la ayudase!

Ella sabía que nadie podía ayudarle a calmar sus inquietas y molestas hormonas. Nadie más que ella podría calmarlas y evitar que la obligaran a lanzarse a los brazos de Luke. Dios, ¿por qué tenia que ser tan atractivo ese chico? ¿Por qué demonios tenia que ser tan pecaminosamente tentador?

Allí, de pie, vistiendo completamente de negro, con su largo y alborotado cabello rubio enmarcando el rostro más hermoso que ella hubiese visto jamás (de acuerdo, su esposo era también exageradamente atractivo. Pero Luke tenía un aire completamente diferente al de Adrian. Algo que la hacia decantar, si tuviese que elegir cual de los dos era mas hermoso, a Luke), y con sus ojos grises escrutando a cada persona frente a él.

Luke era la viva imagen del pecado, la lujuria y el placer. Ninguna mujer era inmune a él y sus encantos. Incluso las doncellas del castillo suspiraban de placer al verlo; por esta razón él se pasaba los días escabulléndose de ellas. Todas y cada una de las mujeres que tenían la dicha de verlo, tenían un solo pensamiento repiqueteando fuertemente en sus cabezas cuando él estaba cerca: acorralarlo y hacerle el amor hasta la saciedad.

Dios, no debería existir una persona con semejante poder de atracción; era demasiado peligroso para la cordura de una mujer. Mucho mas para una que aún no se acostumbraba a vivir en un mundo en el que la fealdad era solo un mito. Y lo que a Anne le daba más risa de todo eso, era el hecho de que él no sabía porque las mujeres se quedaban como idiotas cuando él estaba cerca. Que inocente era ese chico.


Cuando la reunión terminó y todos los que ocupaban el salón salieron, Luke suspiró aliviado. Aún no se acostumbraba a dar ordenes ni a tener un grupo tan numeroso de personas a su cargo.

Con movimientos lentos y metódicos, se quitó el largo abrigo negro que vestía y solo con pensarlo cambió la camisa y pantalón de tela (demasiado formal para su gusto), por un par de jeans y una camiseta. Se llevó la mano derecha al cabello y se lo peinó para atrás.

Estaba tan cansado. Ese día había sido realmente agotador, por lo que la idea de ir a acostarse lo tentaba a sobre manera. Pero todavía tenia cosas importantes que hacer, y si no lo hacia temprano, no podría irse a la cama temprano, ¿no?

Anne vio a Luke conjurar una humeante taza de té y tomar uno de los sobres que estaban sobre el escritorio. Debía estar realmente cansado para hacer uso de su magia y no hacer las cosas “a la antigua” como a él le gustaba. Verlo así, le dieron ganas de reconfortarlo, pero se abstuvo; lo que menos necesitaba era verse aún mas cerca del objeto de su lujuria.

Luke abrió el sobre y empezó a leer su contenido con gesto aburrido, mientras seguía tomando de su taza. Todo estuvo muy bien hasta que algo de lo que había leído en la carta lo había hecho ahogarse con la bebida y derramar un poco sobre él al echarse bruscamente para atrás con el sillón.

Anne salió de su escondite y se acercó rápidamente a él mientras lo veía ponerse de pie con una maldición aflorando de sus labios.

—Quítate la camiseta y siéntate— le ordenó, haciendo caso omiso de sus adoloridas maldiciones.

Él no le hizo caso, estaba demasiado concentrado en el dolor producido por el té caliente sobre su piel y en impedir que la tela caliente de su camiseta se siguiera adhiriendo a su piel.

Anne, al ver que la ignoraba, se acercó más a él y con un rápido movimiento le quitó la camiseta y lo arrojó, con un ligero empujón, al sillón que estaba detrás del escritorio. Aturdido, él vio como ella se agachaba un poco y empezaba a soplar sobre su piel quemada mientras mantenía los ojos cerrados.

Él tuvo que cerrar los suyos ya que la sensación era tan dolorosa y placentera al mismo tiempo que lo mareaba. Y tuvo que concentrarse en no gemir otras veces al sentir sus delicados dedos recorriendo lentamente su piel. Solo volvió a abrir los ojos cuando sintió los labios de Anne sobre su piel curada y lo que vio fue suficiente como para atormentarlo durante un buen rato.

Anne abrió los ojos lentamente, cuando terminó de curar a Luke, para encontrarse con la encendida mirada de él sobre ella. Se le hizo un nudo en la garganta al darse cuenta de al situación (y la posición) en la que se encontraba.

Bravo, genio. Y eso, que no querías acercarte mucho a él. A esto es a lo que yo le llamo “placentera lejanía”, musitó una molesta vocecita en su cabeza, en tono de burla.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, se alejó de él y se dispuso a salir del salón. Prácticamente corrió mientras lo hacia.

Demonios, no esperaba que el simple hecho de curarlo fuese tan excitante. Mucho menos que verlo ni tenerlo en la posición en la que lo había tenido, fuese a alborotarle tanto las hormonas.

“¿Qué demonios pasa contigo, Anne? Eres una mujer casada y ya no estás en edad de ponerte así solo al ver a un tío guapo. Tranquilízate. Tranquilízate.”, se decía una y otra vez, pero la vocecita en su cabeza se burlaba de ella y de su famoso “autocontrol”.

Bien, ya no le quedaba mas remedio. Tendría que salir de ese castillo ya, o se arriesgaba a perder la poca estabilidad que le quedaba. Y de paso, se arriesgaba a meterse en un grave problema con su esposo. ¡Ni Dios lo quiera! Eso era lo peor que le podría pasar.

Así que, sin siquiera despedirse o llegar a su destino, desapareció en medio del pasillo rumbo a su propio castillo. Ya vería como resolvería sus problemas con Luke. Lo importante ahora era poner cientos de kilómetros entre ellos dos.
La Premonición
Titulo: Regalo inesperado
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne FosterxLuke Brown
Tema: # 22- Libro
Palabras: 1310 palabras
Advertencias: ninguna.

Leer era uno de los pocos pasatiempos que tenia Luke y era algo que muy pocas personas sabían o imaginaban sobre él. Luke no era, precisamente, el tipo de hombre que imaginas cómodamente sentado en un sillón, disfrutando de un buen libro. La gente, más bien, lo veía como el tipo de persona que toma un libro entre sus manos cuando era estrictamente necesario. O quizás para golpearte con él. Que equivocados estaban.

Cuando Luke tenia un libro entre sus manos, sentía que todos los problemas y dificultades por las que atravesaba, desaparecían dejándolo envuelto en una nube de paz y felicidad. Leer era su único escape, lo que le provocaba la mayor satisfacción al final del día. Lo único que le hacia olvidar la maldición que amenazaba con destruir su mundo (y eso ya era mucho que decir).

Cuando se veía libre de todas esas nuevas obligaciones que tenia por ser “alguien importante”, iba a la biblioteca del castillo y se pasaba horas leyendo los libros de la vastísima colección que habían empezado a juntar hacia mas de quinientos años los antiguos moradores de ese castillo. Y podía jurar que se sentía feliz. Por un cortísimo periodo de tiempo, Luke podía jurar que era medianamente feliz.

Y como ya era una costumbre para él, ese día no iba a ser diferente. Por eso, se encaminó rápidamente, buscando la forma de no ser visto por ninguna de las doncellas del reino, hacia la solitaria biblioteca.

El lugar era enorme, lleno de altísimas estanterías repletas de libros con cubiertas de variados colores. Las pocas mesitas y sillas que habían, estaban colocadas al fondo, en la parte derecha del lugar, por lo que eran vistas inmediatamente entrabas. En cambio, el amplio y mullido sofá que él solía ocupar, estaba muy al fondo en la parte izquierda, oculto a la vista por las estanterías.

Prefería leer en ese lugar no por el sillón precisamente, sino porque, al estar algo oculto, le daba más privacidad. Pero, sobre todo, porque podía ver los vastos terrenos del castillo a través de la ventana. Los amplios y decorados jardines alumbrados por la luz de la luna era una de las vistas más hermosas del castillo.

Caminó entre las estanterías buscando aquel libro que tanto le había llamado la atención el día anterior, y se sorprendió al no encontrarlo. Eso no tenia sentido ya que nadie mas que él entraba a ese lugar, y él estaba seguro de no haberlo tomado o movido de su sitio. Encogiéndose de hombros, se dispuso a pasar el índice derecho sobre los lomos de los libros que tenia en frente mientras leía los títulos en voz baja. Se decantó por un libro de terror escrito por un terrano llamado Basker Clive.

Esbozó una sonrisa melancólica al darse cuenta de lo mucho que Anne lo había cambiado. Él, jamás, hubiese pensado siquiera en leer un libro terrano porque los odiaba a muerte (a los terranos, por supuesto), pero al final había terminado enamorado de una terrana. Una que era prohibida. ¿Acaso no era esa una ironía del destino?

Ya con el libro en la mano, se dirigió hacia su lugar favorito. Iba hojeando el libro todo el camino, por lo que no se percató de la persona que, en una postura relajada, ocupaba su sillón mientras leía el libro que él había estado buscando.

Su visitante vestía un largo vestido blanco, el cual se había movido un poco mostrando sus piernas a través de la pecaminosa abertura que le llegaba un poco mas arriba de la mitad del muslo derecho. Este se ceñía a su esbelto cuerpo denotando cada una de sus seductoras curvas, esas que eran capaces de enloquecer hasta al más cuerdo de los hombres. Y su largo y exageradamente rojo cabello caía en capas desordenadas sobre sus hombros desnudos y su frente. Sus pequeñas y delicadas manos, de uñas pintadas de un brillante rojo sangre, pasaban las páginas de aquel libro con extrema delicadeza, como si temiese arruinarlo con ese simple movimiento.

Estaba hermosa. Pecaminosamente hermosa. Era, como siempre, la viva representación de una diosa pagana que bajaba al mundo mortal para atormentar a los hombres con su increíble belleza.

Ella levantó la vista y la posó en él. En el acto, sintió una calida sensación apoderándose de ella. ¡Cuanto lo había extrañado! Pero él no parecía pensar lo mismo. Estaba mirándola con una clarísima expresión de sorpresa en el rostro; la miraba como si ella fuese una aparición. Como si no debería estar ahí. Como si no hubiese una explicación lógica para lo que estaba viendo.

—Hola, Luke— le dijo, mientras le dedicaba una radiante sonrisa. Él no le correspondió el gesto. Estaba demasiado conmocionado.

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Acaso uno no puede visitar a sus amigos de vez en cuando?—preguntó mientras se sentaba en el sofá con las piernas elegantemente cruzadas.

—No suele pasar muy a menudo cuando estos están en la otra punta del mundo. —le dijo, mientras se cruzaba de hombros.

Ella hizo un movimiento con su mano derecha para restarle importancia al asunto.

—Si, bueno, yo soy un caso especial. No soy capaz de alejarme de mis seres queridos aunque estos estuviesen en otro planeta.

Sí, él sabía muy bien de que era capaz esta mujer por sus seres queridos. Él había visto todo lo que había sufrido y por lo que había tenido que pasar para poder sacar a Edna del Camino de las Almas. No todo el mundo haría eso, por más agradecido que fuese.

—Aún no me has respondido, Anne— la chica le sonrió por haber usado su nombre a secas, sin ningún molesto apelativo acompañándolo— ¿Qué haces aquí?

Anne se puso de pie lentamente y se acercó a él.

—Vine a traerte un regalo— chascó los dedos y un paquete rectangular, en vuelto en papel rojo, apareció flotando frente a ellos. — Estuve buscándolo durante un tiempo ya que se lo mucho que te gustaría tenerlo. Hubiese sido algo imposible encontrarlo pero, dada mi actual condición, dudo que esa palabra vuelta a estar relacionada a mi alguna vez.

Él seguía sin tomar el regalo, no porque no lo quisiera, sino porque todo eso le parecía demasiado irreal. ¿Anne, ahí, entregándole un regalo? Si, claro. Como si su esposo la dejaría hacer eso.

—Anda, tómalo. Prometo que va a gustarte. A menos, que tus gustos hayan cambiado de la noche a la mañana y yo no me haya enterado. —Luego se estiró un poco, apoyando sus manos sobre el pecho de él y le dio un casto y calido beso en la mejilla. —Feliz cumpleaños, Luke.

Y dicho esto, se encaminó a la salida de la biblioteca.

Aún sorprendido, tomó el paquete que permanecía flotando frente a él y lo abrió. Era un libro. El libro más deseado por todos los hellavenianos. El único libro en todo el mundo (incluyendo el Terrano) que contaba la verdadera historia de la gente de su mundo y la de el que estaba del otro lado de la puerta. Todo lo que estuviese relacionado con ello, estaba en ese libro, y él ahora lo tenía en sus manos.

Solo había un ejemplar en el mundo, (escrito por un hellaveniano llamado Aaron, el cual había trabajado para el reino al principio de los tiempos, como Recolector) por lo que él supo que, a pesar de sus palabras, había sido bastante difícil de conseguir. Pero ella lo había buscado, sabría Dios desde hacia cuanto tiempo, y se lo había llevado a su nueva casa como regalo de cumpleaños.

Este era, sin duda alguna, el regalo más grande y maravilloso que alguien pudiese darle. Pero él en realidad no apreciaba el libro (aunque no podía negar que, como ella había dicho, le encantaba el regalo), sino la acción de la joven. Eso era algo que, para él, no tenía precio.
La Premonición
Fandom:La Premonición
Claim: AnnexLuke
Título: Visita
Palabras: 705
Advertencias: Ninguna

Me miraba con los ojos desorbitados por la sorpresa; al parecer no esperaba mi visita. ¿O quizás había llegado en un mal momento y había interrumpido algo?
Me molestó pensar en esto. Él no debía estar con nadie... no podía estarlo. Él era mío, solo mío, y yo no iba a compartirlo con nadie.

—Pasa— me dijo después de un rato, mientras se hacia a un lado para dejarme entrar a su pequeña pero siempre acogedora casa.

Sabia que la compartía con Cecil pero como nunca lo vi en este lugar (se pasaba la mayor parte del tiempo conmigo en la casa de Edna) no lo consideraba propietario del inmueble. Cuando entré, me quedé mirando hacia todos lados tratando de encontrar algún cambio pero no, todo estaba igual a la última vez que estuve aquí. Me gustó esto porque me hacia sentir como si nada hubiese cambiado, que todo seguía siendo igual que antes a pesar de que no era cierto. Ya nada era ni seria igual.

En primer lugar yo ya no era la misma de antes y el cambio, por lo que puedo ver a través de los horrorizados ojos de Luke, no le gustó. Segundo, ya no era una terrana lo cual era una de las cosas que mas lo espantaba. Y tercero, ya no era una persona común y corriente; una hellaveniana mas; una terrana que había llegado para destruir ese mundo, como solía decir Luke. No. Ahora soy la princesa de este oscuro lugar. Su ama y señora, a quien le debe respeto y devoción.

— ¿Qué quieres?—, me preguntó con un tono de voz frío, distante, completamente diferente al tono que antes usaba al hablarme. Este era más o menos parecido al que usaba cuando acababa de llegar y nuestra relación era distante y cargada de miedos y presiones.

Yo quise responder que lo quería a él, pero no me atreví porque supuse que tergiversaría el sentido de mis palabras, ¿Cómo podría decirle que quería ver que estaba bien, que quería tenerlo cerca de mí una vez más y que no soportaba la idea de estar lejos de él, sin que empezáramos a discutir? Yo no quería que eso sucediera. No quería gastar los pocos minutos que podía estar con él en una estúpida discusión son sentido, pero necesitaba que él supiera eso. Pero, ¿Cómo se lo diría?

—Vine a verte… Quería saber de ti. — le dije al fin, sintiéndome inconforme con las palabras que salieron de mi boca.

— ¿Y por qué la princesa de este mundo se interesaría en alguien como yo?

Me molestaron sus palabras y al parecer él se dio cuenta porque retrocedió presa del terror que debió provocarle la expresión de mi rostro. Debía suponer que esto pasaría. Debía suponer que él ya no querría saber nada de mi, que me consideraría un monstruo, un ser despreciable que se alimenta de otros y que no es capaz de querer a nadie mas que a los de su especie. Debí suponer que me vería nuevamente como un bicho raro dentro de su perfecto mundo.

Su reacción me dolió porque pensé que, de todas las personas que me conocían, él seria la única que no reaccionaria así. Porque se supone que lo que había pasado entre nosotros había sido demasiado intenso. Porque se supone que el me conocía mejor que nadie en este mundo. Que tonta fui al creer esto.

Ahora tendría que alejarme de él a pesar de que esto me desgarraba por dentro. Tendría que dejar que él fuese feliz a pesar de que eso me hacia infeliz a mi. Tendría que empezar a comportarme como él esperaba que lo hiciera.

—Tienes razón. ¿Por qué habría de interesarme en alguien tan insignificante y patético como tu, si no eres mas que un simple plebeyo del reino? Mi reino— le dije con el corazón cayéndose a pedazos dentro de mi pecho. Después de esto, me di la vuelta rápidamente para salir del lugar, sin siquiera darme tiempo a analizar la mortificada y adolorida expresión de su rostro.

No quería saber que tanto lo había herido porque eso significaría darme cuenta de que tan grave era el hueco que me había quedado en el pecho.
La Premonición
Título: Sentimientos encontrados
Fandom: La Premonición
Claim: Anne FosterxLuke Brown
Palabras: 364
Advertencias: Ninguna

Luke es un idiota, insensible y lo odio por eso. Lo odio por ignorarme, por despreciarme, por pensar que soy una lacra, un estorbo que vino a arruinarle la vida. Por ser, a pesar de toda su frialdad, el hombre mas cautivador que haya conocido en toda mi vida.

Lo odio por no querer abandonar mis pensamientos. Por estar ahí, atormentándome, mirándome con esos fríos y profundos ojos grises que parecen ver a través de la cosas. Lo odio porque, a pesar de que se que él seria capaz de matarme, no puedo huir de él, ni de su intensa mirada. Lo odio por todo lo que me hace sentir con su sola presencia.

Lo odio tanto pero al mismo tiempo pienso que mis confusos sentimientos en cualquier momento saldrán de la habitación donde reside mi odio hacia él y se encerraran en la de mi amor, para no salir jamás de allí.

Son tantas las cosas que siento por él que me aterra pensar en eso. Me aterra y me provoca un dolor tan grande que me corta la respiración y el habla.
Luke, aunque él no se lo haya propuesto (¿Qué hubiese sido de mi si él se hubiese propuesto conquistarme?), ha calado tan hondo en mi que incluso resulta obvio, dolorosamente obvio.

Todos saben lo que siento, él principalmente, al ser el mas perceptivo de todos, pero aun así no cambia su actitud para conmigo. Es como si quisiera que todo lo que siento por él termine por enloquecerme, o como si quisiera que albergara esperanzas sobre un futuro juntos para al final, bajarme de la nube y llevarme derecho al infierno con un “prefiero la muerte antes de tener algo contigo, terrana”.

El agujero de mi pecho (que se abrió en el mismo instante que vi que aquel joven de ojos azules quería matarme) empieza a dolerme y los ojos se me llenan de lágrimas con solo pensarlo. Si eso llegase a pasar algún día (le ruego a Dios, o al que tenga que rogarle, que eso no suceda nunca) lo mas seguro es que ese sea el día de mi fin. Porque no sobreviviré si Luke me hace eso.
La Premonición
Fandom: La Premonición
Claim: Anne/Adrian, Anne/Luke
Tabla: Muse
Tema: #2 - Falling Down
Título: Cayendo
Palabras: 964
Notas: Forma parte de la Tabla Muse de la comunidad "menteoriginal".


Anne empezó a caer en el mismo instante en que sus ojos hicieron contacto con los de Luke. Fue como una maldición. Un castigo por haber cometido un grave error que ella no recordaba haber cometido. Aun así estaba segura de haber hecho algo malo porque si no, no habría razón alguna para que la castigaran. Para que la hicieran sufrir de aquella manera.

Anne también sabia que nadie iba a salvarla de esa caída. Solo una persona era capaz de hacerlo pero la odiaba con tal intensidad que le dolía. Así que ella solo estaba esperando que todo ese asunto de caer, de ser empujada por el aire y atraída por la gravedad hacia los duros y fríos brazos de la tierra terminara pronto. Realmente lo deseaba.

Porque una persona con el corazón tan destrozado como ella lo tenia, no debía, o mas bien, no podía permanecer de pie. Tenia que caer, punto.
Y ella lo hizo esa noche.

Por fin, después de sentir como la velocidad de su caída se volvía más lenta, y después de quedar suspendida en el aire algunas veces, sintió el duro golpe de la tierra en su espalda. Y también sintió sus brazos —los de la tierra— envolviéndola para no dejarla escapar.

Luke estaba en el pasillo que llevaba a su habitación —a la de ella, porque él no vivía allí. Es mas, ella no comprendía qué hacía él allí—, ataviado con sus ropas negras, con su exagerada belleza resplandeciendo como las estrellas en el cielo… besándose con Camille. Con su mejor amiga —después de Edna, por supuesto—.
“Genial”, fue lo que pensó Anne. “Este era el golpe que necesitaba. El hombre que amo me odia a muerte y está enamorado de mi mejor amiga. Esto es simplemente genial”.

No lloró, solo disfrutó la sensación que le provocó el golpe. Solo los miró como si nada estuviera pasando y solo caminó por el pasillo, pasando por su lado y cuidando de no chocar con él, mostrando una calma que en realidad no sentía.

Salió de la Casa Amarilla con la misma actitud y se dirigió al bosque. Mientras caminaba, se quitó la tunica blanca que llevaba y la dejó caer al suelo. También se quitó la cadenita plateada que le había regalado Cecil y que servia para ocultar su condición de terrana y la lanzó lejos, para no encontrarla en caso de que se acobardara de lo que iba a hacer.

Escuchó el ruido de pisadas detrás de ella y se dio la vuelta para recibir a quien se acercaba. Sabía quien era. Y también sabía la razón por la que estaba allí: quería ser él quien le diera el golpe final. Más bien, en este caso, el que la lanzara a los brazos de la muerte. Y también sabía que lo iba a disfrutar. Ambos iban a hacerlo.

—Anne— le dijo con calma, como si ella estuviese armada y le apuntara la cabeza a un rehén con el arma. Esto, en otro momento, la hubiese sorprendido. Luke nunca se mostró tan calmado delante de ella. Más bien era un poco agresivo. Pero de todas formas, no le dio mucha importancia a este hecho. Los malos siempre se disfrazan de buenos para capturar a sus presas. — ¿Qué se supone que estas haciendo?

Ella le sonrío.

—Caer.

—Anne, ¿Dónde está el collar?

Le preguntó, notablemente asustado y alarmado. El frío —y aparentemente sin emociones— Luke tenía miedo. A ella eso le gustó.

—No lo se.

Para esos momentos, su voz había tomado un alarmante tono desquiciado. Pero su sonrisa no desaparecía de su rostro. Tampoco cambiaba.

—Anne…

—Yo te quiero, Luke— le dijo, impasible. Como si su amor no significara nada. Como si amarlo a él no significara nada. —Te quiero como nunca he querido a nadie, pero tú nunca te diste cuenta.

Su voz salió trémula, fruto del incesante llanto que ella trataba de contener.

—Así que le estoy poniendo fin a este sentimiento. A mi no me hace bien quererte, y tu tampoco quieres que lo haga. Así que no vale la pena que siga aquí— se apuntó el pecho con el índice derecho.

—Anne… por favor, no hagas esto.

Ella miró hacia atrás, y la falsa sonrisa que adornaba su rostro desapareció.

—Demasiado tarde. Ya encontré lo que estaba buscando. Ya encontré el remedio de este mal.

Y salió corriendo rumbo a la persona que había llegado. Luke la siguió pero no se acercó demasiado. Sabía lo que iba a pasar y sabía de antemano quien había sido la persona que había llegado.

Como un cobarde, y sintiéndose el ser mas miserable del mundo por lo que estaba haciendo —o mas bien por lo que no estaba haciendo—, se escondió detrás de un árbol y solo miró como el recién llegado acorralaba a Anne entre un árbol y su cuerpo y como la besaba. Creyó ver que Anne miraba hacia donde él estaba pero llegó a la conclusión de que lo había imaginado. Sería mejor para él si pensaba eso.

Cuando Anne empezó a retorcerse de dolor entre los brazos del encapuchado, él apartó la vista, sabiendo que no iba a soportar ver como la vida le era robada a través de ese beso. Al final huyó. Se desapareció del bosque y se apareció en su casa con solo pensarlo. Se derrumbó inmediatamente sintió el suelo bajo sus pies.

Él había podido salvarla y no lo había hecho. Sus miedos y sus prejuicios habían sido más importantes —y más grandes— que su amor por ella. Y por eso estaba sufriendo. Por ese acto de cobardía tendría que sufrir los cientos de años que le quedaran de vida. Porque el recuerdo de Anne, él estaba seguro, de que lo acompañaría hasta la tumba.