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La Premonición
Titulo: Jardín a la luz de la luna.
Fandom: La Premonición (original)
Claim: AnnexLuke
Palabras: 1655



La reunión había acabado hacia unos pocos minutos pero ella no se había movido del sofá en el que se había sentado. Seguía abanicándose con el pequeño y bellamente decorado abanico de mano que la Reina le había regalado, con la mirada fija en el horizonte. Pensando seriamente en cosas que no deberían estar ocupando su mente.

No debió haber regresado a ese castillo. No debió de hacerle caso a la sugerencia de su cuñada de que tenía que asistir a la reunión, de que era una buena idea y de que era necesario que saliera de casa. Sí, era cierto, en el castillo donde vivía se pasaba los días encerrada y cuando salía, lo hacía sólo para hacerle una breve visita a Edna, Cecil y Nadhia. Nada más. Nada de paseos por el Hellaven, nada de visitas a otras damas importantes, nada de dejarse ver en público para deleite de los hellavenianos.

Y nadie entendía porqué tanto encierro. Nadie podía entender sus pocas ganas de ver el mundo que había ayudado a mejorar. Pero, de todas formas, no le decían nada y la dejaban vivir tranquila, rodeada de sus queridos libros.

Pero la noche en la que el asunto de la reunión fue mencionado, Ariadnna había insistido tanto en que tenia que salir de esas cuatro paredes que no pudo evitar decirle que sí, a pesar de que se había prometido no volver a poner un pie en ese castillo durante mucho tiempo. Después de lo que había pasado (o estuvo a punto de pasar) la última vez, no le habían vuelto a dar ganas de hacerle una visita a su amigo. El suceso, a pesar de que había pasado ya mucho tiempo, era reciente para ella.

Anne aun podía sentir todas y cada una de las sensaciones que se apoderaron de su cuerpo cuando había visto los ojos de Luke. Cuando había tocado y besado la suave piel de su estomago para curarlo… Se abanicó con más ánimo. Que Dios la ayudase. Ella era una mujer casada y no podía estar pensando ni deseando esas cosas.

Algo aturdida por el rumbo que habían tomado sus pensamientos, se puso de pie y se dirigió a la salida del salón de reuniones. Era de noche pero aun era temprano, por lo que decidió dar un paseo por el jardín.

El jardín del Castillo del Este era realmente hermoso, con sus altos flamboyanes que cubrían el verde pasto con sus rojizas hojas. Su sinfín de coloridas y variadas flores y los pequeños y laberínticos diseños que los jardineros se esforzaban en crear con las plantas mas bajas; al final, todos los caminos terminaban en el mismo lugar: el pequeño lago que había en el centro. De día, era un deleite para la vista el poder apreciarlo. De noche, bajo la brillante y plateada luz de la luna, era un lugar realmente mágico.

Anne lo había visto muchas veces antes, pero aún así no se cansaba de pasear entre los árboles, de tumbarse sobre la hierba y disfrutar de la vista y del delicioso aroma que inundaba el aire. Realmente le gustaba ese castillo. Y lo peor era que anhelaba poder vivir en él.

Caminó por el pequeño sendero bordeado por coloridas flores rumbo a la zona en la que estaban los bancos de piedra. Estaba en una zona alejada de la casa, pero no le importaba. Quería algo de privacidad. Quería estar lejos de las curiosas miradas que le daban los demás. Necesitaba ese momento de paz para poner sus ideas y sentimientos en orden antes de volver a estar cerca de su esposo.

Inmediatamente llegó se descalzó y dejó las zapatillas y el abanico sobre uno de los bancos y puso a caminar sobre el mullido césped. El viento acariciaba su piel y agitaba su largo cabello rojo y la suave tela de su vestido blanco. Se sentía como una caricia, calida, deseada, agradable…

—Anne.

Escuchó que la llamaban y no tuvo que darse la vuelta para saber quien era. Podía estar en medio de un gentío y aun así reconocería su voz. Su corazón se aceleró, como era de esperarse. Él causaba ese efecto en ella con sólo decir su nombre, con sólo dirigirle una tímida mirada.

Anne se dio la vuelta y lo vio acercarse a ella, vestido completamente de negro, confundiéndose con las sombras de los árboles que estaban detrás de él pero reluciendo con aquella extraña luz que parecía emanar de él. Era tan hermoso. Era como un ángel.

—Hola— lo saludó tímidamente.

— ¿Qué haces aquí tan tarde?

—Se me antojó dar un paseo por tu jardín. Realmente adoro este lugar.

—Si, yo también lo hago. — Se acercó hasta que quedó a su lado— Es hermoso y parece como si toda la magia de este lugar saliera de él.

Él no la miraba, estaba demasiado concentrado en admirar la belleza del jardín. Ella, en cambio, estaba concentrada en su perfil, en los reflejos que la luz de la luna producía en su cabello dorado.

De repente, él dejó de mirar el paisaje y centró sus clarísimos ojos grises en ella.

— ¿Por qué te fuiste de esa forma la otra vez, Anne?— algo en su tono de voz le dijo a Anne que estaba realmente dolido por ese hecho. Y a ella no le gustaba la idea de hacerlo sufrir, no podía soportar siquiera pensarlo.

—Tenía que hacerlo. Era… lo correcto. — ella no reconoció la voz que salió de sus labios.

—Pero, ¿por qué?

Oh, era tan inocente. Cualquier otra persona hubiese sido capaz de comprender perfectamente el motivo de su huida. Pero Luke, cuando se trataba de cosas relacionadas con él, podía ser muy ingenuo. Él no era conciente de los estragos que provocaba en todas las mujeres que lo rodeaban. No era conciente en lo difícil que se le hacia a Anne estar separada de él, el no poder tocarlo. Dios, si lo supiera, no estuviera preguntando esas cosas.

— ¿Por qué, Anne? — volvió a preguntar, pero esta vez le acarició el rostro suavemente con la mano derecha.

A Anne se le olvidó que tenía que seguir respirando. Se le olvidó que no podía permitir que él hiciera eso, que no podía estar tan cerca de él. Todo su cuerpo ardió gracias a su toque. Todo su cuerpo ardió de deseo porque sus manos abandonaran su rostro y recorrieran cada una de sus curvas. Porque sus labios dejaran de hacer tontas preguntas y se posaran sobre sus ansiosos labios.

Lo agarró por el cuello de la chaqueta con fuerza y lo atrajo hacia su cuerpo, rodeándole el cuello con los brazos. Él se sorprendió por el gesto pero no hizo nada para impedirlo. Al contrario. Rodeó el cuerpo de Anne con sus brazos, pegándola al suyo. Anne suspiró, encantada. Hacia tanto tiempo que había deseado hacer eso.

—Eres una mujer peligrosa, Anne.

Ella levantó el rostro para poder mirarlo a los ojos.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque eres la única persona capaz de hacerme flaquear. La única que es capaz de hacerme romper las reglas.

Ella sonrió, realmente encantada y complacida. Saber que tenía ese poder sobre él era gratificante. Lastima que no pudiese hacer uso de el.

— ¿Romperías cualquier regla por mi, Luke?— su pregunta pudo haber sido tomada como algo inocente, sólo como una pregunta. Y Luke era lo suficientemente ingenuo como para no darse cuenta de las segundas intenciones que se escurrieron junto a sus palabras.

—Sí— le aseguró.

Ella no necesitó escuchar nada más. Lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo con toda esa desaforada y caliente pasión que la consumía. Él le correspondió, como era de esperarse. Como Luke había dicho, era débil en los brazos de Anne, era como un juguete a merced de un niño. Y no le molestaba. Para nada.

Anne se olvidó de las reglas, de sus deberes como futura reina, de su sufrimiento pero, sobre todo, se olvidó de su esposo. Estaba cansada de reprimirse las ganas de hacer lo que deseaba, de ser una esposa abnegada, de estar separada de sus seres queridos. Y quizás por eso se dejó llevar y besó a Luke. Quizás por eso estaba siéndole infiel a su esposo (¿acaso no le era infiel con el pensamiento desde hace tiempo?).

Se pegó mas a él, estrechándolo entre sus brazos. No quería separarse de él nunca más pero sabía que, por más que lo deseara, ese deseo no iba a hacerse realidad. Luke no era para ella, punto, y tenía que resignarse ante ese hecho.

Cuando el beso terminó, ella escondió el rostro en su pecho ya que no quería que viese la triste expresión de su rostro y las lágrimas que inundaban sus ojos. No quería que él se diese cuenta de que sufría por él. No quería que supiese que lo que sentía era más que simple atracción física.

—Lo-lo siento… no debí hacer eso— le dijo, cuando estuvo mas tranquila. — Ya no puedo darme el lujo de andar haciendo este tipo de cosas, ¿verdad? Ahora soy una mujer felizmente casada.

Levantó el rostro para mirarlo a los ojos y la seriedad que vio en su rostro le dolió. Se separó de él con lentitud, sintiéndose débil de pronto y caminó hacia el banco donde había dejado sus cosas. Se sentó, se puso sus zapatillas, tomó el abanico y se encaminó hacia el castillo; todo eso sin siquiera dirigirle una mirada.

Ni siquiera se despidió de él. Nunca había podido decirle adiós en el pasado, ¿cómo iba a poder hacer eso ahora? Sólo se limitó a caminar, a poner cientos de pasos de distancia entre ellos. Sólo se concentró en no llorar y en poner una expresión serena para cuando llegara al castillo y se encontrara con los demás.

Sólo se limito a pensar en que, sí Luke la odiase y no correspondiese a sus gestos, todo sería más fácil.
La Premonición

Titulo: Las palabras se las lleva el viento.
Fandom: La Premonición (Original)
Claim: AnnexLuke
Palabras: 1000 palabras (según el contador de Word)
Notas: participa en el reto 73 de la comunidad Writer’s Canvas. Grupo: Pastel.
Nota 2: sólo una cosa: no estoy inspirada. Ese one-shot salió casi a la fuerza y la verdad es que no estoy conforme con el resultado. Cuando mis musas regresen de su escapada a la playa, escribiré algo medianamente bueno.



Las manos de ella enredadas en su pelo, sus cuerpos unidos, sus labios danzando al ritmo de una silenciosa canción, una canción que sólo ellos dos podían escuchar. Sus corazones latiendo al unísono, al compás de sus sentimientos por el otro.

Las manos de ella abandonaron su cabello para posarse una en su rostro y la otra en su pecho. Las de él seguían aferradas a su cintura, como si temiese caerse si la soltase; como si temiese que ella fuese a alejarse de él. Pero los suspiros de placer que se escapan de los labios de ella eran un claro indicio de que ella tampoco quería separarse, de que no había nada en el mundo que quiera hacer más que besarlo, más que estar junto a él.

Él la escuchó murmurar un te quiero cuando sus labios se separaron para tomar aire, justo cuando sus miradas se encontraron. Por un segundo se sintió realmente complacido, feliz. Como si todas las cosas buenas que había hecho por ese mundo hubiesen rendido frutos y él estuviese cosechándolos. Pero después le llegó la duda, del tipo que te carcome hasta los huesos, que te desvela, que te deja un vacío en el pecho: ¿ella en verdad lo quería?

Él lo dudaba. ¿Cómo alguien podía quererlo cuando sus padres no lo habían querido, cuando lo habían abandonado a su suerte siendo sólo un recién nacido? Ella no lo conocía en verdad. A penas habían intercambiado unas cuantas palabras en todo el tiempo que llevaban conociéndose (¿se conocían en realidad?). ¿Cómo podía ella quererlo? ¿Cómo podía hacerlo cuando sabía que él era capaz de matarla para salvar a otros?

No, ella no lo quería en verdad. Ella sólo estaba confundida. Se sentía sola, necesitada de cariño, y como se habían besado, había pensando que diciéndole eso iba a conseguir que él siguiese haciéndolo. Sí, eso era lo que pasaba.

Pero, por más que se decía eso, no lograba convencerse. Ella seguía teniendo sus brazos rodeando su cuello, con una de sus manos jugando cariñosamente con su alborotado cabello rubio. Sus cuerpos seguían juntos, muy juntos, tanto que él podía jurar que escuchaba los acelerados latidos de su corazón. Sus labios estaban entreabiertos, como si estuviese esperando que él volviese a besarla. Su respiración estaba agitada, sus mejillas sonrosadas. Y sus ojos reflejaban claramente lo que sentía (¿acaso era amor lo que veía en esa brillante mirada azul?).


— ¿Por qué tienes esa cara?—le preguntó ella, acariciando su rostro con delicadeza, sin dejar de mirarlo. — ¿Qué te preocupa?

Él no le dijo nada. Y no lo hizo porque no quisiese responderle, sino porque no sabía que decirle. No sabía qué era lo que le preocupaba. Él la quería, prácticamente la había querido desde el primer momento en el que la había visto. Entonces, ¿por qué no se lo decía? ¿Por qué tenía miedo? Pero lo mas importante, ¿a qué le tenia miedo?

—No te preocupes, Luke. Es sólo amor. No es el fin del mundo.

Ella dejó de rodearle el cuello y dio un paso hacia atrás, poniendo algo de distancia entre ellos. Él, al instante, se percató de lo frío que estaba el lugar. De lo oscuro, descuidado y tenebroso que era. Cuando la había estado besando había sentido que todo a su alrededor era calido, puro. Hermoso y brillante. Había sentido que estaba en el paraíso. Pero ahora todo era tan diferente, tan vacío. Tan carente de sentido o emoción.

Ella estiró la mano, como si fuese a acariciarle el rostro otra vez, pero se detuvo a mitad de camino. En cambio, se abrazó fuertemente a sí misma, como si tuviese frío.

—No tienes que decir nada, Luke. Tú no tienes la culpa de esto. Tu no…

Hizo una pausa en la que miró hacia otro lado. Pero él ya había visto la pena en sus ojos. Ya no había amor, ni felicidad en ellos. Sólo había pena, profunda y oscura pena.
Y es que él, con su silencio, con su vacilación, había destruido la más pequeña esperanza que ella hubiese tenido. Porque para ella, ese beso había significado todo.

Era una pequeña luz en ese callejón a oscuras en el que se había convertido su vida. Era su boleto de ida y nunca vuelta hacia un lugar mejor, más brillante, lleno color y luz. Era lo único que la iba a salvar de una existencia amarga y vacía. Pero ya no importaba. Nunca había importado porque, para él, ese beso no había significado nada. Y sus palabras de amor habían sido arrastradas por el frío viento, totalmente ignoradas por él.

Se sentía realmente mal, pero él no tenia la culpa. Él no la quería, él no sentía lo mismo por ella. Ese no era el fin del mundo. Pero sí era el fin de su mundo.

Ella se dio la vuelta, sin que le importase el hecho de que había dejado inconclusa la frase, y se dirigió hacia la salida de esa vieja habitación. Necesitaba poner muchos metros (si fuese posible, kilómetros) de distancia entre ella y Luke. Necesitaba estar en un lugar en el que no pudiese verlo, en el que no tuviese oportunidad de saber nada de él.

Y sólo había un lugar en el que podía lograr eso.

Luke no hizo ni dijo nada cuando la vio salir. ¿Qué podía hacer, de todas formas? Ellos no podían estar juntos, por más que él la quisiese, por más que él lo quisiese. Él tenía un deber que cumplir, y ese deber se interpondría en su relación una y otra vez.

Además, él no sabía nada sobre el amor. Él sólo sabía sobre este que le dolía el pecho cuando no tenia a Anne cerca y que el saber que la había lanzado a los brazos de otro hombre era algo que jamás iba a perdonarse y que lo atormentaría el resto de su existencia.

“No te preocupes, es sólo amor”. Sí, claro. Como si eso hiciese que le doliese menos.
La Premonición
Titulo: Realidad imaginaria
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición (Original)
Palabras: 1166 palabras.
Notas: Posibles spoilers, pero conmigo y mis musas nunca se sabe. Si encuentran algun error, me gustaria que me lo informaran para poder corregirlo. Otra cosa, en vista de que hay gente que comenta mis drabbles de “La Premonición” y me dice “No conosco el fandom…” he decidido ponerle la palabra “Original” al lado para que lo sepan. Y prometo el profile de Luke pronto. Es, de todos los personajes, el unico que tiene el suyo listo *_*. Bien, no mas chachara. Solo lean y sean felices ^^.


Anne caminaba por las abarrotadas calles de la ciudad ajena a las incidiosas miradas que le lanzaban los transeuntes al verla pasar; ya estaba costumbrada a ser el centro de atención y de curiosidad entre la gente. Estaba acostumbrada a los ojos que escrutaban su rostro pecoso, a las frases de desconcierto cuando veian su cabello exageradamente rojo o sus azulisimos ojos. Y, ultimamente, tambien había tenido que acostumbrarse a los gestos y expresiones de las personas cuando veian como andaba vestida.

Antes le habría dado mucha importancia al hecho de que la gente la señalaba disimuladamente al verla. Ahora no le importaba en lo mas minimo. No le provocaba el mismo desasociego que antes, mucho menos las mismas ganas de salir corriendo y esconderse entre los calidos brazos de su madre.

Anne levantó la cabeza y miró el cielo; estaba nublado, plagado de nubes que prometian unas largas e intensas horas de lluvia. Siguió caminando, haciendo caso omiso a las palabras obsenas que le decian los hombres al pasar sobre lo diminuta que era su falda.

Para ella a su alrededor no había mas ruido que el sonido que producian los tacones de sus botines sobre la acera. Para ella no había a su alrededor mas que los cientos de personas que tenían la misma apariencia de Luke.

Estaba alucinando, lo sabía, pero no podía evitar verlo, tan hermoso y mortifero como en sus sueños, en las caras de las personas a su alrededor. Y había sido así desde aquella noche en la que había creido verlo en el bosque, en la que había creido sentirlo. Pero sólo habia sido el viento. Sólo había sido otro de sus desvarios de chica loca.

Luke no existia. Luke formaba parte de sus mas locas fantasías. Luke no era real, y por mas que ella lo desease, eso no iba a cambiar. Tenía que meterselo en la cabeza y asimilarlo de una buena vez.

Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, alertando a los transeuntes los cuales, precavidos, habían salido de sus casas con sus paraguas en las manos. Anne ignoró las frías gotas de lluvia que caian en su pelo y rostro. Ignoró la advertencia de una anciana vendedora de flores de que se pusiera a cubierto. Sólo caminaba, con los truenos y relampagos acompañando el sonido de sus pasos.

La vida para ella, desde que había despertado hacía unas pocas semanas en la cama de ese horrible hospital, era una sucesion de sin sabores y decepciones. Una tras otra, las cosas que había creido que eran ciertas, se habían desmoronado haciendose añicos al deslizarse de entre sus dedos, dejandola vacía. Dejandola tumbada en el suelo, con el cuerpo lleno de sangre. Sangre que salía a borbotones de las profundas heridas provocadas por su dolor al descubrir que todo lo había soñado.

Al descubrir que la más maravillosa experiencia que hubiese vivido en su vida no era mas que el producto de los fármacos que le dieron en el hospital mientras estuvi inconciente. Había querido gritar que todo era mentira, que estaban equivocados y que el Hellaven era tan real como el dolor que sentía en el pecho, pero sabía que no la iban a escuchar. Nadie iba a creerle ya que sus razones carecian de fundamentos. Ellos tenían razon y ella era la que estaba equivocada. Ellos estaban bien y ella era la que estaba loca.

Anne no había querido creer que eso era cierto, pero despues de lo que habia pasado en el bosque, empezaba a dudar de sí misma y de su cordura.

Mientras ella meditaba, la lluvia había empezaado a caer, rápida, feroz, empapandola a los pocos minutos. Las calles ahora estaban desiertas y el cielo se había oscurecido aún más dandole un toque más dramático y tétrico a la escena. Deprimente, triste, como ella.

“Sí sólo pudiese dejar de verlo. Si sólo pudiese sacarlo de mi mente…”

Pensaba y deseaba fervorosamente, mientras se quitaba el flequillo de los ojos. Gruesas lágrimas corrian ahora libres por sus mejillas, confundiendose con las gotas de lluvia que le salpicaban el rostro. Sus sollozos, al principio, habían sido bajos, disimulados; ahora su llanto era apremiante, sofocante y no podía contenerse. No podia detenerse. Tenía que llorar, tenía que sacarse todo ese dolor del pecho. Quizas, de esa forma, lograría recuperar un poco de la cordura que había perdido.

Ajena como estaba a todo lo que acontecía a su alededor, no se fijó en el hombre que tenía en frente y, debido a este despiste, chocó con su espalda, cayendo de bruces al suelo. Ella levantó el rostro, confundida, al mismo tiempo que el hombre se daba la vuelta paa ver qué o quién lo habia golpeado.

Anne, ni siquiera se inmutó al ver su hermoso rostro; hacía tiempo que había visto los rasgos de Luke en cada persona que tenía cerca, pero estos desaparecian a los pocos segundos transformandose en la verdadera apariencia de la persona, dejandola a ella con un enorme vacío en el pecho como resultado.

Pero eso no ocurrió esta vez. El hombre que le tendía amablemente la mano para ayudarla a ponerse de pie, la miraba con los mismos ojos grises de Luke. Su rostro seguía siendo perfectamente hermoso y su largo cabello rubio dorado se habia pegado a su frente y cuello debido a la lluvia, tal cual lo había hecho la última vez que lo había visto. Era Luke, en toda su real y magnífica gloria y ella no sabía que hacer, decir o pensar al respecto. ¿Había terminado de enloquecer?

Cansada de estar sentada en el frío suelo, y sabiendo que sus piernas no tendrían la suficiente fuerza para soportar su peso, extendió su mano derecha y tomó la de “Luke” para que la ayudase a ponerse de pie. Él hombre dio un tiron tan fuerte que la joven quedó pegada a su calido cuerpo en el mismo instante en el que estuvo de pie.

Anne se sintió mareada y extrañamente feliz entre los brazos del hombre que rodeaba su cuerpo ahí, en medio de la calle y bajo esa torrencial lluvia. El calor de su cuerpo se filtró por sus ropas y llegó hasta ella, reconfortandola, provocandole unas increibles e intensas ganas de llorar.

Así se sentía el ser abrazada por Luke. Bueno, eso le decía su subconciente.

Aunque sabía que no era posible que este hombre fuese su Luke, no podía evitar sentirse a gusto con él, como si lo conociese de toda la vida. No podia evitar desear besar esos hermosos labios…

El hombre llevó una de sus manos al corto cabello de Anne para enredar los dedos en las cortas y humedas hebras. Luego bajó la cabeza y le dio un casto y calido beso en la coronilla. Con los labios aún cerca de su cabello, le dijo las cinco palabras que serían capaces de salvarla de la locura que la acosaba. O quizas, las que terminarian por enloquecerla.

—Por fin te encuentro, Anne.
La Premonición
Titulo: La Venganza es Dulce
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Prompt: Beso Exigente— pertenece a la tabla Tipos de besos de la Tabla Amor del foro Retos Ilustrados. xDD 8)
Palabras: 1757 palabras
Notas: Es la continuación de el one-shot homónimo. Está dedicado a mi amadísima nee-san Lukia, ya que estaba peleando conmigo por haber dejado el otro one-shot en una parte muy interesante. Nee-san, te quiero *la estruja* Espero que te guste.

***

Estaba a salvo. No podía creerlo. Luke, después de todo, había optado por dejarla en paz. No había tocado la puerta (ella dudaba mucho de que él, cuando estaba enojado, fuese de los que tocaban la puerta. Mas bien, se lo imaginaba como de los que la tiraban de una patada), no había gritado ni lanzado maldiciones al viento en su nombre. Mucho menos había utilizado sus poderes para tratar de hacerle daño.

¿Debería sentirse aliviada porque aún estaba viva e ilesa, o mal porque el beso, ese perfecto y maravilloso beso que habían compartido había significado tan poco para él que ni siquiera tenía intenciones de vengarse?

Esa era, realmente, la pregunta del siglo.

—“Deja de pensar en tonterías”— le dijo esa vocecita en su cabeza que ya le resultaba tan familiar— “Si para él ese beso significó o no significó nada, no debe importarte. A ti lo único que debería quitarte el sueño es si tu vida está corriendo peligro”.

Eso era mas fácil decirlo que hacerlo. Y Anne ya estaba cansada de decir que Luke no le inspiraba más que miedo; siempre que lo decía pasaba algo que le hacia darse cuenta de lo gran mentirosa que era.

Para muestra, un botón: el beso que le había dado a Luke hacia un rato. ¡Prácticamente lo había devorado! Y no es que se estuviese quejando ni mucho menos. Sólo quería que ese tipo de situaciones no ocurriesen porque, de una extraña manera, la hacía albergar esperanzas. Pero, sobre todo, la hacía quererlo cada vez un poco más.

Y ella no quería querer a Luke. No podía. Ella tenía una familia, unos amigos, un novio, una vida, del otro lado de la puerta. Ella no podía quedarse en ese mundo porque era como carnada para tiburones. Era, como bien había dicho Luke, una amenaza. Y ella lo que menos quería era cargar en la conciencia con el peso de la destrucción de un mundo. No gracias, eso no lo quería.

Dejando a un lado sus cavilaciones, se puso de pie y empezó a quitarse la ropa mientras se dirigía al baño. Por suerte, todas las habitaciones de esa casa tenían el baño integrado por lo que no corría el riesgo de encontrarse a Luke en el pasillo. Claro está, si este aún permanecía en la casa.

Y pensar en él no fue una buena idea. Si él solo recuerdo de su rostro, sus gestos (los que no estaban dedicados a ella, por supuesto), su forma de caminar y de moverse, su voz, provocaban estragos en su cuerpo, el recordar el beso fundió todo dentro de ella y la hizo sentir caliente y necesitada.

La sensación de sus cuerpos juntos, de sus labios danzando en un erótico baile que sólo ellos dos conocían, la sensación de su cabello entre sus dedos o de sus manos aferradas a su cadera, era demasiado para ella.

Y no pudo evitar desear tenerlo cerca para poder besarlo otra vez. Para sentir el calor de su cuerpo. Para escucharlo suspirar de placer cuando sus lenguas se encontraran…

Abrió la llave del agua fría y se metió en la bañera dispuesta a estar ahí hasta que todo el calor que le había provocado el encuentro con Luke se extinguiera. Incluso, se había puesto a pensar en sus clases de la universidad y en lo difícil que le resultaría ponerse al día, para acelerar el proceso de “relajación”. Eso, definitivamente, ayudó a calmarla.

Cuando estuvo lista, vestida y con los pies dentro de las calidas pantuflas, salió de la habitación rumbo a la cocina. Caminaba sigilosa por los pasillos, pegada a la pared (pensaba esconderse de Luke entrando en la primera habitación que encontrase vacía), deteniéndose algunas veces para cerciorarse de que él no andaba cerca.

Cuando llegó a su destino, metió sólo la cabeza y escudriñó el lugar. Nada, estaba despejado. Con un suspiro de alivio, entró a la cocina y se dispuso rápidamente a hacer un té.

Las luces se apagaron de pronto, dejando la cocina en completa oscuridad. Ni siquiera la luz de la luna, que se filtraba por la única ventana del lugar, lograba atravesar esa completa y fría oscuridad.

Jadeó, asustada, y aferró sus manos al borde de la encimera de la cual logró recostarse. Tanteó la superficie en busca de los fósforos que había visto cuando entró, y cuando logró encender uno tuvo que reprimir las ganas de gritar al no ver la llama del fósforo. Y estaba encendido porque ella sentía el calor en los dedos, pero no se veía nada. Decepcionada, sopló para apagarlo.

Este hecho le hizo darse cuenta de que esa repentina oscuridad no se debía a una bombilla rota o a algún problema con el generador. Esa oscuridad era producto de la magia. Alguien quería asustarla y ella le rogaba a todos los santos que fuese Luke porque si no, significaba que había alguien más en la casa y era seguro de que había ido por ella. Si no, no se hubiese tomado la molesta de dejar la casa a oscuras.

De pronto, un ruido la sacó de sus cavilaciones: el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse. Después no se escuchó nada más; ni pasos, ni voces. Todo seguía estando silencioso, frío y oscuro.

Anne se detuvo un momento y se puso a recrear la cocina en su mente. Ella estaba recostada de la encimera, la cual estaba pegada a la pared izquierda (si la veías desde la puerta). En el centro de la estancia estaba una pequeña mesa redonda con cuatro sillas alrededor.

Caminó en dirección a la puerta guiándose por el borde de la encimera. Si seguía recto por ese camino, podría llegar a la salida sin hacer el menor ruido. Y quizás, si tenía mucha suerte, lograría escapar y ponerse a salvo.

Solo había dado unos cuantos pasos cuando chocó con una de las sillas, lo que hizo que esta produjera un fuerte chirrido mientras se deslizaba por el pulido suelo. Ahogó una maldición y siguió con su tarea. Tenía que salir de ahí y encerrarse en su habitación urgentemente. Por lo menos, hasta que Edna llegase y le pusiese orden a todo ese caos.

Pero no logró. Alguien la había tomado por el antebrazo izquierdo impidiéndole continuar. Y ella no necesitó luz o que su captor dijese una sola palabra para saber quien era. Jamás en la vida olvidaría las sensaciones que provocaban sus calidas manos sobre su piel.

Anna no dijo ni hizo nada porque sabía que no podía evitar lo que iba a pasar. Ella había tocado las puertas del infierno, ahora le tocaba encontrarse con el diablo.

— ¿Qué va…?— iba a preguntarle qué iba a hacerle pero él se lo impidió empujándola hacia la repisa, haciendo que jadeara al sentir el golpe en la parte mas baja de la espalda.

Su corazón se aceleró. “Oh, Dios mío, va a matarme. Va a matarme”, pensó, y sus ojos se llenaron de lágrimas. El terror comenzó a crecer dentro de ella haciéndola jadear, haciendo que su respiración se agitase.

Sintió el agarre de su mano calentarse, alentando a que el pánico corriese libre por su cuerpo. Iba a morir calcinada. Su muerte a manos de ese ángel demoniaco iba a ser lenta y muy dolorosa.

Él la agarró por el pelo y tiró hacia atrás (no bruscamente) para alzarle el rostro y exponer su cuello. Anne pudo imaginar la expresión de su rostro. Podía verla claramente; sus severos y fríos ojos grises fijos en ella. Su sonrisa maliciosa… su rubio y alborotado cabello enmarcando su perfecto y dolorosamente hermoso rostro.

¡Dios, como le gustaba ese hombre! ¡Cómo deseaba volver a besarlo!

Pero no iba a hacerlo. No iba a darle a él ventajas sobre ella. No iba a demostrarle que, a pesar de todo, ella sentía cosas (quizás demasiadas) por él.

Queriendo fingir que no sentía miedo, le preguntó:

— ¿Piensa hacer algo o pretende que nos quedemos aquí, así, toda la noche?

Él no le respondió. Por lo menos no con palabras. Asió más fuerte el agarre que ejercía sobre su brazo, la agarró por la nuca con la mano libre y la atrajo hacia sí para besarla. Ella jadeó, y él aprovechó esta oportunidad para adentrarse en su boca. Para atormentar a su lengua con la de él.

Con ayuda de Luke, Anne logró sentarse sobre la encimera, con las piernas abiertas para que él se acomodara entre ellas. Sus brazos, inmediatamente se vio libre del agarre de Luke, terminaron rodeando su cuello, atrayéndolo más hacia ella, acortando cada vez más la distancia entre sus cuerpos.

Luke se separó y ella volvió a atraerlo hacia sí, para seguir saboreando sus labios, para seguir caldeando su cuerpo. La mano izquierda de él se coló un poco por debajo del sweater y ella gimió al sentir sus dedos deslizándose por su piel. Se movió hacia delante y rodeó el cuerpo de Luke con las piernas. Esta vez fue él el que jadeó y ella se sintió complacida con esto.

El beso se tornó más fiero, más desesperado y necesitado. Ya la ropa empezaba a molestarle, ya sus manos deseaban hacer algo más que agarrarlo por el rostro. Ya su piel deseaba ser tocada, besada, mordida.

Deseaba a este hombre arriba, abajo, sobre, dentro, de todas las formas posibles. Y era un deseo demasiado fuerte e intenso. Salvaje. Algo que ni el beso más pasional podría satisfacer.

Luke se alejó de ella y Anne trató de volver a atraerlo a sus brazos. Pero él no se lo permitió. Ella no pudo impedir que un quejido saliese de sus labios. Y se lamentó en el acto. Había hecho lo que había evitado hacer: se había mostrado necesitada. Le había demostrado que no era inmune ni a sus besos ni a sus caricias. Que lo deseaba. Casi pudo escuchar su risa burlona y sus palabras despectivas.

—Eso fue para que te des cuenta, terrana, de quien tiene el poder aquí.

Su voz estaba calmada, aunque cargada de puro y cortante odio. ¿Cómo una persona que la odiaba tanto podía besarla con tal intensidad? ¿Cómo alguien tan frío y despiadado podía hacerla sentir tan bien, hacerla sentir tan calida y deseada? Para esas preguntas no tenía respuestas, aunque se moría de ganas por tenerlas.

Y así, sin decir una palabra más, Luke salió de la cocina, dejando a una débil, llorosa y desolada Anne sobre la encimera. Y, por arte de magia, la luz regresó, pero la calma de Anne no.
La Premonición

Titulo:
La venganza es dulce.
Claim: AnnexLuke
Fandom: La Premonición
Prompt: Beso Pasional— pertenece a la tabla Tipos de Besos de la tabla Amor del foro Retos Ilustrados. 8) xDD
Palabras: 2023 palabras
Notas: OMG, esta es la primera vez que me propongo escribir una escena de beso entre estos dos. Ya se que hay un beso por ahí, pero ese no me gusta; por lo menos no la situación en la que se dio. Espero que este salga bien.
Cualquier sugerencia, queja o comentario, es bien recibido.
Disclaimer: esta historia y los personajes en ella son míos y solo míos. Si ves esto en otro lado, me gustaría que me lo hicieras saber.


Después de la escena en la biblioteca y de tener que soportar todas y cada una de las quejas de Cecil, se fue al salón, sola. Estaba cansada pero, extrañadamente, no tenía sueño. Y aunque lo tuviera, estaba segura de que no podría dormir. Lo que había pasado desde que sus ojos se habían encontrado con los fríos ojos grises de Luke no paraba de repetirse en su cabeza, atormentándola, haciéndola sentir cosas que no debería sentir.

Se recostó en el sillón y estiró la mano hacia la mesita de centro para tomar un libro pero se percató de que, con todo el trajín de su anterior y casi mortal encuentro, se le había olvidado sacar un libro de la biblioteca. Con un cansado suspiro, se puso de pie y caminó hacia allá.

La casa estaba desierta. Edna y Cecil habían salido (Cecil siendo arrastrado por su hermana) cuando había llegado la hora de trabajar. De Luke no sabía absolutamente nada. Y esperaba que fuese así durante un buen rato. Por lo menos hasta que sus hormonas lograran calmarse y recuperar un poco de cordura.

Esta vez, el paseo hacia uno de sus lugares favoritos de la casa no estaba cargado de una extraña atmosfera. No le inspiraba curiosidad y miedo. Y aunque todo estaba calido, sabía la razón: Edna le había puesto un hechizo a la casa para que ella no se congelase; lo cual Anne agradeció enormemente porque odiaba el frío.

La biblioteca, hermosa, con su enorme y altísimo techo y sus estanterías llenas de libros con cubiertas de colores, estaba exactamente como la había dejado. La mesa con la que había chocado cuando había intentado salir corriendo del lugar estaba desalineada en relación con las otras, y la silla en la que Luke había puesto su chaqueta también estaba fuera de lugar. Todo permanecía intacto, como si ahí no hubiese pasado absolutamente nada. Como si su vida no hubiese estado tambaleándose en la cuerda floja.

Ver todo eso le hizo sentir rabiosa. Luke la había lastimado, no solo física sino también emocionalmente. Había dejado marcas en su cuello cuando había tratado de estrangularla. Y había dejado marcas en su alma al saberse tan frágil y desprotegida. Al ver todo el odio que ella le inspiraba.

Por lo que le había hecho, se merecía un castigo. Uno muy grande. Pero ella no era capaz de hacer nada. Luke era, prácticamente, un dios. Él tenía poderes y ella no. Él podía matarla solo con pensarlo y ella no podía ni siquiera empujarlo porque sabía que no lograría moverlo ni un solo centímetro.

Ella era débil y él no, y por esa razón tenía que tragarse su rabia y resignarse.

Caminó por entre las estanterías (ya conocidas por ella ya que pasaba la mayor parte de su tiempo libre allí) buscando uno de los pocos libros de escritores terranos que Edna tenía. El lugar estaba silencioso, tranquilo, pero había algo en el ambiente que la hacía sentirse inquieta y nerviosa. Tomó un libro cualquiera cuando la situación se volvió insoportable y se dirigió a la salida de la biblioteca con pasos rápidos.

Estaba empezando a sentirse aterrada y eso no era bueno. De alguna extraña forma sentía que si se dejaba dominar por el terror, seria capturada más rápido.

“Deja de pensar en estupideces, Anne”— le dijo una vocecita en su cabeza —“Aquí no hay nadie. Estás sola. Estás a salvo”. Pero ella, extrañamente, pensaba que no era así.

Cuando estaba a medio camino del salón, una de las puertas de la pared que estaba a su derecha, se abrió. Conteniendo un grito de terror y sin siquiera mirar, emprendió la carrera hacia su habitación. Giró a la izquierda cuando llegó al final de ese pasillo, tan rápido que pensó que iba a caerse o a estrellarse con una de las paredes.

Siguió corriendo, sintiéndose extrañamente a salvo ya que su habitación estaba al final de ese pasillo y el camino estaba despejado. Al parecer, la persona que estaba en la casa no se había percatado de que ella estaba ahí. O, quizás, se había perdido y dirigido hacia otro lugar; las casas del Hellaven solían ser muy engañosas.

Llegó al final de pasillo, cansada y sofocada, pero sintiéndose tranquila. Estaba a salvo, por lo menos medianamente. Cuando iba a abrir la puerta, alguien la tomó bruscamente del hombro y le dio la vuelta. Esta vez no pudo evitar gritar. Mucho menos pudo evitar que el libro se le cayera de las manos debido al susto. Y a pesar de ver el rostro de su perseguidor, no se sintió a salvo. Luke no era la persona en la cual ella confiaría en esos momentos.

— ¿Qué demonios se supone que estas haciendo, terrana?

Su voz fue fría, cortante, como la afilada hoja de una cuchilla. A Anne se le heló la sangre en las venas pero no quiso demostrar flaqueza. No quería darle más motivos para que siguiera burlándose de ella.

— ¿Qué hace aquí? ¿Cuándo llegó?— le cuestionó con voz firme, o por lo menos pretendió que así lo fuera.

—Yo no tengo por qué responder tus preguntas, pero tu sí tienes que responder las mías. Así que, ¿qué se supone que estas haciendo? ¿Por qué demonios estabas corriendo de esa forma? — preguntó, con exigencia.

Ella no dijo nada, pero el ligero rubor que cubrió sus mejillas la delató. Él, en respuesta, esbozó la sonrisa maliciosa más hermosa que Anne hubiese visto en su vida. Y sus rodillas se debilitaron, como si de pronto hubiesen dejado de ser de hueso para convertirse en goma.

—Estabas huyendo de mi— seguía sonriendo, provocando en Anne cosas que no quería sentir. Que no debía, que no tenía permitido sentir.

Él la odiaba, y ella debería odiarlo a él por el simple hecho de que era su enemigo. Él sólo estaba esperando la oportunidad idónea para deshacerse de ella sin verse comprometido. O, en su defecto, sin que se viese perjudicada su relación con Edna.
Él la quería ver muerta. Se lo había dicho en el mismo instante en el que la había visto.

Le había demostrado su odio, la repulsión que sentía por ella, las ganas que tenía de matarla justo con una mirada; después fue con gestos y palabras. Y ahí estaba ella, embelesada ante su belleza. Deseando fervientemente que el contacto de su mano sobre su hombro dejase de ser tan brusco y se convirtiese en una suave caricia. Deseando que sus hermosos y carnosos labios se posaran sobre los de ella, besándola como si hubiese deseado hacerlo toda la vida.

—Me tienes miedo— dijo, y en esos momentos su voz sonó ronca, tan sensual que provocó estragos dentro de ella.

Y se sorprendía de que él no se percatase del sin fin de reacciones de las que era victima su cuerpo. Pero lo que más le sorprendía era el hecho de que él estaba demasiado cerca de ella y de que su mano seguía manteniendo su firme agarre sobre su hombro izquierdo. Estaban cerca, peligrosamente cerca, y esta vez él no se mostraba asqueado, solo… molesto. Muy molesto.

—No le tengo miedo. Y no estaba huyendo de usted— logró decir, después de tragarse el nudo que tenía en la garganta.

— ¿Por qué corrías? ¿De quién estabas huyendo?

“De ti”, quiso decirle, pero algo dentro de ella le decía que no era la mejor opción.

—De nadie. Ahora, me gustaría entrar a mi habitación.

Él la miró como si le hubiese salido una segunda cabeza y no se hubiese dado cuenta. Y ella, tarde, comprendió que había cometido el grandísimo error de faltarle el respeto (aunque realmente no lo había hecho, pero como a él había que tratarlo como si fuese de la realeza…). Si antes, que no había hecho nada, había estado a punto de matarla, no quería imaginarse lo que le haría en esos momentos. Y ella estaba sola, posiblemente durante un largo rato. ¡Que alguien la ayudase!

La presión sobre su hombro incrementó, haciéndole tener una idea de que tan doloroso sería todo el proceso.

—Que no se te olvide con quien estas hablando, terrana. Mucho menos el hecho de que aquí no están ni Cecil ni Edna para defenderte o protegerte.

Y por alguna extraña razón, se sintió rabiosa por sus palabras. Y no pudo contener toda esa ira que estaba creciendo dentro de ella. Mucho menos detenerla cuando quiso salir a borbotones de su cuerpo.

— ¿Y qué pretende hacer?—le preguntó, con la voz mas ruda de la que era capaz en esos momentos— ¿Estrangularme, como trató de hacerlo en la mañana?

Él deslizó su mano hacia su cuello y la cerró sobre este sin dudarlo siquiera. El gesto, en vez de aterrarla, la hizo sentir ansiosa y deseosa. Y, como resultado, empezó a preguntarse si no tenía una vena masoquista dentro de ella. No era posible que en semejante momento de peligro, ella estuviese apreciando la suavidad de sus dedos o lo calidos que eran. O lo bien que se sentirían recorriendo cada rincón de su ser.

—Debería hacerlo, porque solo eres una molestia. Porque tú presencia en este mundo solo trae problemas. Porque eres detestable…

— ¿Y por qué no lo hace?—le interrumpió, mientras se acercaba un poco más a él.

Si él iba a matarla más adelante, quería darse ese lujo en esos momentos. Sonrió, ya que ese pensamiento le había dado una placentera y gratificante idea.

Luke, como era de esperarse, no respondió la pregunta que Anne le había hecho. Tampoco se alejó cuando ella se acercó más. Parecía estar probando hasta dónde su bravuconería iba a llegar. Parecía estar retándola a que se adentrara aún más a la boca del lobo.

—Respóndame. ¿Por qué no me mata y libra a este mundo de semejante plaga?

—Créeme, eso es lo que mas deseo hacer en el mundo. Pero no lo haré porque no quiero ensuciarme las manos con tu…

Anne no lo dejó terminar. En un acto de valentía que realmente la sorprendió, acortó la poquísima distancia que los separaba y unió sus labios con los de él en un beso desesperado, pasional. Pensó que él iba a alejarla de sí y a matarla ahí mismo, pero, contrario a toda lógica, correspondió el beso con la misma ansia y necesidad con la que ella lo besaba a él.

Anne no supo cual de los dos fue el que terminó de acortar la distancia que separaba sus cuerpos, ni el que había dado el paso que hacia falta para que ella terminase apoyada de la pared. Tampoco se dio cuenta del momento en el que una de sus manos se enredó en su rubio y alborotado cabello, o del momento en el que sus piernas rodearon el cuerpo de Luke.

Pero sí fue conciente de cada uno de los gemidos de placer que salieron de su boca, de los suspiros de Luke, de sus fuertes brazos manteniéndola en su lugar. De las mordidas, del excitante baile que tenían sus lenguas dentro de sus bocas, del sabor de los labios de Luke. Fue conciente del desbordante caudal de deseo que se apoderaba de su cuerpo, de las ansias de ambos de llegar más lejos, de los miedos; principalmente del miedo a separarse, porque sabían que no iba a poder seguir besándose ya que no tenían una buena excusa para continuar.

Cuando sus labios se separaron, después de lo que a Anne le había parecido un tiempo muy corto (aunque en realidad no lo fue), y logró poner los pies en el suelo, hizo acopio de todas las fuerzas que tenía para no volver a besar esos perfectos labios que estaban tan cerca de los suyos. Y estuvo tentada a hacerlo, ya que Luke se veía más o menos vulnerable en esos momentos, pero decidió no seguir tentando su suerte. Mucho había conseguido esa noche, quizá demasiado.

—Y eso— dijo, con la respiración agitada, al igual que los latidos de su corazón— que no quería ensuciarse las manos conmigo.

Y sin siquiera darle tiempo a reaccionar, se dio la vuelta, abrió la puerta y se encerró en la habitación.

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Si me dejas un comentario, me harias muy feliz xDD
La Premonición
Titulo: La verdad sobre ti
Fandom: La Premonición
Claim: AnnexLuke
Palabras: 2286 palabras
Notas: participa en el dekasem.
Nota 2: Dios, estoy sorprendida. Nunca pensé que me iba a tomar tanto tiempo escribir esto (ustedes no se imaginan el tiempo que tengo escribiéndolo). Mucho menos imaginé que iba a terminar de la forma en la que terminó. Tenía planeado que fuese algo corto y con algo de romance, pero salió todo lo contrario. xD Recuerden, no todo lo que leen en los drabbles es propenso a salir en la historia original.
Advertencia: spoiler. Uno muy grande. Si tienes planeado leer mi historia, te recomiendo que no lo leas xD Pero si lo haces, es bajo tu responsabilidad, no la mia ;)


El ser humano tiene la fuerte convicción de que el destino es el causante de todas sus desgracias. Lanza maldiciones al viento, todas en su nombre, cuando algo malo le pasa sin siquiera detenerse a pensar que con eso no logran nada. Mucho menos echándole la culpa por algo de lo cual no tiene ninguna culpa.

Y es que el destino no es responsable de nada; ni de las cosas buenas ni de las malas que nos pasan. El solo está ahí, transmutando gracias a nuestras acciones. El destino es como arcilla en nuestras manos: moldeable, cambiante, pero al mismo tiempo firme y consistente.

Eso pensaba Anne, y por esa razón no le echó la culpa de lo que había pasado en la biblioteca a nadie mas que a ella. A sus instintos. A su nueva y cambiante condición. A la bestia que llevaba dentro. A su deseo y amor por él. A todo ello le echó la culpa menos a su destino porque este no había sido el que la había empujado a los brazos de Luke. Ella sola había mandado a llamarlo y ella sola fue la que dejó que las cosas terminaran de esa forma tan extraña.

¿Por qué había sentido la imperiosa necesidad de ser mordida por él? ¿Por qué había dejado que lo hiciera? Pero sobre todo, ¿por qué él lo había hecho? ¿Por qué la había mordido y bebido su sangre? Él no tenía la necesidad de hacerlo. Él era un hellaveniano normal y corriente, entonces…

Esas eran preguntas que repiqueteaban en su cabeza como los alocados latidos de su corazón al pensar en Luke. Esas eran preguntas que aún no lograba responder. Y lo que había pasado esa tarde era algo que ella aún no podía asimilar ni comprender.

¿Por qué?
Su vida estaba llena de porqués, de preguntas sin respuestas.

¿Por qué?
Y ella no pensaba seguir permitiendo eso.

Por esa razón había salido del castillo bien temprano con dos rumbos en mente. Primero, iría a La Casa Dorada y le pediría —si fuese necesario le exigiría— a Nadhia que le contase todo lo que sabía sobre Luke. Algo debía sacar de todo eso que pudiera aclarar sus miles de dudas. Y si al final Nadhia no le daba ninguna información importante (no porque no supiera, sino porque no podía o quería hacerlo), tendría que resignarse ante la idea de que nunca podría saber que había pasado en aquella habitación llena de libros. Qué había sido eso que los había impulsado a hacer cosas que no tenían permitidas y que estaban fuera de su naturaleza.

Por ultimo, iría a la casa de Luke y pondrían su situación sobre la mesa. Ella ya no era “Anne, la terrana” o “Anne” simplemente. Y él tampoco era solo Luke, el Encargado de la Limpieza, el empleado del reino que ella casi lideraba. Ahora eran un hombre y una mujer unidos por un vínculo de sangre y por todas las sensaciones que se apoderaban de sus cuerpos cuando estaban cerca. Ella era una especie de ama y él, una especie de esclavo. Su esclavo.

***

Luke estaba sentado en el enorme y mullido sofá de la sala de su casa. No hacia nada más que estar allí, con menos ropa de la que un hellaveniano común se pondría, y con los pies descalzos, mirando las anaranjadas lenguas de fuego que crepitaban en la chimenea, mientras pensaba. Mientras pensaba en Anne y en todo lo que había pasado.

Para él, era como si fuese ayer el día en que la vio por primera vez. Había estado vestida solo con una holgada y larga camisa blanca y lo miraba con un profundo terror. Había estado hermosa, con sus oscuros cabellos húmedos cayéndole por los hombros, y con sus brillantes ojos azules prendidos en los suyos. El brillo, aroma y calor que despedía su piel lo habían obligado a tocarla, a comprobar que lo que veía era real.

Había una terrana viva en el Hellaven. La terrana más hermosa y deslumbrante que él hubiese visto en toda su vida. Eso no era algo que se viese todos los días, y como tal, él no se sintió cómodo, mucho menos a gusto con ella. A él no le gustaban los sobresaltos en su vida. No le gustaba experimentar cosas nuevas solo por amor a hacerlo. No le gustaban los cambios bruscos, y por eso no se había llevado bien con ella al principio. Además de que a él no le gustaban los terranos. Los aborrecía, para ser más claros, porque gracias a ellos su mundo corría peligro.

Pero como uno no manda en el corazón, no pudo impedir que la frágil y desprotegida Anne colara hasta lo más profundo de su ser, haciéndole sentir cosas que nunca había sentido por nadie más: amor, deseo, ganas de protegerla, celos, miedo a perderla. Anne se había convertido en su razón para vivir, en todo, y perderla de la forma en la que lo hizo, lo devastó. Pero nada lo hizo sentir peor que ver en que se había convertido.

Un monstruo.

Un monstruo que habia intentado hacerle daño dos veces. Pero él ya no podia acusarla de nada porque él habia actuado casi de la misma forma que ella.

La habia mordido. Habia provado el sabor de su sangre y habia sentido la imperiosa necesidad de tomarsela toda, como si fuese una de esas criaturas mitologicas bebedoras de sangre de las historias terranas que leia cuando era niño, y en la cual los terranos creian (y adoraban). Y lo cierto es que lo habia hecho porque ella se lo habia permitido y porque no habia podido reprimir aquel maligno impulso.

Ahora estaba allí, lamentandose por haberlo hecho y cuestionandose el por qué de sus actos.

Un ruido lo sacó de su ensimismamiento y lo devolvió a la realidad. Se puso de pie, y sin siquiera calzarse los zapatos o ponerse algo de ropa para cubrirse del frio, se encaminó hacia la puerta para ver quien era la persona que lo visitaba.

Su corazon le dio un vuelco en el pecho al ver a Anne, ataviada con la ropa blanca que usaba desde que se habia casado con el Principe, y con su ahora largo y rojo cabello enmarcandole el hermoso y pecoso rostro. Ella le dedicó una enorme sonrisa seguida de un “hola” y él no pudo hacer mas que bajar la cabeza, avergonzado. Él no tenía derecho a verla, mucho menos a estar cerca de ella despues de lo que le habia hecho. La habia lastimado, no solo con sus palabras sino tambien con sus gestos y acciones. Y ahí estaba ella, como si nada hubiese pasado. Eso realmente lo desconsertaba y avergonzaba aún más.

— ¿No vas a dejarme pasar? — le preguntó aún con una sonrisa en sus labios— Mira que es una falta de respeto dejar a la Princesa en la puerta.

Parecia divertida por el hecho de que, por primera vez en su vida, Luke no sabia que hacer y como actuar. Ella, en todo el tiempo que tenía conociendolo, lo habia visto siempre firme, actuando como si nada pudiese asustarlo, intimidarlo o impresionarlo. Pero ahí estaba ahora, mirando hacia todos lados menos a ella, y con las mejillas ligeramente sonrojadas.

Anne tuvo que contener el impulso de acercarse a él y besarlo; sensación que era cada vez mas dificil de dominar. ¿Por qué demonios Luke tenía que ser tan arrebatadoramente atractivo?

Luke, despues de unos instantes, se hizo a un lado, abrió mas la puerta y la dejó pasar. Anne se adentró en la casa, quitandose el largo abrigo blanco mientras avanzaba. A pesar del frio que hacía afuera, la casa de Luke estaba calida, por lo que el abrigo era totalmente innecesario allí. Ademas, sabía de sobra que la temperatura del lugar terminaria subiendo aún más de un momento a otro. Siempre era así cuando ellos dos estaban juntos.

Ella hacia salir a flote todo aquel calor que residía en Luke y lo recibía de buena gana, porque sabía que ese era el resultado de la pasión y el deseo que sentía por ella. Luke tenía todo el calor que ella necesitaba para mitigar el frio del Hellaven, y ella se moría de ganas porque se lo diera todo, sin reservas.

— ¿Qué la trae por aquí, Princesa?— Preguntó Luke mientras se acercaba a ella y le dedicaba una reverencia.

Anne le dio unos cuantos golpecitos al sofá en el que se había sentado para que él entendiera que era a su lado que debía sentarse. Él la obedeció sin rechistar.

—Vengo a hablar contigo de algo muy importante— le respondió con una seriedad que le sorprendió, debido a que ella se había mostrado muy risueña cuando entró.

— ¿Es sobre…?

—Sí. Es sobre lo que pasó en la biblioteca… y sobre otra cosa aún más importante.

— ¿Qué puede ser mas importante que eso, su Majestad?

Ella lo miró con el ceño fruncido durante unos instantes. Sin cambiar de expresión le dijo:

—Luke, no tienes que tratarme con tantos— hizo un movimiento circular con su mano derecha, como si de es forma pudiese encontrar la palabra adecuada a lo que se refería. — Lo que quiero decir es que tú y yo nos conocemos desde hace tiempo, somos amigos, no tienes que tratarme de esa forma tan respetuosa. Además… ahora yo soy más que la Princesa para ti, ¿lo entiendes?

Él asintió.

—Entonces, deja de tratarme como si fuese una desconocida. Me hace sentir… extraña.

Suspiró. Dios, que difícil iba a ser todo eso. Ella no se sentía con ánimos suficientes como para hablar con él sobre eso. Además, no era la persona adecuada. Pero tenia que hacerlo. No quería que otra persona supiese la verdad antes que él. Estaba segura de que no se lo perdonaría.

—Luke, antes de todo, debes comprender que lo hice porque estaba preocupada por ti. No lo hice por simple curiosidad— él la miró, preocupado.

— ¿De que hablas?

—Fui a hablar con Nadhia sobre ti… Le conté lo que pasó en la biblioteca. No todo, por supuesto— Luke pudo ver como sus mejillas se colorearon sutilmente de rojo cuando dijo eso— pero si lo suficiente como para que ella pudiese sacar una conclusión. Aunque se que fue algo estúpido porque ella es el Oráculo, ¿no?; se supone que ella lo sabe todo.

—Anne, ¿podrías explicarte? No te estoy entendiendo.

Volvió a suspirar. Luego, se removió incomoda en su asiento.

—Nadhia me contó la razón por la cual quisiste morderme. —Hizo una pausa— No hay nada malo en ti, Luke. En serio— dijo, con insistencia. Se le notaba demasiado nerviosa, y eso lo ponía nervioso a él.

—Entonces, ¿Por qué lo hice?

Preguntó, ansioso por conocer la respuesta. Ningún hellaveniano normal hacia eso. Es mas, en todos los años de historia del Hellaven, ningún hellaveniano había mordido a alguien. Los chupadores de sangre no existían en ese mundo. Eso era solo un mito creado por algún terrano demente. Historias traídas a este lado de la puerta por los hellavenianos que lograban cruzar y que tenían intención de culturizar a todos los de ese lado de la puerta con las cosas de los terranos.

Pero él lo había hecho. Él la había mordido y saboreado su sangre como si eso hubiese sido lo que había estado necesitando toda su vida. Eso, definitivamente, no entraba en la categoría de "normal".

—Lo hiciste porque eres uno de ellos.

Él la miró aterrado. Había dejado que su imaginación vagara demasiado rápido y se fuera hasta límites insospechados. ¿Había dicho “uno de ellos? ¿Eso significaba que él era un… vampiro?

Ella pareció leer sus pensamientos a través de la mortificada expresión de su rostro, y con las mejillas sonrojadas, le respondió:

—En realidad… eres uno de nosotros. Me refiero a… a un miembro del reino.

Su voz fue baja, susurrante. Fue un siseo que le heló la sangre en las venas y, por primera vez en su vida, sintió como su piel se encrespaba. Él no era un miembro del reino. No podía serlo. Eso era imposible.

Él solo era un huérfano. Un chico común y corriente que había tenido la desgracia de enamorarse de la mujer equivocada. Lo que ella le había dicho era mentira, estaba seguro. Lo más probable era que ella lo había hechizado y que por eso la había mordido. Él en realidad no había querido hacerlo; ella lo había obligado.

—Mientes— le dijo, con convicción— Solo dices eso porque no quieres admitir que me hechizaste para que te mordiera.

Ella negó con la cabeza.

—No, Luke, no lo hice. Yo nunca…—trató de acariciar su rostro, pero él se apartó de ella bruscamente, poniéndose de pie.

—No, Anne, no sigas. Se que mientes, siempre lo has hecho. Yo no soy un miembro del reino. Tu solo tratas de engañarme para que no piense que eres la mala de la historia.

Ella, ahora, se veía molesta. Hermosa, fría y molesta. Parecía que iba a atracarlo en cualquier momento. Pero no lo hizo. Solo se puso de pie, con un grácil movimiento, y se encaminó hacia la salida.

—Cree lo que quieras, Luke. La verdad es que no me importa. Yo solo cumplí con mi obligación de decírtelo.

Le dijo, de espaldas a él, mientras se ponía el largo abrigo blanco. Pero para decirle sus últimas palabras, se dio la vuelta y lo miró directo a los ojos, para que supiera que no mentía. Para que sintiera el peso de sus palabras.

—Una última cosa: yo no tengo necesidad de mentirte. Ahora, miembro de la realeza o no, me perteneces. Y eso, querido Luke, no lo puedes cambiar.

Y, sin más, salió.

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Nota: Generalmente, suele aparecer en los drabbles "la casa amarilla" o "la casa dorada". Es la misma casa, lo unico que, en algunos drabbles, me he confundido y he puesto amarilla xDD

Si has llegado hasta aquí, te mereces un premio. No todo el mundo es capaz de leer lo que escribo lol. *estruja fuerte al lector y le regala chocolates*

Besos.
La Premonición
Fandom:Entre el amor y el odio
Claim: JessicaxAriel, Lucas
Título: Doloroso Pecado
Palabras: 1488 palabras
Advertencias: Incesto.
Notas: Me he encaprichado con esos dos personajes. Es que, definitivamente, me encanta escribir incesto (aunque no sea realmente buena en ello). A los que no les guste el incesto, lo siento. A los que les gusta, espero sus opiniones ^^.


Era un pecador, uno de los mejores pecadores que podían existir. Era una de las personas que tenían un pase directo y sin escalas al infierno; de los que tenían un lugar reservado con todas las comodidades que este lugar podría ofrecerte y todo gracias a su pequeña hermana. Más bien, por lo que sentía por ella y por todas las cosas que habían hecho juntos… gracias a ella.

No quería culparla porque él también tenía parte de la culpa de todo eso, pero si no hubiese sido por ella él no estuviese en esos momentos sintiéndose tan endemoniadamente mal. Debía admitirlo: aunque aun estaba eufórico por lo que había pasado entre ellos aquella noche, no podía evitar sentir un nudo en la garganta y un enorme peso sobre sus hombros debido a esto.

¡Era su hermana, por Dios santo! Y él se había acostado con ella sin que eso le importase en lo mas mínimo. Mucho menos el hecho de que estaba comprometida con su mejor amigo. No. Él solo pensó en lo que sentía al tener a Jessica entre sus brazos y en saciar esa desaforada y enloquecedora sed de ella que tenía. Solo pensaba en besar sus labios y en recorrer cada centímetro de su pequeño y delgado cuerpo con sus manos. En explorar cada rincón de su ser, en hacerla suya de una y mil maneras posibles.

En esos maravillosos momentos, ni sus padres, ni el compromiso de Jessica con Lucas, mucho menos los lazos de sangre que los unían le importaron en lo mas mínimo. Porque Jessica estaba con él, y no necesitaba preocuparse ni interesarse en nada más.

— ¿Ariel, estas con nosotros?—preguntó Lucas al ver el estado en el que se encontraba su amigo. Ariel lo miró con cara de no entender a que se refería. — Estas en las nubes, amigo.

—Lo siento. Estaba… pensando.

—Si, no tienes ni que decírmelo— rió. Luego, después de tomar un poco de su té, preguntó— ¿Quién es ella?

— ¿Perdona?

—Quién es la chica en la que estabas pensando. Porque es mas que seguro que era en una chica en quien estabas pensando.

Ariel pudo haberle dicho que pensaba en Jessica ya que no había nada de malo en que un hombre pensara en su hermana (a menos, claro, que lo hiciera en la forma en la que Ariel lo hacía). Pero prefirió no hacerlo ya que Lucas se había dado cuenta de que no estaba pensando en cosas muy… sanas.

—No es nadie que conozcas, Lucas. Y dejemos este tema, por favor. No me hace bien hablar de él.

—Como quieras. Yo solo sentí un poco de curiosidad por el hecho de que estabas casi babeando— volvió a reír a costa de su amigo. Pero cuando vio la sombría expresión en el rostro de su amigo, se detuvo en seco y le miró preocupado.
Ariel no era de las personas que tenían ese tipo de expresiones en su rostro muy a menudo. La única ocasión en la que vio a Ariel de esa forma, fue cuando Jessica se había escapado de su casa. Por esta razón su preocupación.

—Ariel, ¿sucede algo malo? Puedes contármelo, sabes que no se lo diré a nadie más.
Ariel dudó unos instantes pero después, agotado de cargar con el peso de su remordimiento él solo, decidió desahogarse con su amigo.

—En realidad sí me pasa algo y temo decirte que no es algo muy bueno.— hizo una pausa en la que tomó aliento y reconsideró si estaba bien contarle algo a su amigo; aunque no fuese toda la verdad— Estoy… enamorado de una chica que no es… apta para mi.

— ¿Su estatus económico tiene algo que ver?

—No, no es eso. Es solo que… ella está prohibida para mí. Ella y yo no podemos estar juntos, Lucas, y es eso lo que me tiene mal.

— ¿Pero tu la amas, verdad?

—Con toda mi alma— le dijo mirándolo fijamente. Lucas no dudó ni un solo instante en la veracidad de sus palabras.

— ¿Y no hay forma de que…?— Ariel negó lentamente con la cabeza.

Lucas se sintió realmente apenado por su amigo. Ariel necesitaba tanto ser feliz que era injusto que justo cuando encontraba a la mujer de su vida, no podía tenerla. Era injusto y deprimente y Lucas se sintió mal porque no había forma de solucionar ese problema.

— ¿Y ella, Ariel? ¿Qué siente ella por ti?

—En realidad…

Ariel se vio interrumpido por la tempestuosa entrada de una Jessica ataviada en un vaporoso vestido rosa pastel, la cual se veía realmente animada. Ariel inmediatamente se dio cuenta de que era su hermana la que había entrado tan alegremente al salón, refrenó las enormes ganas de salir corriendo que sintió. La había estado evitando, sí, pero no era lo mismo hacerlo disimuladamente que hacer una huida precipitada porque ella había entrado al salón. Mucho menos delante de Lucas, después de haberle confesado sus sentimientos.

—Oh, Lucas, estoy tan contenta de que hayas venido a visitarnos— le saludó alegremente, mientras se acercaba a él. Luego, ante la sorprendida mirada de los jóvenes, se inclinó hacia su prometido y lo besó y le dijo muy cerca de sus labios: — Tengo tantas cosas que contarte sobre nuestra boda.

— ¿A que se debe que estés tan contenta, Jessica?—preguntó Lucas, sonriendo, mientras la tomaba de la mano y la instaba a que se sentara a su lado.

— ¿Acaso una mujer a punto de casarse con el hombre que ama no puede estar feliz?

—Puede, pero tú nunca te has mostrado tan eufórica por lo del matrimonio con anterioridad. Una vez me dijiste que hasta le tenias miedo— Lucas sonrió.

—Los tiempos cambian, cariño. Además, antes pensaba de esa forma porque no tenía un prometido tan maravilloso.

Lucas se sonrojó espantosamente y le dirigió una mirada apenada a su amigo. Al ver que Ariel no los miraba, que estaba perdido en sus dolorosos pensamientos, Lucas le dio un toquecito a su prometida para que mirara hacia Ariel. Jessica esbozó las palabras “¿Qué le pasa?” para que su hermano no la escuchase. Lucas solo se encogió de hombros.

—Ariel, ¿Por qué estás así?—le preguntó Jessica, fingiendo no conocer la causa de su tormento. Era realmente despiadada cuando se lo proponía.

—No me pasa nada, Jessica. No te preocupes.

Ella ignoró ese comentario. Se acercó a él lentamente, se sentó sobre sus piernas sin que le importase que su prometido los estuviese mirando y le dio un gran abrazo. Luego, sin que Ariel se lo esperase, le dio un beso muy cerca de los labios (algo que Lucas, obviamente, no noto).

Ariel amaba a su hermana mas que a nada en el mundo, pero en esos momentos era capaz de matarla. Rodear su frágil cuello con sus manos y estrangularla. No podía creer lo cruel que era. No podía creer que fuese capaz de hacerle eso a él, que había dado todo de sí para protegerla. Él, que la amaba quizás más que el propio Lucas.

Ella sabía perfectamente por qué él estaba así. Sabía perfectamente por qué había estado evitándola todo ese tiempo. Sabia cuanto le dolía lo que había pasado entre ellos, el haber traicionado a su amigo. Y ahí estaba, como si nada hubiese pasado entre ellos. Actuando como si no tuviese su corazón entre sus dedos, oprimido, sangrando.

—No estés mal, Ariel— le dijo, aun abrazada a él— Nadie merece que estés así de triste.
Cierto. Ella no se merecía su dolor. Pero de todas formas sufría, como un condenado a muerte por algo que no había hecho.

—Tienes razón, Jessica. Nadie merece sufrir por algo que no ha hecho. Nadie merece sufrir por culpa de alguien sin sentimientos.

Jessica le dedicó una mirada dolida antes de ponerse de pie. Se acercó a Lucas, lo tomó de la mano y lo hizo ponerse de pie.

—Vámonos, Lucas. Dejémoslo solo con su dolor, ya que no quiere aceptar nuestra compañía. Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer que quedarnos aquí, deprimiéndonos con él.
Lucas miró confundido a uno y a otro. No podía entender por qué razón ambos actuaban de esa forma el uno con el otro si siempre se habían mostrado muy comprensivos y cariñosos entre sí. Pero no quería preguntar. No estaba entre sus planes inmiscuirse demasiado en los problemas de Ariel. Si su amigo no quería contarle, él no iba a forzarlo.

Ariel no levantó la mirada cuando la pareja salió del salón. Solo se quedó ahí, rumiando las palabras de Jessica. Aceptando el hecho de que para ella, él solo había sido un juguete. Bien, si ella se mostraba tan ufana y tan tranquila, él también podría hacerlo. Si ella fingía que entre ellos dos no pasó nada, ¿por qué tenia él que estar lamentándose como una magdalena?

Aunque le doliese el alma al pensar en eso, le iba a pagar a su hermana con la misma moneda.
La Premonición
Titulo: De Caza
Fandom: La Premonición
Palabras: 2423
Claim: Mi adorada Anne Foster. Un personaje que tendrán que amar. Luke Brown. Adrian Nightingale
Comentario: Aun me cuesta escribir sobre esto a pesar de que tengo miles de ideas revoloteando en mi cabeza como mariposas en una pradera. O como las moscas que aparecen después de la lluvia. Molestas ideas que mis amadas musas (o tal vez es una sola musa hiperactiva) me piden a gritos que atrape con mis cansadas manos. XP ¿Poético? Que va. Es solo que estoy algo aburrida.

En fin, tratare de hacer lo mejor que pueda, y espero que ustedes disfruten de lo que con tanto trabajo salió de mi cabecita.

Besos.

PD: todos los personajes y todo lo referente a esta historia me pertenecen. Si ves esto en algún sitio, me gustaría que me lo dijeras. Gracias.


Corría por el campo por primera vez en mucho tiempo. Por fin la habían dejado salir de la prisión en la que la habían mantenido durante tanto tiempo y que tenían la osadía de llamar casa. Vamos, eso no era un hogar por más que te esforzaras en creer que lo era. Ellos sabían que por más que se lo repitieran ella no iba a creerlo y tampoco iba a dejar de sentir ganas de salir y sentir la fría brisa nocturna acariciando su piel, pero igual lo hacían, tal vez para molestarla, quien sabe.

Ella había pataleado, gritado, amenazado de muerte a muchas personas y después de colmarle la paciencia a más de uno, logró que la dejaran salir. Sabía que algo se traían entre manos pero igual no le importaba. Estaba afuera, era libre (medianamente libre, pero libre al fin).

Llegó a un campo acompañada de uno de los molestos guardias que no le quitaba un ojo de encima. Tal vez pensaban que todo eso de querer salir a tomar aire no era más que un plan para escaparse. Que pocos confiados eran esos hombres del reino. Ella no quería huir, porque sabía que no tenía ningún lugar a donde ir. Así que la idea de pasarse los días y las noches vagando por el Hellaven no se le antojaba muy atractiva. Era mucho más divertido y beneficioso para ella permanecer dentro del castillo, molestando a los guardias.

—Hey, tu. ¿Podrías dejar de seguirme? Necesito privacidad.

—Si, claro.

—Si no lo haces, juro que te morderé— le dijo seria, poniendo su más terrorífica expresión facial.

El guardia pareció reconsiderar las posibilidades de ganar en un enfrentamiento con la chica y al caer en la cuenta de que perdería al primer golpe suyo, pensó que lo mejor era hacerle caso. Esa mujer era de temer, él lo sabía muy bien.

—Está bien. Pero que no se te ocurra escapar porque te las veras negras— ella le sonrió y casi dando saltos de alegría vio como el hombre se daba la vuelta para volver al castillo.

El hecho de que él hiciera eso no significaba que no tendría a toda la guardia pendiente de cada cosa que hiciera. Solo significaba que no tendría a una persona pisándole los talones.

Ya sola en medio del bosque, empezó a caminar por los alrededores, conociendo la zona; recordando como había acabado así, porque todo había comenzado justo en ese bosque hacía unos meses. Había ido al castillo a salvar a Edna y en el camino se había topado con la única persona en todo el Hellaven que le provocaba un terror tan grande capaz de hacerla gritar y desfallecer en el acto; era el hombre que la había llevado a ese mundo por error. Un hombre cuya belleza sobrepasaba los limites de lo real, de lo humanamente posible.

Pero toda esa perfección y belleza que lo rodeaba no le impidió que la atacara y la convirtiera en lo que ahora era. Una especie de monstruo detestable al que todos le tenían miedo aunque no lo quisieran aparentar. Algunos decían “es solo una chica. ¿Qué podría hacernos?” pero cuando estaba en su etapa de transición descubrieron que la pobre chica indefensa era capaz de acabar con todos los guardias del castillo de un solo golpe. Si no hubiese sido por el príncipe, en esos momentos el Hellaven estaría reclutando nuevos guardias.

Sacudió su cabeza tratando de que esos pensamientos desaparecieran y siguió caminando por el bosque, con la brillante y enorme luna plateada alumbrando su camino. Caminó sin rumbo fijo, deteniéndose algunas veces al escuchar el ruido que producían los escurridizos animales del bosque, hasta que llegó a una parte del bosque que estaba bloqueada. Ella no recordaba haber visitado ese sitio nunca, y eso que había ido a muchos sitios en compañía del Equipo de Limpieza.

Los árboles en esta zona eran más bajos que en los alrededores del castillo, y había menos espacio entre ellos. Formaban una cerrada muralla que parecía proteger algo importante. Muerta de curiosidad, se acercó para averiguar que era lo que se encontraba allí. Al darse cuenta de que el espacio entre los árboles era demasiado estrecho para que ella pudiera pasar, trepó el árbol hasta llegar a una de las ramas más altas y de un salto se lanzó hacia el otro lado, cayendo sin provocarse el más mínimo daño. Sonrió. Pero este gesto le duró muy poco.

Un olor fuerte, claro, delicioso, llegó hasta ella mareándola, haciéndola perder el sentido de las cosas. La aún incontrolable bestia que llevaba dentro se agitó y rompió las cadenas que la ataban, dominando el cuerpo de la chica. Ya no era la tranquila Anne que había ido a dar un paseo por el bosque, ahora era una feroz depredadora capaz de acabar con todo y con todos si no la detenían a tiempo. Y todo por culpa del olor de la sangre de un terrano.

Caminó por el bosque, siendo guiada por su poderoso sentido del olfato, tratando de hacer el menor ruido posible para sorprender a su presa. Trepó árboles, arrancó de un tirón algunos arbustos que le estorbaban hasta que llegó a la linde del bosque. Estaba oscuro en esta parte del Hellaven, por lo que tenía ventaja.

Siguió caminando, extasiada porque el olor a sangre era cada vez más fuerte. A muy pocos metros de distancia estaba su objetivo, podía sentirlo. Y ahora que estaba más cerca, pudo percibir otro aroma, mucho más débil y menos delicioso, pero que le resultaba altamente atractivo. Se olvidó del humano, ese ya no era su objetivo. Su meta ahora era el hellaveniano que lo acompañaba.

Se acercó lenta y sigilosamente hasta el lugar en el que el hellaveniano (que era del Equipo de Limpieza) realizaba su trabajo con suma concentración. Trepó un árbol, mucho más alto que el anterior, y fue saltando de rama en rama hasta llegar a uno que estuviera más cerca de él. Cuando vio su rostro todo dentro de ella se agitó. La ansiedad, expectación y deseo que sentía en esos momentos se duplicó haciéndola gruñir. Era doloroso sentirse así, pero esa sensación desaparecería cuando lo tuviera entre sus pequeños brazos y mordiera su frágil cuello. ¡Oh, cuánto lo deseaba!

De un saltó se bajó del árbol y cayó muy cerca de él, sobresaltándolo. La expresión de su rostro al verla fue de puro pánico y sorpresa, por lo que retrocedió unos cuantos pasos.

“Esa no podía ser ella. Esa no era ella”, se decía una y otra vez como si de esa forma pudiese convencerse de que era cierto. Pero sabía que no lo lograría. Esa mujer de brillantes ojos rojos y largos y filosos colmillos era Anne, su Anne. Y ella ahora quería atacarlo. Devorarlo como si fuese un animal salvaje y él, su presa.

Se dio la vuelta y salió corriendo rumbo a su casa, que era el único lugar seguro que conocía. Estaba demasiado nervioso, asustado y anonadado como para aparecerse, pero por suerte su casa estaba cerca. Ella corría detrás de él, saltando de rama en rama algunas veces, pero siempre detrás de él. Era rápida, mucho, pero por suerte no más que él.

Llegó a la casa e inmediatamente se encerró en ella, poniendo todos los seguros y hechizos de protección que conocía. Si se hubiese concentrado solo en los seguros de la puerta, hubiese perdido la batalla. Ella era lo suficientemente fuerte como para derribar la puerta de una sola patada. Pero los hechizos, en especial el de fuego, eran realmente efectivos y poderosos. Los seres como ella —porque no se atrevía a llamarla monstruo— odiaban el fuego.

Ella aulló como un animal herido cuando se quemó al tratar de acercarse a la casa. El escudo de fuego era invisible, por eso no lo había visto. Siguió gritando y gruñendo, esta vez de furia, al descubrir que su presa, esa que tanto ansiaba tener, se había escapado de entre sus dedos y que, por más que tratase, no podría conseguirla. Por lo menos no de esa forma.

Ella, ahora que era una hellaveniana, podía hacer cualquier tipo de magia. Pero como no era Anne la que estaba actuando, sino la bestia, no podía recurrir a la magia porque no estaba actuando como un ser racional, sino como un animal. Si ella hubiese estado en pleno uso de sus facultades, hubiese conjurado un escudo, cruzado la barrera de fuego y entrado a la casa sin problemas. Pero no podía, y Luke le daba gracias a todos los seres mágicos de ese mundo porque eso era así.

El quejido de dolor que salió de la boca de la chica al tratar de traspasar la barrera nuevamente, alertó a los guardias, los cuales salieron corriendo en su búsqueda. Cuando se había transformado, le habína perdido la pista, pero al escucharla, habían podido localizarla sin problemas.

Los guardias al tratar de salir a buscarla, chocaron con una barrera invisible que los lanzó varios metros hacia atrás. Sin saber muy bien que había pasado, se pusieron de pie, y los que estaban más atrás pudieron ver a la figura que había creado el escudo y había impedido que ellos salieran; era el príncipe.

Inmediatamente cayeron en la cuenta de que era él, hicieron una profunda reverencia que duró hasta que él atravesó la barrera y despareció frente al castillo. Todos sabían para que había salido. Él pretendía solucionar las cosas, a su manera, por su puesto.

Adrián se apareció justo en el lugar en el que Anne golpeaba una y otra vez la barrera, hiriéndose. Sin perder el tiempo, se acercó a ella y la tomó por la cintura, tirando de ella hacia atrás. Luke veía todo desde la ventana de su casa.

Con profundo horror vio como Anne se retorcía y luchaba para tratar de soltarse y llegar a él. Vio como gruñía y le enseñaba los dientes, a él, porque ella sabía que él la estaba mirando a través de la ventana. Y por ultimo, vio como el príncipe, con solo susurrarle algo al oído, había logrado calmarla.

Anne, o la bestia (Luke ya no sabia cual de las dos era) se dio la vuelta para quedar frente a Adrian. Con manos temblorosas debido a la ansiedad, tomó una de las manos del príncipe y se la llevó a la boca, para morderla y así saciar la dolorosa sed que la consumía. Ese gesto le pareció algo demasiado intimo y a la vez demasiado repugnante, pero no podía dejar de ver; estaba aterrado, tanto, que sus piernas no le respondían a la orden de moverse, de alejarse de esa ventana.

Cuando Anne soltó la mano del príncipe pensó que ya toda esa pesadilla había acabado, pero no era así. Ella, con una rapidez sorprendente, se apoderó de su cuello y lo mordió con voracidad, succionando, lamiendo, tomando de su sangre como si eso fuese la cosa más maravillosa del mundo. Luke sintió asco y si por algún momento pensó que Anne podría volver a ser la misma de antes alguna vez, perdió las esperanzas con solo ver esa escena.

También se fijó en algo realmente importante: el príncipe lo miraba y la expresión de su rostro demostraba que realmente estaba disfrutando al verlo sufrir de esa manera. Sin quitar esa maligna sonrisa de su rostro, separó a la chica de sí, le susurró algo al oido, y le señaló el lugar en el que él estaba. Luego chasqueó los dedos y con un movimiento de su mano la instó para que se acercara. Ella dudó unos instantes, pero al ver que él seguía insistiéndole y le prometía que le iba a dar más sangre si lo hacía, se acercó.

Ella alargó la mano para cerciorarse de que la barrera de fuego ya no estaba ahí; su mano atravesó el espacio sin problemas. Sonrió complacida, enseñando los colmillos en el acto. Siguió caminando, esta vez más deprisa, y se acercó a la ventana. Luke estaba estático, más horrorizado que antes al ver que la chica había atravesado la barrera sin problemas y que ahora estaba cerca de él, a punto de matarlo. Pero Anne no hizo eso.

Ella solo se limitó a acercarse a la ventana y a poner sus manos en el mismo lugar en el que estaban las de él al otro lado del cristal. Lo miraba fijamente, con esos diabólicos ojos rojos que él tanto odiaba y lo aterraban, tratando de adivinar quien o qué era él. Parecía confundida, pero a medida que el color de sus ojos iba pasando del rojo al azul, la expresión de su rostro iba a cambiando, dejando atrás de confusión para pasar a la sorpresa y al desconcierto.

La bestia, satisfecha ya, había vuelto a su celda, dejando solo a una muy desconcertada Anne frente a la casa. No entendía por qué estaba en ese lugar, cómo había llegado ahí, ni el hecho de que Luke la mirara con tanto espanto y rechazo. Se miró las manos y al verlas llenas de sangre comprendió que había hecho algo terriblemente malo.

Quiso hablarle, explicarse, pedirle perdón por lo que había hecho —aunque no sabía como iba a hacerlo—. Quería hacer algo, lo que fuese, con tal de que él quitara esa fea expresión de su hermoso rostro. Adrian se acercó a ella y le puso una mano sobre el hombro, diciéndole que tenían que volver ya al castillo. Ella no quería irse, no sin antes explicarse; pero al parecer Luke no quería escuchar sus razones ni seguir viéndola. ¡Había estado a punto de matarlo! Era lo menos que él podía hacer.

Él, ya más tranquilo y por fin dueño de sus actos, empezó a dar pasos hacia atrás, para alejarse de esa ventana. Ella golpeaba el cristal, como si de esa forma pudiera impedir que él se alejara de ella. Él seguía retrocediendo, alejándose de ella, poniendo una muralla entre los dos.

Al final, Anne dejó de golpear el cristal, resignada ante la idea de que él ya no quería saber nada de ella. Lo había herido, eso estaba más que claro. Y después que se llegaba al extremo de lastimar a un ser amado, cualquier cosa podría pasar.

Sintiendo como el cansancio y el dolor hacían mella en su cuerpo, se puso de pie y tomó la mano que Adrian le tendía. Ahora lo tenia a él y aunque le doliese pensarlo, no podía ni debía preocuparse por nadie más. Y eso incluía a Luke.