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La Premonición
Título: Búsqueda
Fandom: La Premonición
Claim: Adrian Nightingale. Luke Brown
Palabras: 869 palabras.
Advertencias: ¿Angst? ¿Suspenso? ¿Gore? Díganme ustedes. :D
Notas: Esta es la ¿primera vez? que escribo algo como esto. Bueno, si ignoramos aquella vez en la que escribí el drabble del suicidio y los cortes… Btw, díganme qué opinan. ¿La idea no quedó muy enredada, verdad? xD



Oscuridad. Un frío arrollador que era capaz de helarle la sangre en las venas. El molesto y persistente tic-tac de un reloj que no lograba ver. El incesante ruido de las gotas cayendo. El susurro del viento. El sonido de la lluvia golpeando fuertemente el cristal y el techo. El ruido de sus pisadas junto con el frufrú que producía su túnica mientras caminaba.

Se estaba volviendo loco.

Hacía horas que había comenzado a escuchar ese ruido, a sentirse inquieto. Hacía horas que había empezado a recorrer ese desconocido lugar en busca de la fuente de su molestia e incomodidad. Había revisado cada pasillo, cada habitación y no había encontrado nada; sólo polvo, suciedad y miles de pruebas del paso del tiempo.

Estaba empezando a desesperarse. Su corazón había iniciado una carrera en su pecho y sus piernas habían aumentado la velocidad de sus pasos, haciéndole correr por los pasillos hacia un destino del cual no tenía la más mínima idea. Una palabra empezó a salir de sus labios, teñida de miedo, preocupación y desesperación, pero no lograba descifrar cuál era. Sólo sabía que le dolía el pecho cada vez que la decía, cada vez que abría una puerta y se daba cuenta de que la habitación estaba vacía.

Sin darse cuenta, había comenzado a gritar, a sentir que el aire tardaba más en llegar a sus pulmones, dejándolo exhausto y sin aliento en medio de su búsqueda. Veía su aliento formar una blanquecina nube frente a él, pero para ese momento no lograba percibir el frío ni nada de lo que acontecía a su alrededor. El dolor que estaba empezando a crecer dentro de su pecho era demasiado fuerte en esos momentos como para que él tuviese oportunidad de prestarle atención a algo más.

Se llevó una mano a la cabeza y aferró rudamente su cabello, mientras miraba a ambos lados del pasillo, como si de esa forma pudiese encontrar lo que buscaba. Emprendió la búsqueda nuevamente con las piernas temblándole debido al esfuerzo y el cansancio.

Corrió sin que le importase que el ruido del reloj hubiese incrementado o que el sonido de las gotas cayendo estuviese taladrándole el cerebro. Corrió sin importarle las veces que chocó contra las paredes o las puertas que se negaban a abrir. Corrió hasta que encontró lo que encontraba.

Había entrado a esa habitación antes, lo sabía, algo dentro de sí se lo decía. Había visto lo que estaba en esos momentos frente a sus ojos. Había tenido exactamente la misma reacción que en esos momentos: ojos abiertos de par en par; la boca abierta en un intento de grito que se había quedado atrapado en su garganta; piernas flojas que no parecían aguantar el peso de su cuerpo, haciéndole caer de rodillas al suelo; manos apretadas en puños, dejando marcas de semi-lunas en sus palmas.

Había sentido exactamente lo mismo que en esos momentos, al descubrir de dónde procedía el sonido de las gotas cayendo.

Las lágrimas corrían libres por sus mejillas y cuando se llevó una mano al rostro para limpiárselas, la descubrió manchada de rojo. Se miró ambas manos, y las vio temblorosas y cubiertas de sangre seca, al igual que las ropas que cubrían su cuerpo. Giró la cabeza y vio su reflejo en el espejo. El grito de terror que antes había tratado de salir de sus labios salió en esos momentos al ver su aspecto; al ver la expresión de su rostro.

La sonrisa de satisfacción que estaba dibujada en sus labios, parecía resaltar más que la sangre que cubría su rostro, más que sus ahora brillantes y rojos ojos. La expresión desencajada, casi maniática de su rostro, contrastaba con el dolor que estaba desgarrándole el pecho. El mar de recuerdos que empezaron a llegar a su cabeza no eran reales sino el producto de su imaginación, quería creer, pero una nueva imagen le demostraba que estaba equivocado.

Él no lo había hecho. ¡Él no lo había hecho! Lo repetía una y otra vez, mientras se aferraba la cabeza con sus manos, en un gesto desesperado, mientras su voz iba subiendo cada vez más hasta que sus palabras dejaron de ser un susurro desesperado y se convirtieron en gritos enloquecidos que le desgarraron la garganta y alertaron a los demás de su paradero.

Y cuando Luke llegó a la habitación y vio con horror como Anne se había desangrado sobre la cama, con el brazo colgando por el borde de la misma, formando un charco de sangre en el suelo debido a la herida que aun goteaba; cuando cayó arrodillado a su lado, con el rostro mojado por las silenciosas lágrimas de dolor que corrían por sus mejillas; cuando se giró para enfrentarse a él y se encontró con su misma mortificada y adolorida expresión de dolor en el rostro del hombre; cuando vio el cuchillo cubierto de sangre reposando al lado de las antes níveas ropas del Príncipe, no tuvo la fuerza suficiente para decirle que sí, que él lo había hecho, porque a pesar de todo, ambos compartían el mismo dolor.

Porque, a pesar de todo, ambos amaban a Anne; aunque cada uno, al final, había demostrado su amor de una manera diferente.
La Premonición
Titulo: Conociendo el mundo.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster, Adrian Nightingale
Tema: # 15- Brutalidad
Palabras: 929 palabras.
Notas: Pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad Lunas y Tinta
Advertencias: drabble carente de sentido. Quedan advertidos. xD


Pasadas unas pocas semanas de haberse consumado su matrimonio con Anne, Adrian llevó a su esposa a conocer las dependencias ocultas del Reino. Estas no eran más que un grupo de salas en donde los Recolectores y demás miembros de esa institución (si se le podía llamar así) hacían su trabajo.

A Anne, al principio, la idea de conocer a fondo como se llevaba a cabo el proceso de caza-asesinato de los terranos le pareció interesante ya que ella misma había sido objeto de eso hacía poco más de un año. Había pensado que, dado que iba a gobernar en ese mundo, tendría que conocer cómo funcionaba esa parte oculta del Reino que era de vital importancia para el Hellaven.

Cuando llegaron al aislado edificio en donde se llevaban a cabo todas las operaciones de los Recolectores y Selectores (que eran los que, de entre todos los terranos, seleccionaban quienes iban a ser cazados) fueron respetuosamente recibidos por una pequeña comitiva de empleados. Después de las reverencias y saludos de rigor, fueron conducidos a la amplia sala de operaciones, donde los Recolectores que estaban de turno, recibían las instrucciones que debían llevar a cabo esa misma noche; los Selectores ya habían terminado con su trabajo por lo que no pudieron verlos en el proceso del mismo.

Anne, que sólo había conocido a un Recolector en toda su vida, se sintió extrañamente maravillada al ver a todos esos hermosos hombres vestidos de manera informal (no de un riguroso negro, con capucha y filosas armas como ella había pensado) hablando de lugares y festividades que le eran conocidas. También por el hecho de que no parecía una reunión en donde se decidía la vida de decenas de terranos, sino una reunión de amigos; una de esas cargadas de risas y comentarios de fútbol, con mucha cerveza de por medio.

Por eso, cuando Adrian le peguntó si estaba dispuesta a ver como los Recolectores trabajaban en la Tierra, le había dicho que sí casi en el acto, olvidándose por completo del hecho de que ella ya sabía como ellos trabajaban. A ella le había tocado sufrir en carne propia lo que algún desafortunado terrano tendría que vivir en cuestión de horas, con la única diferencia de que ella había salido ilesa de todo ese asunto; este terrano no lo haría por más que rezase.

Antes de partir, ella le pidió al Recolector con el que partirían (un hombre con una de las sonrisas mas lindas que ella hubiese visto en su vida) que fuese lo más amable posible con el terrano. Él, con una expresión de pena en su atractivo rostro, le había dicho que eso no dependía de él sino del terrano. Le había dicho que, cuando se trata de hombres, siempre es más difícil; estos siempre pelean y son más difíciles de dominar, mentalmente hablando. Con las mujeres era mucho más fácil ya que la gran mayoría, al verlos, caen rendidas ante su encanto sin que ellos tuviesen que esforzarse mucho. Y, debido a esto, el asunto terminaba mucho más rápido y de manera más limpia.

Esa explicación, en vez de hacerla sentir mejor, la hizo sentir mucho peor. Pero no hizo más que apretar la mano de su esposo y asentir cuando él le había preguntado si estaba dispuesta a hacerlo. Después de eso, Adrian hizo los honores de “abrir la puerta” para que todos pudiesen ir a la Tierra. Por suerte, y a pesar de que lo que atravesaban era la distancia entre un mundo y otro, el trayecto fue igual de corto que el que hubiesen tomado para salir del salón en donde habían estado reunidos.

Ella, Adrian y el Recolector aparecieron en los alrededores de una fiesta de disfraces. Anne y Adrian no tuvieron que cambiarse de ropa ya que andaban vestidos con sus níveos trajes ceremoniales; sólo conjuraron unos antifaces dorados. Adrian, para rematar su llamativo atuendo, conjuró unas coronas a juego con sus antifaces. Anne sólo sonrió cuando él, con una respetuosa inclinación de cabeza, le colocó su corona en la cabeza.

El Recolector se dirigió hacia donde estaba su presa sin siquiera avisarles. Si a Adrian le pareció una falta de respeto, no lo demostró. El tipo, un hombre alto y corpulento vestido de bombero, estaba alejado de la multitud que bailaba y tomaba en medio de la calle. Anne le dirigió una mirada al Recolector mientras este se acercaba a su presa y se sintió aterrada al ver su rostro; al percibir las ansias de sangre que corrían por las venas del hellaveniano.

Todo pasó rápido, tanto que a Anne no le dio tiempo de asimilar lo que estaba viendo. Para ella todo fue golpes, maldiciones, sangre salpicando por todos lados y gritos de dolor. Para ella todo fue un revoltijo de emociones dentro de su ser, todas ellas tan extrañas y desagradables que la asustaban. Y antes de que se diese cuenta, ya se estaba acercado al lugar en el que yacía el terrano, terriblemente golpeado y cubierto de sangre. Si no hubiese sido por Adrian que la tomó por la cintura y la alejó del cuerpo aun con vida, quien sabe lo que hubiese hecho (Adrian no quiso arriesgarse y desaparecieron en el acto).

Cuando llegaron al castillo, ella aun estaba pensando en el hecho de que, a pesar de lo brutal del asunto y del hecho de que juraban y perjuraban que hacían eso por necesidad, los hellavenianos disfrutaban matando a los terranos. Y ella, a pesar de haber sido una terrana hacía tiempo, también había disfrutado del espectáculo.
La Premonición
Titulo: Amante de la noche
Fandom: La Premonición.
Claim: Adrian Nightingale
Tema: # 9- Estrella
Palabras: 171 palabras
Advertencias: Ninguna.

Adrian, aunque dijese lo contrario muchas veces, adoraba la permanente oscuridad de su mundo. Adoraba el hecho de que la luna era el astro reinante en ese oscuro cielo y las estrellas sus hermosas doncellas que brillaban gentilmente para alegrarle el día (o la noche, en este caso), como lo hacían las bailarinas en un cabaret. Exuberantes, incitantes, prometiéndote miles de cosas si solo te quedabas a contemplarlas.

Y siempre quiso encontrar a alguien que sintiese lo mismo que él. Alguien que pudiese apreciar la belleza de esa noche eterna sin pensar en el doloroso futuro del Hellaven. Alguien que solo se recostase a su lado y buscase formas entre las estrellas. Alguien que amase su mundo tal cual era, con sus enormes diferencias de la Tierra.

Pero él no podía darse el lujo de tener alguien así a su lado. Aunque debía ser franco, dudaba que existiese en el mundo otra persona como él. O peor aún, dudaba que si esa persona existiese, quisiese compartir ese maravilloso momento con él.
La Premonición
Titulo: Sucesos extraños
Fandom: La Premonición.
Claim: Luke Brown- Adrian Nightingale- Anne Foster
Tema: #21 – Desconcierto
Palabras: 1630 palabras
Advertencias: algunas palabras mal sonantes. Nada de otro mundo.

Luke aún no podía creer lo que le habían pedido que hiciera. Y eso, que le habían tocado hacer muchas cosas extrañas en su vida. Pero esto… esto era otra cosa.

Ir a la tierra y hacer de Recolector no era una de las cosas que más le agradase hacer. Tampoco lo había hecho antes, cabía mencionar. Él era uno de los Encargados de la Limpieza, o sea, una de las poquísimas personas que se encargaban de deshacerse del trabajo de los Recolectores. Y ahora a él le tocaba hacer el asqueroso trabajo de uno de ellos.
Solo con pensarlo le provocaba escalofríos. Mucho más si tomamos en cuenta el hecho de que él odiaba profundamente a los terranos y todo lo que estuviese relacionado con ellos.

Pero bueno, no podía negarse a hacer su trabajo ya que esa había sido una orden directa del Rey. Y decirle que no a ese hombre era igual de peligroso que meterse en una jaula llena de leones hambrientos envuelto en tocino.

Pero de todo eso, lo que a Luke más le molestaba no era ir a la tierra y atrapar a un humano y hacer lo que sea que hiciesen los Recolectores. No. Lo que a el le molestaba en realidad era tener que hacerlo con Adrian al lado. ¡Por Dios, como detestaba a ese tipo!

Adrian Nightingale, Príncipe del Hellaven, era la persona más insufrible, pedante, orgullosa y creída que él hubiese conocido en toda su vida. Era un niño mimado que, solo porque ostentaba el maravilloso titulo de Príncipe, creía que era el dueño del mundo. Creía que todo el mundo debía rendirle pleitesía y besarle los pies. O peor aún, considerar como un lugar santo lo que él tocaba o pisaba. Pobre idiota.

Y ahora, le tocaba estar con él, sabría Dios por cuanto tiempo, en un mundo que detestaba más que al tipo que tenía al lado. Genial. Simplemente genial. Su día no podía ser peor.

Cuando ambos cruzaron la puerta que conectaba los dos mundos y llegaron al otro lado, Luke fue inmediatamente azotado por las altas temperaturas de la Tierra. Bien, ese lugar se ganaba un punto solo por eso. Él realmente odiaba el frío del Hellaven, y salir de ese lugar y entrar a este calido mundo, era realmente una bendición.

El lugar en el que se habían aparecido era un bosque, oscuro y tan tenebroso como el Bosque de los Lamentos de su propio mundo. No había farolas que alumbrasen los alrededores y la luz de la luna a penas se filtraba por las altas y frondosas copas de los árboles, creando horripilantes formas en el suelo.

Quería decirle a su compañero de viajes un par de insultos por haberlo llevado a ese desolado lugar, con la excusa de que ninguna persona con dos dedos de frente y en pleno usos de sus facultades mentales, estaría rondando ese sitio a esa hora. Pero, para su mala suerte, un terrano apareció. El dulce aroma de su piel lo delataba a pesar de estar en su mundo. Bien, ya tendría oportunidad de insultarlo en otro momento.

El terrano recién llegado era una chica, de baja estatura y cabello muy corto y en punta. Estaba vestida completamente de negro, con una falda extremadamente corta y deshilachada, medias que le llegaban un poco mas arriba de las rodillas, zapatos planos y una camiseta negra sin ningún diseño. Desde donde estaban no podían ver exactamente sus rasgos ya que la luz en aquel lugar era muy pobre, pero no había que ser un genio ni estar a dos pasos de ella para saber que la chica era bastante extraña… mucho mas extraña que ellos dos juntos, y eso ya era mucho que decir.

Luke iba a preguntarle a Adrian si esta era la chica a la que habían ido a “cazar” pero ni siquiera llegó a abrir la boca cuando su compañero negó lentamente con la cabeza. Como odiaba cuando hacia eso. Sus pensamientos eran privados, por algo no los compartiría con él. Pero, al parecer, a Adrian le encantaba la idea de fisgonear dentro de su cabeza. Maldito bastardo.

La joven, mirando hacia todos lados como si hubiese perdido algo y lo estuviese buscando, se fue acercando lentamente a ellos. Ambos hombres quedaron con la boca abierta al ver que su extraña acompañante no era mas que Anne, la chica que había pasado más de un año en el Hellaven y a la cual, supuestamente, Adrian había matado… dos veces.

Luke giró la cabeza lentamente y lo miró con una clara expresión de desconcierto en el rostro, esperando que su compañero volviese a leerle la mente y le diese una buena respuesta. Pero su sorpresa fue aún mayor al darse cuenta de que el maravilloso y perfecto Príncipe, estaba igual de desconcertado y sorprendido que él.

Esa estrambótica jovencita, de ojos y labios maquillados de negro, con un desastre por cabello y llena de abalorios plateados, era la hermosa y dulce chica de la cual ambos se habían enamorado. Pero eso no era lo peor de toda esa extraña situación. Lo más desconcertante era el hecho de que estaba viva… muy diferente de la Anne que conocieron una vez, pero viva al fin.

¿Cómo demonios era eso posible?

Definitivamente, esa chica tenía mucha suerte… o Adrian era un completo inútil. Luke quería pensar que eran ambas cosas a la vez.

Trató de acercarse a la joven y tocarla pero se llevó un chasco al darse cuenta de que su mano la atravesó como si ella fuese un espectro.

¿Qué demonios…?

— ¿Puedes hacerme el grandísimo favor de explicarme que coño está pasando aquí?

Luke se dio la vuelta y le preguntó a Adrian con tono rudo, mientras le dirigía una mirada mordaz. El Príncipe no le dijo absolutamente nada. Seguía mirando a Anne como si fuese una aparición mientras murmuraba “ella está muerta, ella está muerta” una y otra vez.

Perfecto, lo que le faltaba, que el único que podía llevarlo de vuelta a su mundo se hubiese vuelto loco.

Se acercó al hombre y, a regañadientes, colocó las manos en sus hombros para zarandearlo y hacerlo volver en sí. Si eso no funcionaba, tendría que golpearlo. Lastima por Adrian, ya que Luke estaba seguro de que saldría bastante magullado de ahí si no volvía al lado de los cuerdos en esos momentos.

Adrian sacudió un poco la cabeza y le dirigió una mirada total y completamente desconcertada.

—Ahora que tengo toda tu atención, Principito, quiero que me digas qué demonios hace Anne aquí.
— ¿Debería saberlo?—fue su escueta respuesta.

—No, claro que no deberías saberlo. — le dijo con sarcasmo— Porque, según tu, Anne estaba muerta, ¿no? Pero déjame decirte algo, los muertos no caminan. Y esta chica se ha librado de la muerte dos veces. ¿Tiene eso algo de lógica para ti? ¿Tienes algo decir respecto a eso?

Adrian quitó las manos de Luke de sus hombros con un movimiento brusco y se arregló su abrigo.

—Por el tono con el que me dices eso, debo suponer que dudas de que en verdad haya hecho mi trabajo. —Luke bufó, enormemente contrariado— Créeme, hice lo que tenia que hacer… en ambas ocasiones. Pero, al parecer, alguien o algo no quiere que esta chica muera. En ese caso, yo no puedo hacer nada.

Si Adrian, que era bastante viejo y sabio a pesar de tener la apariencia de un chico de veinte años, decía eso, algo de lógica debía tener ese asunto. Aunque Luke seguía dudando.

— ¿Y qué hacemos ahora? No podemos tocarla y ella, tampoco puede vernos…— le preguntó mientras le dirigía una mirada a la chica, que seguía buscando entre los árboles.

—No vinimos por ella, ya te lo dije— musitó, serio.

—Pero…

—Sin peros, chico. No hay nada que podamos hacer. Olvida a la chica y haz tu trabajo. A menos que quieras tener problemas con el Rey.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no patearle el trasero por ser aun más idiota e insoportable de lo que era siempre, Luke se dispuso a pasar por el lado de Anne y salir del bosque. Y aunque le costase admitirlo, Adrian tenia razón. Ellos habían ido a ese lugar a cumplir una misión y no a pasear ni a tratar de resolver otro tipo de problemas.

En el mismo instante en el Luke cruzaba por el lado de Anne, ella movió su mano y lo tocó. No fue un gesto premeditado ni nada que significase que ella sabía que él estaba ahí, pero, de todas formas, su calida mano tocó su piel sin siquiera traspasarla. Ella miró el lugar en el que él estaba con los ojos bien abiertos, completamente perpleja por haber sentido algo sólido en donde no había nada, pero a los pocos segundos movió la cabeza de un lado a otro, restándole importancia al asunto.

Ella se había vuelto loca hacia mucho tiempo, por eso creía ver cosas donde no había absolutamente nada. Por eso recordaba cosas que en realidad, nunca pasaron.

Como si nada hubiese pasado, siguió caminando, adentrándose más en el bosque, mientras Luke y Adrian se dirigían en dirección contraria.

“Eso fue raro”, pensó Luke mientras caminaba, con un muy silencioso Adrian al lado. Definitivamente, esa era una de las experiencias más extrañas de su vida. Olvida lo de los Recolectores y todo el trauma que eso podría acarrearle. Esto era algo mucho más grande, más profundo e importante. Él hecho de que Anne estuviese viva y pareciese bastante ajena a su mundo y a lo que había vivido, era un misterio que el, definitivamente, iba a resolver. Y cuando lo hiciera, iba a llevarse a Anne de vuelta al lugar en el que debía estar. Eso era seguro.
La Premonición
Titulo: De Caza
Fandom: La Premonición
Palabras: 2423
Claim: Mi adorada Anne Foster. Un personaje que tendrán que amar. Luke Brown. Adrian Nightingale
Comentario: Aun me cuesta escribir sobre esto a pesar de que tengo miles de ideas revoloteando en mi cabeza como mariposas en una pradera. O como las moscas que aparecen después de la lluvia. Molestas ideas que mis amadas musas (o tal vez es una sola musa hiperactiva) me piden a gritos que atrape con mis cansadas manos. XP ¿Poético? Que va. Es solo que estoy algo aburrida.

En fin, tratare de hacer lo mejor que pueda, y espero que ustedes disfruten de lo que con tanto trabajo salió de mi cabecita.

Besos.

PD: todos los personajes y todo lo referente a esta historia me pertenecen. Si ves esto en algún sitio, me gustaría que me lo dijeras. Gracias.


Corría por el campo por primera vez en mucho tiempo. Por fin la habían dejado salir de la prisión en la que la habían mantenido durante tanto tiempo y que tenían la osadía de llamar casa. Vamos, eso no era un hogar por más que te esforzaras en creer que lo era. Ellos sabían que por más que se lo repitieran ella no iba a creerlo y tampoco iba a dejar de sentir ganas de salir y sentir la fría brisa nocturna acariciando su piel, pero igual lo hacían, tal vez para molestarla, quien sabe.

Ella había pataleado, gritado, amenazado de muerte a muchas personas y después de colmarle la paciencia a más de uno, logró que la dejaran salir. Sabía que algo se traían entre manos pero igual no le importaba. Estaba afuera, era libre (medianamente libre, pero libre al fin).

Llegó a un campo acompañada de uno de los molestos guardias que no le quitaba un ojo de encima. Tal vez pensaban que todo eso de querer salir a tomar aire no era más que un plan para escaparse. Que pocos confiados eran esos hombres del reino. Ella no quería huir, porque sabía que no tenía ningún lugar a donde ir. Así que la idea de pasarse los días y las noches vagando por el Hellaven no se le antojaba muy atractiva. Era mucho más divertido y beneficioso para ella permanecer dentro del castillo, molestando a los guardias.

—Hey, tu. ¿Podrías dejar de seguirme? Necesito privacidad.

—Si, claro.

—Si no lo haces, juro que te morderé— le dijo seria, poniendo su más terrorífica expresión facial.

El guardia pareció reconsiderar las posibilidades de ganar en un enfrentamiento con la chica y al caer en la cuenta de que perdería al primer golpe suyo, pensó que lo mejor era hacerle caso. Esa mujer era de temer, él lo sabía muy bien.

—Está bien. Pero que no se te ocurra escapar porque te las veras negras— ella le sonrió y casi dando saltos de alegría vio como el hombre se daba la vuelta para volver al castillo.

El hecho de que él hiciera eso no significaba que no tendría a toda la guardia pendiente de cada cosa que hiciera. Solo significaba que no tendría a una persona pisándole los talones.

Ya sola en medio del bosque, empezó a caminar por los alrededores, conociendo la zona; recordando como había acabado así, porque todo había comenzado justo en ese bosque hacía unos meses. Había ido al castillo a salvar a Edna y en el camino se había topado con la única persona en todo el Hellaven que le provocaba un terror tan grande capaz de hacerla gritar y desfallecer en el acto; era el hombre que la había llevado a ese mundo por error. Un hombre cuya belleza sobrepasaba los limites de lo real, de lo humanamente posible.

Pero toda esa perfección y belleza que lo rodeaba no le impidió que la atacara y la convirtiera en lo que ahora era. Una especie de monstruo detestable al que todos le tenían miedo aunque no lo quisieran aparentar. Algunos decían “es solo una chica. ¿Qué podría hacernos?” pero cuando estaba en su etapa de transición descubrieron que la pobre chica indefensa era capaz de acabar con todos los guardias del castillo de un solo golpe. Si no hubiese sido por el príncipe, en esos momentos el Hellaven estaría reclutando nuevos guardias.

Sacudió su cabeza tratando de que esos pensamientos desaparecieran y siguió caminando por el bosque, con la brillante y enorme luna plateada alumbrando su camino. Caminó sin rumbo fijo, deteniéndose algunas veces al escuchar el ruido que producían los escurridizos animales del bosque, hasta que llegó a una parte del bosque que estaba bloqueada. Ella no recordaba haber visitado ese sitio nunca, y eso que había ido a muchos sitios en compañía del Equipo de Limpieza.

Los árboles en esta zona eran más bajos que en los alrededores del castillo, y había menos espacio entre ellos. Formaban una cerrada muralla que parecía proteger algo importante. Muerta de curiosidad, se acercó para averiguar que era lo que se encontraba allí. Al darse cuenta de que el espacio entre los árboles era demasiado estrecho para que ella pudiera pasar, trepó el árbol hasta llegar a una de las ramas más altas y de un salto se lanzó hacia el otro lado, cayendo sin provocarse el más mínimo daño. Sonrió. Pero este gesto le duró muy poco.

Un olor fuerte, claro, delicioso, llegó hasta ella mareándola, haciéndola perder el sentido de las cosas. La aún incontrolable bestia que llevaba dentro se agitó y rompió las cadenas que la ataban, dominando el cuerpo de la chica. Ya no era la tranquila Anne que había ido a dar un paseo por el bosque, ahora era una feroz depredadora capaz de acabar con todo y con todos si no la detenían a tiempo. Y todo por culpa del olor de la sangre de un terrano.

Caminó por el bosque, siendo guiada por su poderoso sentido del olfato, tratando de hacer el menor ruido posible para sorprender a su presa. Trepó árboles, arrancó de un tirón algunos arbustos que le estorbaban hasta que llegó a la linde del bosque. Estaba oscuro en esta parte del Hellaven, por lo que tenía ventaja.

Siguió caminando, extasiada porque el olor a sangre era cada vez más fuerte. A muy pocos metros de distancia estaba su objetivo, podía sentirlo. Y ahora que estaba más cerca, pudo percibir otro aroma, mucho más débil y menos delicioso, pero que le resultaba altamente atractivo. Se olvidó del humano, ese ya no era su objetivo. Su meta ahora era el hellaveniano que lo acompañaba.

Se acercó lenta y sigilosamente hasta el lugar en el que el hellaveniano (que era del Equipo de Limpieza) realizaba su trabajo con suma concentración. Trepó un árbol, mucho más alto que el anterior, y fue saltando de rama en rama hasta llegar a uno que estuviera más cerca de él. Cuando vio su rostro todo dentro de ella se agitó. La ansiedad, expectación y deseo que sentía en esos momentos se duplicó haciéndola gruñir. Era doloroso sentirse así, pero esa sensación desaparecería cuando lo tuviera entre sus pequeños brazos y mordiera su frágil cuello. ¡Oh, cuánto lo deseaba!

De un saltó se bajó del árbol y cayó muy cerca de él, sobresaltándolo. La expresión de su rostro al verla fue de puro pánico y sorpresa, por lo que retrocedió unos cuantos pasos.

“Esa no podía ser ella. Esa no era ella”, se decía una y otra vez como si de esa forma pudiese convencerse de que era cierto. Pero sabía que no lo lograría. Esa mujer de brillantes ojos rojos y largos y filosos colmillos era Anne, su Anne. Y ella ahora quería atacarlo. Devorarlo como si fuese un animal salvaje y él, su presa.

Se dio la vuelta y salió corriendo rumbo a su casa, que era el único lugar seguro que conocía. Estaba demasiado nervioso, asustado y anonadado como para aparecerse, pero por suerte su casa estaba cerca. Ella corría detrás de él, saltando de rama en rama algunas veces, pero siempre detrás de él. Era rápida, mucho, pero por suerte no más que él.

Llegó a la casa e inmediatamente se encerró en ella, poniendo todos los seguros y hechizos de protección que conocía. Si se hubiese concentrado solo en los seguros de la puerta, hubiese perdido la batalla. Ella era lo suficientemente fuerte como para derribar la puerta de una sola patada. Pero los hechizos, en especial el de fuego, eran realmente efectivos y poderosos. Los seres como ella —porque no se atrevía a llamarla monstruo— odiaban el fuego.

Ella aulló como un animal herido cuando se quemó al tratar de acercarse a la casa. El escudo de fuego era invisible, por eso no lo había visto. Siguió gritando y gruñendo, esta vez de furia, al descubrir que su presa, esa que tanto ansiaba tener, se había escapado de entre sus dedos y que, por más que tratase, no podría conseguirla. Por lo menos no de esa forma.

Ella, ahora que era una hellaveniana, podía hacer cualquier tipo de magia. Pero como no era Anne la que estaba actuando, sino la bestia, no podía recurrir a la magia porque no estaba actuando como un ser racional, sino como un animal. Si ella hubiese estado en pleno uso de sus facultades, hubiese conjurado un escudo, cruzado la barrera de fuego y entrado a la casa sin problemas. Pero no podía, y Luke le daba gracias a todos los seres mágicos de ese mundo porque eso era así.

El quejido de dolor que salió de la boca de la chica al tratar de traspasar la barrera nuevamente, alertó a los guardias, los cuales salieron corriendo en su búsqueda. Cuando se había transformado, le habína perdido la pista, pero al escucharla, habían podido localizarla sin problemas.

Los guardias al tratar de salir a buscarla, chocaron con una barrera invisible que los lanzó varios metros hacia atrás. Sin saber muy bien que había pasado, se pusieron de pie, y los que estaban más atrás pudieron ver a la figura que había creado el escudo y había impedido que ellos salieran; era el príncipe.

Inmediatamente cayeron en la cuenta de que era él, hicieron una profunda reverencia que duró hasta que él atravesó la barrera y despareció frente al castillo. Todos sabían para que había salido. Él pretendía solucionar las cosas, a su manera, por su puesto.

Adrián se apareció justo en el lugar en el que Anne golpeaba una y otra vez la barrera, hiriéndose. Sin perder el tiempo, se acercó a ella y la tomó por la cintura, tirando de ella hacia atrás. Luke veía todo desde la ventana de su casa.

Con profundo horror vio como Anne se retorcía y luchaba para tratar de soltarse y llegar a él. Vio como gruñía y le enseñaba los dientes, a él, porque ella sabía que él la estaba mirando a través de la ventana. Y por ultimo, vio como el príncipe, con solo susurrarle algo al oído, había logrado calmarla.

Anne, o la bestia (Luke ya no sabia cual de las dos era) se dio la vuelta para quedar frente a Adrian. Con manos temblorosas debido a la ansiedad, tomó una de las manos del príncipe y se la llevó a la boca, para morderla y así saciar la dolorosa sed que la consumía. Ese gesto le pareció algo demasiado intimo y a la vez demasiado repugnante, pero no podía dejar de ver; estaba aterrado, tanto, que sus piernas no le respondían a la orden de moverse, de alejarse de esa ventana.

Cuando Anne soltó la mano del príncipe pensó que ya toda esa pesadilla había acabado, pero no era así. Ella, con una rapidez sorprendente, se apoderó de su cuello y lo mordió con voracidad, succionando, lamiendo, tomando de su sangre como si eso fuese la cosa más maravillosa del mundo. Luke sintió asco y si por algún momento pensó que Anne podría volver a ser la misma de antes alguna vez, perdió las esperanzas con solo ver esa escena.

También se fijó en algo realmente importante: el príncipe lo miraba y la expresión de su rostro demostraba que realmente estaba disfrutando al verlo sufrir de esa manera. Sin quitar esa maligna sonrisa de su rostro, separó a la chica de sí, le susurró algo al oido, y le señaló el lugar en el que él estaba. Luego chasqueó los dedos y con un movimiento de su mano la instó para que se acercara. Ella dudó unos instantes, pero al ver que él seguía insistiéndole y le prometía que le iba a dar más sangre si lo hacía, se acercó.

Ella alargó la mano para cerciorarse de que la barrera de fuego ya no estaba ahí; su mano atravesó el espacio sin problemas. Sonrió complacida, enseñando los colmillos en el acto. Siguió caminando, esta vez más deprisa, y se acercó a la ventana. Luke estaba estático, más horrorizado que antes al ver que la chica había atravesado la barrera sin problemas y que ahora estaba cerca de él, a punto de matarlo. Pero Anne no hizo eso.

Ella solo se limitó a acercarse a la ventana y a poner sus manos en el mismo lugar en el que estaban las de él al otro lado del cristal. Lo miraba fijamente, con esos diabólicos ojos rojos que él tanto odiaba y lo aterraban, tratando de adivinar quien o qué era él. Parecía confundida, pero a medida que el color de sus ojos iba pasando del rojo al azul, la expresión de su rostro iba a cambiando, dejando atrás de confusión para pasar a la sorpresa y al desconcierto.

La bestia, satisfecha ya, había vuelto a su celda, dejando solo a una muy desconcertada Anne frente a la casa. No entendía por qué estaba en ese lugar, cómo había llegado ahí, ni el hecho de que Luke la mirara con tanto espanto y rechazo. Se miró las manos y al verlas llenas de sangre comprendió que había hecho algo terriblemente malo.

Quiso hablarle, explicarse, pedirle perdón por lo que había hecho —aunque no sabía como iba a hacerlo—. Quería hacer algo, lo que fuese, con tal de que él quitara esa fea expresión de su hermoso rostro. Adrian se acercó a ella y le puso una mano sobre el hombro, diciéndole que tenían que volver ya al castillo. Ella no quería irse, no sin antes explicarse; pero al parecer Luke no quería escuchar sus razones ni seguir viéndola. ¡Había estado a punto de matarlo! Era lo menos que él podía hacer.

Él, ya más tranquilo y por fin dueño de sus actos, empezó a dar pasos hacia atrás, para alejarse de esa ventana. Ella golpeaba el cristal, como si de esa forma pudiera impedir que él se alejara de ella. Él seguía retrocediendo, alejándose de ella, poniendo una muralla entre los dos.

Al final, Anne dejó de golpear el cristal, resignada ante la idea de que él ya no quería saber nada de ella. Lo había herido, eso estaba más que claro. Y después que se llegaba al extremo de lastimar a un ser amado, cualquier cosa podría pasar.

Sintiendo como el cansancio y el dolor hacían mella en su cuerpo, se puso de pie y tomó la mano que Adrian le tendía. Ahora lo tenia a él y aunque le doliese pensarlo, no podía ni debía preocuparse por nadie más. Y eso incluía a Luke.
La Premonición
Fandom: La Premonición
Claim:Anne, Luke, Adrian, Juliette.
Título: De vuelta a casa
Palabras:1514
Resumen: Anne se siente incomoda a pesar de estar en su casa. Anne piensa que todo fue real pero ellos le dicen que no. ¿Quién se equivoca?
Notas: Como en el epilogo de la historia solo hice una ligera mención e este personaje y necesitaba mencionarlo algunas veces, decidí darle “participación” en la historia. Así que, gente, aquí está Juliette. Juliette, aquí está la gente XD.
Espero que les guste. Besos.


Ya habían pasado tres semanas desde que había vuelto a casa y aun no lograba sentirse cómoda. Y no era la misma incomodidad que había sentido las primeras semanas que estuvo en el Hellaven. No. Aquí, en su hogar, se sentía como una completa extraña. Una intrusa. Fuera de lugar. Se sentía como se sentiría un payaso en un entierro. Y ese no era un tema del cual pudiera hablar con alguien. ¿Cómo podía decirle a su familia que había estado en un mundo paralelo por más de un año sin que pensaran que era una broma o que había perdido la cordura?

Si hubiese estado perdida durante ese periodo de tiempo hubiese sido posible que le creyeran pero como, según Juliette —su mejor amiga—, no habían pasado ni cinco minutos desde que había salido corriendo como una completa desquiciada de la fiesta hasta que la había encontrado, era imposible que tomaran en cuenta sus palabras.
Pero también lo que había pasado la había dejado inquieta y dudando de su propia cordura. Es que era impensable que una persona se escapase de las garras de la muerte dos veces. Dos veces. Se suponía que para esas fechas ella debía estar muerta pero no, ahí estaba, sentada en uno de los bancos de piedra del parque, dudando de sus propias palabras y sentimientos.

¿Y si todo eso que ella había “vivido” no era mas que un sueño? ¿Y si el Hellaven y todo lo que allí había no era mas que el fruto de su anhelante imaginación que la hacían ver cosas donde no las había? ¿Y si…? Dios, ya se estaba volviendo loca.

—Anne, ¿Qué te pasa?—le preguntó Juliette mientras se recogía el largo cabello rubio teñido en una coleta alta— Estás actuando raro desde la noche de la fiesta. Hoy más que nunca.

Anne suspiró profundamente y luego giró la cabeza para mirar a su amiga. Le dedicó una sonrisa nerviosa que la hizo ver más rara de lo que ya estaba.

—Creo que me estoy volviendo loca, Jul. Yo… ah…no se como explicarte lo que me pasa.

— ¿Tiene que ver con tu rompimiento con Solomon?

Juliette, al igual que todos sus conocidos, se había sorprendido a sobremanera cuando Anne rompió con “su amor de toda la vida”. Ellos habían estado tan bien, su relación iba viento en popa, incluso habían empezado a hablar de compromiso, boda e hijos y de repente Anne decide romper con él. Y ese era solo el primer eslabón de la larga cadena de cosas raras que había estado haciendo Anne desde aquella noche: la noche de la fiesta.

—Mas o menos. Yo…no puedo. No puedo hablar de lo que pasó esa noche.

—Anne, esa noche no pasó nada. Tú saliste de la fiesta sin ninguna razón aparente y yo salí detrás de ti. Nada más.

Le dijo como si ella fuese una niña pequeña a la cual hay que explicarle las cosas con mucha calma para que las entienda.

— ¿Y que pasó con el chico? Aquel chico que entró a la fiesta y por el cual te volviste loca.

Necesitaba que su amiga le dijese que no lo había imaginado. Necesitaba saber que Adrian existía o se iba a volver loca. Juliette la miró, confundida, pero segundos después recordó a quien se refería su amiga. Sonrió con picardía.

—Era todo un bombón, ¿verdad?—Anne asintió y se sonrojó— la verdad es que no se que pasó con él. Recuerda que salí detrás de ti y por eso le perdí el rastro. Y cuando volví al salón por nuestros bolsos él ya no estaba. —Juliette hizo una pausa esperando que su amiga le dijera algo. Pero como se quedó callada, ella siguió hablando— ¿Por qué lo mencionaste, Anne? ¿Es que acaso lo conoces de algún lado?

—Yo…ah… mas o menos. Dios, esto es tan confuso. Ya ni siquiera se que es real y que es un invento.

—Yo te puedo asegurar que ese chico era real. Muy real— dijo acentuando al palabra “muy”— Aunque hay que admitir que parecía un poquito irreal también— sonrió— Ya sabes, por todo ese de que era tan exageradamente guapo. Pero dime, ¿de donde lo conoces? Porque por tu cara se que lo has visto en otro lado…

Anne no le respondió. Se puso de pie rápidamente y salió corriendo tal cual lo había hecho la noche de la fiesta, dejando a su amiga con la palabra en la boca. La única diferencia entre esta “huida” y la otra, era que Anne no parecía asustada sino mas bien ilusionada, esperanzada. Era como si hubiese visto algo que le había gustado pero dudaba de que fuese real.

Juliette tomó los bolsos y salió corriendo detrás de ella preguntándose qué demonios le pasaba a su amiga. Porque era obvio que algo le pasaba. “Quizás se había dado un golpe en la cabeza y por eso estaba actuando tan extraño”, pensó Juliette.

Cuando llegó a donde estaba su amiga y la vio con los dos hombres más hermosos e impresionantes que ella hubiese visto en su vida (y eso, que había visto muchos), toda ella se sintió desfallecer. Sintió como el agarre que ejercía sobre los bolsos se aflojaba y como estos se deslizaban de entre sus dedos hacia el suelo. Y sintió sus piernas como si fueran de gelatina al ver como uno de ellos —el que iba vestido completamente de blanco, resaltando su cabello oscuro— se acercaba a una sorprendida Anne y la besaba en los labios, después de que el otro —un rubio impresionante, completamente vestido de negro— la hubiese abrazado como si hubiesen tenido siglos sin verse.

—Anne— la llamó, y cuando los ojos grises y azules de los hombres se posaron en ella sintió que le faltaba el aire. Y en medio de todo su caos interno, se dio cuenta de que el que había besado a Anne era el mismo que había ido a la fiesta, y por el cual Anne había salido corriendo. Igual que ahora. ¿Casualidad, coincidencia o ambas cosas?

Anne se acercó rápidamente a su amiga (la cual estaba arrodillada en el suelo del parque), mirando por encima de su hombro de vez en cuando, como asegurándose de que los dos hombres estuvieran ahí, y tomó su bolso.

—Anne, ¿Quiénes… quienes son ellos?

Volvió a mirar hacia atrás y luego le dijo con una enorme sonrisa en el rostro:

—Son mi vida, Jul. Son todo lo que necesito para ser feliz. ¿Lo entiendes, verdad?

— ¿Por ellos terminaste con Solomon?—parecía alarmada mas por el hecho de que hubiese dejado a su amigo de toda la vida que por el hecho de que lo hubiese hecho por dos hombres. Dos completos desconocidos, a su parecer.

—Sí— aseguró.

Juliette iba a refutar. De seguro iba a empezar a hablar sobre lo maravilloso que era Solomon, pero Anne se lo impidió con un movimiento de su mano.

—Me voy a ir con ellos, Jul. Necesito irme con ellos— abrazó a su sorprendida y confusa amiga y le dio un beso en la mejilla— Dile a mis padres que estaré bien y que los quiero mucho. Trataré de venir a verlos pronto, pero si no lo hago, diles que… diles que nunca me olvidaré de ellos. Tampoco me olvidaré de ti, linda. Recuérdalo.

Cuando se iba a poner de pie, Juliette la agarró por los hombros y la zarandeó, buscando de esa forma que su amiga recuperara el sentido común.

—Anne, por Dios, ¿te estas escuchando? Estas hablando de irte de tu casa. Dejar tu carrera por dos tipos que no conoces…

—Los conozco. Los conozco más que a mi misma— le respondido muy segura de sus palabras, cosa que alarmó a Juliette.

— ¡Mentira! Al de blanco lo viste hace tres semanas en la fiesta. En tres semanas no se puede conocer a alguien tan bien, Anne… ¿Por qué…por que me das esto?
Anne había rebuscado en su bolso hasta encontrar un llavero con una única llavecita plateada. Se lo había puesto en la palma de la mano y le había cerrado los dedos sobre ella, como en un puño, y había dejado su mano sobre la de ella.

—En la mesita de noche de la derecha, en la gaveta de abajo, está mi diario. Léelo. Allí encontraras las respuestas a todas tus preguntas.

Y dicho esto abrazó fuertemente a su amiga y salió corriendo rumbo a los dos hombres. Se colocó en el medio de ambos y le tomó una mano a cada uno. Mientras caminaba con ellos rumbo a algún lugar en el cual pudieran desaparecerse o hacer lo que sea que ellos habían hecho para llegar hasta ese lado de la puerta. Miró por encima de su hombro una sola vez. Le dolía despedirse de su amiga y la idea de no volver a verla la carcomía por dentro, pero era lo mejor. Aunque quisiera, Anne no podría llevarla al Hellaven. Ese no era el lugar de Juliette, pero en cambio sí era el de Anne. Porque su lugar estaba en donde Luke y Adrian estuvieran.
La Premonición
Fandom: La Premonición
Claim: Adrian Nightingale
Título: Injusticia
Palabras: 639
Resumen: Adrian tiene una misión que cumplir pero él no esta muy contento con eso. Y cuando la lleva a cabo, se siente mucho peor.
Advertencias: Spoiler.
Notas: Este Drabble es parecido el prólogo solo que esta escrito desde el punto de vista Adrian. Es como él ve las cosas, como se siente cuando va a “darle caza” a Anne.

¡Que injusto es el destino!

Ariadna, mi hermana menor, solía decir mucho esa frase pero yo nunca supe porque; tampoco le encontraba sentido, pero ahora que estoy donde no debería estar, creo entenderla un poco.

¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que hacer este tipo de trabajos? ¿No se supone que en el reino hay personas que se encargan de eso? Pero no, a mi padre se le ocurrió mandarme a mí supuestamente porque soy el indicado. “Este trabajo tiene tu nombre escrito, hijo”, me dijo aquella vez.

¡Yo soy el príncipe, se supone que no debería estar haciendo esto! Pero no, a él no parece importarle eso.

Sigo caminando por los pasillos de este viejo edificio rumbo al lugar donde se está llevando a cabo la fiesta, bajo la atenta y escrutadora mirada de cuanta mujer y hombre hay por aquí. Por fin llego a mi destino y sin preocuparme por nada (mucho menos por la molesta mujer que tengo al lado y que no deja de mirarme) entro al salón captando mas miradas. ¿Es que acaso nunca habían visto a una persona fastidiada? Por sus caras, parece que no.

Un movimiento rápido y una voz más alta de lo normal llamaron mi atención en aquel momento. Una chica salía corriendo del lugar mientras otra la llamaba con insistencia. Algo dentro de mi me obligó a salir detrás de ella y a perseguirla por todo el bosque hasta dar con ella y tenerla acorralada contra un árbol; pegada a mi cuerpo mas de lo necesario, sintiendo los desbocados repiqueteos de su corazón contra mi pecho y percibiendo el exageradamente delicioso aroma de su piel. Sus ojos, dos pequeños y profundos trozos de cielo, me miraban expectantes, como si supiera lo que iba a pasar y anhelase que pasara. Se le notaba. Aparte del obvio miedo que sentía por mí, estaba fascinada, deslumbrada y eso, por extraño que parezca, me gustó.

Esta no era la primera terrana que cazaba —y de seguro no seria la ultima— pero era la única y primera que en verdad disfrutaría matar.
Alcé la mano derecha y con delicadeza acaricié el rostro de la joven, provocando que un suspiro de sorpresa saliese de sus labios. Su piel estaba caliente en comparación con la mía que era un témpano de hielo y que no se había adaptado a la temperatura del lugar, la cual era mas alta que de donde venia, aunque un poco baja para los terranos.

Ella contuvo la respiración con un gesto que me fascinó y que me incitó a dar le golpe final: el beso de la muerte. Prefería matar de otra forma (drenando toda la sangre del cuerpo, tal y como lo hacían los vampiros. Era más delicioso y placentero. Además, era lo correcto dada mi condición de bebedor de sangre. No era un vampiro pero si necesitaba de esta de vez en cuando para mantenerme) pero con ella se me antojaba que fuese de esta forma porque el deseo de besar sus labios era demasiado intenso. Y lo hice; uní mis labios con los calidos de la chica en un beso que lamentablemente, por más que quisiese, lo intentase o me esforzase, no podría olvidar. Nunca podría sacarme de la cabeza la excitante sensación que recorrió mi cuerpo al sentir que ella me correspondía.

Ese beso también tuvo como consecuencia, como se suponía que debía pasar, la muerte de la chica, que quedó reducida a un pequeño montículo de cenizas que se esparcieron por el bosque ante la más ligera brisa.

Esa noche la recordaría siempre como la noche en la que encontré al amor, y lo destruí por no saber quien era. Por eso ahora, mucho tiempo después, comprendí a la perfección y le di un significado a las palabras de Ariadna. Porque ahora si encontraba injusto al destino.