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La Premonición

Titulo:
¿Amor? No, gracias.
Fandom: Entre el Amor y el Odio (original)
Claim: Jessica Smith
Palabras: 500 palabras
Notas: reto # 73. Para la comunidad Writer's Canvas. Pintora de Pastel. | Insúltenme, amenácenme con quemarme en una hoguera, pero no me lancen tomates lol. Ya sé que esto es un desastre pero, es lo que hay, ¡Confórmense, carajo! xD



“No te preocupes, es sólo amor”

Había leído esa frase una vez hacia muchos años, cuando aún era inocente y la vida no la había golpeado tantas veces. Había creído ciegamente en esas simples palabras. Había pensado que amar era algo hermoso, el tipo de cosa que te hacía sentir plena y feliz.

Pero ella había descubierto, algunos años después, que todo eso era una mentira de proporciones titánicas. Algo que para lo único que servía era para hacer sufrir a los que no habían sido bendecidos con ese don. Algo que sólo servía para hacerte sentir ilusiones y esperanzas de encontrarlo y vivirlo.

Ella había sido insultada, humillada, golpeada, marcada y denigrada hasta tal punto de que nadie se atrevía a mirarla a la cara; y si lo hacían, era sólo para dedicarle una mirada desdeñosa y cargada de asco.

Había entregado su corazón, cuerpo y alma a unos hombres que no habían hecho más que destruirlos y mancillarlos hasta tal punto de que eran inservibles en esos momentos. Había perdido todas las ganas de vivir, de ser feliz. Había dejado de ser quien era para convertirse en otra persona, una mujer total y absolutamente diferente a ella, una mujer que le desagradaba.

¿Y todo gracias a que? Al amor, por supuesto. Gracias a eso que todos alababan, a lo que le escribían canciones y poemas. Y ella no podía entender la fascinación que algunas personas sentían por los temas relacionados con eso.

Ella se había enamorado por primera vez siendo muy joven, quizás demasiado. Había tenido sólo trece años recién cumplidos cuando tuvo su primera decepción amorosa, cuando descubrió que el amor era algo peligroso, una farsa. Y se había jurado a su misma no volver a cometer el error de entregarle su corazón a alguien pero, seis años mas tarde, tuvo que retractarse y tragarse sus palabras.

Ella no le había entregado su corazón a Lucas, él se lo había arrancado del pecho y lo había destruido con sus propias manos. Y le había hecho tanto daño que ni todas las lágrimas del mundo la harían sentir mejor. Todos los “te quiero” no lograrían unir las piezas de su destrozado corazón, ni todos los “lo siento, perdóname” lograrían borrar las heridas tanto físicas como emocionales que le había dejado esa relación.

Por eso ella no lograba comprender a las personas que hablaban del amor con tanta emoción y felicidad. El amor, desde su punto de vista, era sólo dolor y lágrimas. Sangre y traición.

Y ahora venía alguien a decirle que no se preocupara, que sólo era amor… sí, claro. Ella ya había pensado eso una vez y las cosas habían terminado muy mal. En aquel entonces había tenido fuerzas para levantarse y tratar de empezar otra vez, pero ahora ya era muy tarde. Su cuerpo estaba cansado, su corazón destrozado y su alma ansiaba ser liberada.

Ya no le quedaban fuerzas para nada, mucho menos para creer en algo que, en realidad, nunca había podido apreciar.
La Premonición
Fandom: Entre el Amor y el Odio
Claim: Jessica Smith
Título: Sacrificio
Palabras: 205 palabras
Advertencias: Ninguna
Notas: Participa en el quinesob.

Cuando Jessica se enteró del compromiso entre su hermano y Emerald, fue como si todas sus preocupaciones se desvanecieran, dejándola en un estado de serenidad que hacia mucho no disfrutaba.

Ariel había encontrado al amor de su vida. Ariel ya tenía a quien cuidar. Eso era lo que mas le alegraba de toda esa situación: que su hermano ya no estaría solo. Porque, precisamente, eso era lo que la retenía en ese lugar. No quería irse sabiendo que Ariel, tan apegado como era a ella, iba a pasarse los días sufriendo su partida. Pero ahora que tenía a Emerald a su lado, sus atenciones para con ella no serían tan intensas.

Sí, realmente se alegraba. Mucho.

Lo único que empañaba su felicidad era el hecho de que tendría que esperar unas cuantas semanas para poder llevar a cabo su plan; no quería arruinar la felicidad de su hermano y su mejor amiga yéndose antes de la boda. Quien sabe lo que podría pasar si hacia eso. No. tendría que quedarse ahí aunque eso le carcomiese el alma.
Tenía que esperar. Tenía que seguir sufriendo sola y callada en ese pueblo. Pero era por el bien y la felicidad de Ariel. Valía la pena el sacrificio.
La Premonición
Fandom:Entre el amor y el odio
Claim: JessicaxAriel, Lucas
Título: Doloroso Pecado
Palabras: 1488 palabras
Advertencias: Incesto.
Notas: Me he encaprichado con esos dos personajes. Es que, definitivamente, me encanta escribir incesto (aunque no sea realmente buena en ello). A los que no les guste el incesto, lo siento. A los que les gusta, espero sus opiniones ^^.


Era un pecador, uno de los mejores pecadores que podían existir. Era una de las personas que tenían un pase directo y sin escalas al infierno; de los que tenían un lugar reservado con todas las comodidades que este lugar podría ofrecerte y todo gracias a su pequeña hermana. Más bien, por lo que sentía por ella y por todas las cosas que habían hecho juntos… gracias a ella.

No quería culparla porque él también tenía parte de la culpa de todo eso, pero si no hubiese sido por ella él no estuviese en esos momentos sintiéndose tan endemoniadamente mal. Debía admitirlo: aunque aun estaba eufórico por lo que había pasado entre ellos aquella noche, no podía evitar sentir un nudo en la garganta y un enorme peso sobre sus hombros debido a esto.

¡Era su hermana, por Dios santo! Y él se había acostado con ella sin que eso le importase en lo mas mínimo. Mucho menos el hecho de que estaba comprometida con su mejor amigo. No. Él solo pensó en lo que sentía al tener a Jessica entre sus brazos y en saciar esa desaforada y enloquecedora sed de ella que tenía. Solo pensaba en besar sus labios y en recorrer cada centímetro de su pequeño y delgado cuerpo con sus manos. En explorar cada rincón de su ser, en hacerla suya de una y mil maneras posibles.

En esos maravillosos momentos, ni sus padres, ni el compromiso de Jessica con Lucas, mucho menos los lazos de sangre que los unían le importaron en lo mas mínimo. Porque Jessica estaba con él, y no necesitaba preocuparse ni interesarse en nada más.

— ¿Ariel, estas con nosotros?—preguntó Lucas al ver el estado en el que se encontraba su amigo. Ariel lo miró con cara de no entender a que se refería. — Estas en las nubes, amigo.

—Lo siento. Estaba… pensando.

—Si, no tienes ni que decírmelo— rió. Luego, después de tomar un poco de su té, preguntó— ¿Quién es ella?

— ¿Perdona?

—Quién es la chica en la que estabas pensando. Porque es mas que seguro que era en una chica en quien estabas pensando.

Ariel pudo haberle dicho que pensaba en Jessica ya que no había nada de malo en que un hombre pensara en su hermana (a menos, claro, que lo hiciera en la forma en la que Ariel lo hacía). Pero prefirió no hacerlo ya que Lucas se había dado cuenta de que no estaba pensando en cosas muy… sanas.

—No es nadie que conozcas, Lucas. Y dejemos este tema, por favor. No me hace bien hablar de él.

—Como quieras. Yo solo sentí un poco de curiosidad por el hecho de que estabas casi babeando— volvió a reír a costa de su amigo. Pero cuando vio la sombría expresión en el rostro de su amigo, se detuvo en seco y le miró preocupado.
Ariel no era de las personas que tenían ese tipo de expresiones en su rostro muy a menudo. La única ocasión en la que vio a Ariel de esa forma, fue cuando Jessica se había escapado de su casa. Por esta razón su preocupación.

—Ariel, ¿sucede algo malo? Puedes contármelo, sabes que no se lo diré a nadie más.
Ariel dudó unos instantes pero después, agotado de cargar con el peso de su remordimiento él solo, decidió desahogarse con su amigo.

—En realidad sí me pasa algo y temo decirte que no es algo muy bueno.— hizo una pausa en la que tomó aliento y reconsideró si estaba bien contarle algo a su amigo; aunque no fuese toda la verdad— Estoy… enamorado de una chica que no es… apta para mi.

— ¿Su estatus económico tiene algo que ver?

—No, no es eso. Es solo que… ella está prohibida para mí. Ella y yo no podemos estar juntos, Lucas, y es eso lo que me tiene mal.

— ¿Pero tu la amas, verdad?

—Con toda mi alma— le dijo mirándolo fijamente. Lucas no dudó ni un solo instante en la veracidad de sus palabras.

— ¿Y no hay forma de que…?— Ariel negó lentamente con la cabeza.

Lucas se sintió realmente apenado por su amigo. Ariel necesitaba tanto ser feliz que era injusto que justo cuando encontraba a la mujer de su vida, no podía tenerla. Era injusto y deprimente y Lucas se sintió mal porque no había forma de solucionar ese problema.

— ¿Y ella, Ariel? ¿Qué siente ella por ti?

—En realidad…

Ariel se vio interrumpido por la tempestuosa entrada de una Jessica ataviada en un vaporoso vestido rosa pastel, la cual se veía realmente animada. Ariel inmediatamente se dio cuenta de que era su hermana la que había entrado tan alegremente al salón, refrenó las enormes ganas de salir corriendo que sintió. La había estado evitando, sí, pero no era lo mismo hacerlo disimuladamente que hacer una huida precipitada porque ella había entrado al salón. Mucho menos delante de Lucas, después de haberle confesado sus sentimientos.

—Oh, Lucas, estoy tan contenta de que hayas venido a visitarnos— le saludó alegremente, mientras se acercaba a él. Luego, ante la sorprendida mirada de los jóvenes, se inclinó hacia su prometido y lo besó y le dijo muy cerca de sus labios: — Tengo tantas cosas que contarte sobre nuestra boda.

— ¿A que se debe que estés tan contenta, Jessica?—preguntó Lucas, sonriendo, mientras la tomaba de la mano y la instaba a que se sentara a su lado.

— ¿Acaso una mujer a punto de casarse con el hombre que ama no puede estar feliz?

—Puede, pero tú nunca te has mostrado tan eufórica por lo del matrimonio con anterioridad. Una vez me dijiste que hasta le tenias miedo— Lucas sonrió.

—Los tiempos cambian, cariño. Además, antes pensaba de esa forma porque no tenía un prometido tan maravilloso.

Lucas se sonrojó espantosamente y le dirigió una mirada apenada a su amigo. Al ver que Ariel no los miraba, que estaba perdido en sus dolorosos pensamientos, Lucas le dio un toquecito a su prometida para que mirara hacia Ariel. Jessica esbozó las palabras “¿Qué le pasa?” para que su hermano no la escuchase. Lucas solo se encogió de hombros.

—Ariel, ¿Por qué estás así?—le preguntó Jessica, fingiendo no conocer la causa de su tormento. Era realmente despiadada cuando se lo proponía.

—No me pasa nada, Jessica. No te preocupes.

Ella ignoró ese comentario. Se acercó a él lentamente, se sentó sobre sus piernas sin que le importase que su prometido los estuviese mirando y le dio un gran abrazo. Luego, sin que Ariel se lo esperase, le dio un beso muy cerca de los labios (algo que Lucas, obviamente, no noto).

Ariel amaba a su hermana mas que a nada en el mundo, pero en esos momentos era capaz de matarla. Rodear su frágil cuello con sus manos y estrangularla. No podía creer lo cruel que era. No podía creer que fuese capaz de hacerle eso a él, que había dado todo de sí para protegerla. Él, que la amaba quizás más que el propio Lucas.

Ella sabía perfectamente por qué él estaba así. Sabía perfectamente por qué había estado evitándola todo ese tiempo. Sabia cuanto le dolía lo que había pasado entre ellos, el haber traicionado a su amigo. Y ahí estaba, como si nada hubiese pasado entre ellos. Actuando como si no tuviese su corazón entre sus dedos, oprimido, sangrando.

—No estés mal, Ariel— le dijo, aun abrazada a él— Nadie merece que estés así de triste.
Cierto. Ella no se merecía su dolor. Pero de todas formas sufría, como un condenado a muerte por algo que no había hecho.

—Tienes razón, Jessica. Nadie merece sufrir por algo que no ha hecho. Nadie merece sufrir por culpa de alguien sin sentimientos.

Jessica le dedicó una mirada dolida antes de ponerse de pie. Se acercó a Lucas, lo tomó de la mano y lo hizo ponerse de pie.

—Vámonos, Lucas. Dejémoslo solo con su dolor, ya que no quiere aceptar nuestra compañía. Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer que quedarnos aquí, deprimiéndonos con él.
Lucas miró confundido a uno y a otro. No podía entender por qué razón ambos actuaban de esa forma el uno con el otro si siempre se habían mostrado muy comprensivos y cariñosos entre sí. Pero no quería preguntar. No estaba entre sus planes inmiscuirse demasiado en los problemas de Ariel. Si su amigo no quería contarle, él no iba a forzarlo.

Ariel no levantó la mirada cuando la pareja salió del salón. Solo se quedó ahí, rumiando las palabras de Jessica. Aceptando el hecho de que para ella, él solo había sido un juguete. Bien, si ella se mostraba tan ufana y tan tranquila, él también podría hacerlo. Si ella fingía que entre ellos dos no pasó nada, ¿por qué tenia él que estar lamentándose como una magdalena?

Aunque le doliese el alma al pensar en eso, le iba a pagar a su hermana con la misma moneda.
La Premonición
Fandom: Entre el amor y el odio
Claim: JessicaxAriel
Título: ¿Infierno? Eso es lo de menos
Advertencias: Incesto
Palabras: 2708 palabras


Tenía todo el derecho del mundo a sentirse frustrada, y todo, como siempre, por culpa de su madre. Jocelyn estaba empeñada en no dejarla ni un minuto a solas, como si sospechase que planeaba hacer algo malo; ella lo único que quería era estar con Ariel.

Desde aquella vez en la que estuvieron solos en la habitación del chico, no habían vuelto a estar ni juntos ni a solas. Mucho menos cerca. Ni siquiera se habían visto. Y ella se moría de ganas de estar con él, de que él la estrechase entre sus fuertes brazos y no la soltase nunca.

Pero no podía hacerlo porque gracias a Jocelyn, los asuntos referentes a la boda se habían multiplicado. Ahora la boda no sería en Villa Mar sino en La Esperanza; la cantidad de invitados ahora era el triple y el color de las flores que decorarían la casa y la iglesia sería otro. Sin mencionar las flores del ramo y el diseño de su tocado.

También cabía mencionar que Jocelyn se había encargado de que Ariel se ocupase de una parte de la organización de la boda (todo lo que tuviese que ver con la selección de las bebidas) y de que Edmond, su esposo, le pusiese más trabajo al joven dentro de la empresa. El punto era que ni Ariel ni Jessica tuviesen tiempo libre. Que no viesen a nadie más que a sus padres y a Lucas, en el caso de la chica.
Toda esa situación la estaban hartando a sobre manera, y cuando ella llegaba a ese extremo, todo podía pasar. Nada bueno, de seguro.

—Terminamos por hoy, Jessica— le anunció su madre mientras ponía la pequeña libreta de apuntes y la pluma sobre la mesita de té— Tengo una cena de caridad en la Casa de la Cultura hoy en la noche y debo ir a arreglarme. Así que tu puedes aprovechar este tiempo libre que te doy y salir a dar un paseo con tu prometido, al que tienes muy descuidado.

—Si, madre— le respondió con retintín.

Ella no pensaba ir a visitar a Lucas, mucho menos invitarlo a su casa porque aún estaba enojada con él. Y estaba segura de que el enojo le iba a durar mucho tiempo porque su prometido era un insensible cabeza dura y ella no estaba de ánimos ni tenía paciencia para soportarlo. Mucho menos para tratar de hacerlo entrar en razón.

— ¿Lo mandas a llamar tú, o lo mando a llamar yo?— le preguntó esta vez antes de ponerse de pie, dispuesta a salir del salón.

Con esa pregunta Jessica pudo percibir el afán que tenía su madre porque las cosas entre Lucas y ella se solucionaran. Y no era precisamente porque se sentía mal porque su hija sufría ni mucho menos. A Jocelyn nada de lo que tuviese que ver con Jessica le preocupaba. Ella solo utilizaba a Jessica como un medio de conseguir un yerno adinerado. “Vieja interesada”, pensó con rabia.

—No se preocupe. Yo lo mandaré a llamar cuando ustedes se vayan.

A Jocelyn la idea de que su hija se quedase en casa sola con su prometido no pareció molestarla mucho. Al contrario, se mostraba contenta de que Jessica estuviese tan dispuesta a colaborar con sus planes.

La mujer sonrió con malicia y Jessica solo rodó los ojos. Como odiaba a su madre.

—Voy a estar en el jardín, tomando el té. Si me necesita, ya sabe donde encontrarme— le dedicó, muy a su pesar, una reverencia, y salió con pasos rápidos del salón.
En realidad lo del té había sido una excusa para alejarse de su madre, la cual cada día estaba más hipócrita y molesta (por no decir insoportable). Además, no quería que la mujer la viese y se diese cuenta de que algo le pasaba. Porque Jocelyn podía ser cualquier cosa, pero no poco perceptiva.

En la hora y media que Jocelyn se tardó en arreglarse y salir de la casa, Jessica tomó el té con Margaret en el jardín como lo había anunciado, y cuando esta se fue a hacerle una visita a Lucas, se dirigió hacia su habitación. Ya para ese entonces la casa estaba relativamente vacía. Los empleados eran gente que aprovechaban los momentos como esos para reunirse en la plaza del pueblo o para descansar un rato en sus habitaciones, por lo que no irían a molestarla a su habitación a menos que fuese una emergencia o algo realmente importante.

Y ella rogaba que eso último no pasara porque no tenía ganas de estar con nadie. No albergaba esperanzas de ver a Ariel porque sabia que él llegaba tarde a casa así que lo único que le quedaba era irse a la cama temprano.

Subió las escaleras del hall con pasos lentos, pesarosos, levantándose un poco la larga falda del vestido para no tropezar con él. Siguió caminando con extrema lentitud y desgana hacia su habitación y cuando cruzó frente a la de su hermano (la primera en ese pasillo) se detuvo frente a la puerta porque le pareció escuchar ruidos.

Estuvo unos instantes allí parada, esperando, pero al no ocurrir nada se encogió de hombros pensando que había sido su imaginación. Anhelaba tanto verlo que creía que su cerebro le estaba jugando una mala pasada. Dio unos cuantos pasos más y al llegar al frente de su habitación, la puerta de la de su hermano se abrió de golpe, saliendo por esta un aparentemente enojado Ariel.

—Ariel, ¿qué haces aquí?

Preguntó Jessica con el corazón desaforadamente en el pecho debido al susto que acababa de llevarse, y al hecho de que por fin, después de tanto desearlo, volvía a verlo; Toda ella tembló de emoción y anticipación. Esta vez, Ariel, no se le iba a escapar.

—Lo mismo te pregunto a ti, pequeña. ¿No se supone que estabas con tu prometido?

Y ahí estaba otra vez ese tono de voz que le indicaba a Jessica que su hermano se moría de celos cada vez que la imaginaba con Lucas.

—Eso fue lo que le dije a nuestra madre… ya sabes, para dejarla tranquila.

Le dijo con una sonrisita picara bailando en sus labios mientras se acercaba lenta y sinuosamente a él. Ariel trató de retroceder pero ella fue más rápida y lo agarró por el brazo.

— ¿Por qué huyes, hermano? ¿Acaso me tienes miedo?—le preguntó con fingida inocencia.

— ¿Miedo? ¿Miedo a que?—ella volvió a sonreír y el corazón de Ariel dio un vuelco.

—Miedo a lo que podría hacerte. O mejor dicho, miedo a lo que podría convencerte que hiciéramos— y dicho esto, se acercó a él, lo tomó por el cuello con un movimiento rápido lo acercó a ella para besarlo en los labios.

Decir que no habían deseado eso desde hacia mucho, mucho tiempo, era mentir. Nadie sobre la faz de la tierra había deseado hacer algo malo con tanta intensidad como ellos dos. Y quizás lo hacían porque sabían que era algo prohibido, algo que no podían tener, pero aun siendo concientes de que posiblemente sus almas terminarían en el infierno por sucumbir a sus deseos, no dejaban de hacerlo. No dejaban de besarse siguiendo un ritmo que solo ellos dos conocían; no separaban sus cuerpos ni dejaban sus manos quietas, las cuales solo querían tocar toda esa piel que anhelaba tanto ser tocada y acariciada con la desbordante pasión que ellos sentían.

Ariel, indudablemente, no pensaba que eso iba a volver a pasar. Pensaba que lo que había ocurrido la noche en la que su hermana había regresado a la casa de sus padres había sido un sueño, algo que nunca mas iba a volver a repetirse porque era demasiado malo y a la vez demasiado bueno para ser cierto.

Pero ahí estaban ellos, besándose como si su vida dependiese de ello, en medio del pasillo de la casa de sus padres. Totalmente expuestos a las curiosas miradas de los sigilosos empleados.

Él se separó un poco para decirle algo a Jessica pero esta volvió a acercarse para besarlo. Fue así en cada uno de los intentos que hizo por lo que solo pudo decirle “pasillo-problemas-padres”. Jessica se separó de él cuando logró decir la última palabra y con una traviesa sonrisa en los labios, buscó el picaporte de la puerta que estaba justo detrás de Ariel con la mano derecha, mientras que con la izquierda jugaba con el largo y alborotado cabello castaño de su hermano y sus labios volvían a apoderarse de los de Ariel. Tenía todo el control sobre él y sobre la situación, y Ariel no parecía sentirse incomodo con eso.

Después de unos instantes que a ambos se le antojaron eternos, ella logró abrir la puerta y empujó a Ariel hacia adentro cuando lo hizo. Luego la cerró con seguro y lanzó la llave hacia una de las mesitas de noche. Ese gesto le indicó a Ariel que lo menos que ella quería era salir de esa habitación; que quería pasarse el resto de su vida pegada a él, amándolo hasta que esa intensa pasión que la consumía se acabase. Lo supo, porque eso era exactamente lo que él sentía. Pero eso no significaba que iba a consentirlo.

—Jessica, esto no…

— ¿Esto qué?—preguntó mientras se quitaba uno a uno los broches del corsé, con una agilidad y rapidez que sorprendió al joven— ¿No pensaras dejar lo que empezamos aquella vez inconcluso, verdad?

—Eso sería lo mejor— le respondió mientras retrocedía, sin tomar en cuenta que a pocos pasos de distancia estaba su cama— Tú y yo no podemos hacer esto. Eso está mal. No es… sano ni normal. Tú y yo somos hermanos, Jessica.

—Eso lo se y lo tengo muy claro, y créeme cuando te digo que es lo que menos me importa. Yo te quiero a ti, no a los lazos sanguíneos que nos unen.
Y cuando termino de decir esto, lanzó a un lado el molesto corsé que había estado robándole el aire desde temprano y se quedó solo con un bonito y sencillo vestido azul; el color favorito de Ariel.

— ¿Te das cuenta de que todo esto es una locura y de que tu y yo somos dos locos de atar?

—Si, me di cuenta. Y, ¿sabes que?—cuestionó mientras volvía a acercarse a Ariel. Cuando estuvo cerca de él, lo empujó hacia la cama, se levantó la molesta falda del vestido y se sentó a horcajadas sobre un sorprendido Ariel que ni en sus mejores sueños se imaginaba a su hermana tan desinhibida y experimentada con los hombres— No me importa— le dijo ella al fin antes de volver a acercarse a él para besarlo.

Ariel le correspondió el beso pero aún así no dejaba de sentirse culpable ni de pensar que lo que hacían estaba mal. Pero como él ya sabía, aunque esa parte de él que era como una lucecita centelleante le dijera que no debía hacer eso, que se iba a arrepentir el resto de su vida, no dejaba de hacerlo. Y aunque lo hiciera, eso tampoco iba a cambiar mucho las cosas. De todas formas, se iría al infierno.

Dios, como deseaba a su hermana. Como deseaba recorrer cada rincón de su cuerpo; hacerla gritar su nombre una y otra vez; deseaba besarla hasta que le doliera seguir haciéndolo. Deseaba hacerle tantas cosas que no estaban permitidas para ellos.

—Ariel, por favor.

Le susurró su hermana muy cerca de sus labios con un tono de voz muy sensual y convincente al ver que Ariel dudaba un poco entre continuar o detenerse. Ariel, al escucharla, sintió como toda su determinación se venia abajo. Jessica, con solo tres palabras, había derribado sus defensas, dejando solo a un hombre ardiendo en deseos por ella.

Esta vez fue él quien la besó mientras que sus manos se concentraban en bajar el cierre invisible —el cual estaba a un costado y era un poco difícil de quitar— del vestido. Cuando logró bajarlo, descendió dando besos por todo su cuello, mordiendo suavemente de vez en cuando, al tiempo que una de sus manos se colaba por debajo de la larga falda del vestido, acariciando sus muslos.

Jessica, a pesar de no ser la primera vez que estaba con un hombre, estaba nerviosa y no sabía que hacer con sus manos, las cuales estaban enredadas en el cabello de Ariel. Le temblaban, y no de miedo sino de expectación y placer. ¿Cómo podía sentir miedo cuando había soñado con eso tantas veces antes? ¿Cómo podía sentir miedo cuando era su propio hermano, la única persona en el mundo que no le había hecho daño, el que la estaba besando en esos momentos? El que se deshacía de ese molesto vestido y lo lanzaba hacia el sofá con una expresión en el rostro mezcla de triunfo y jubilo.

Ella no podía temerle porque a lo que se ama no se le tiene miedo, y ella a Ariel lo amaba con cada partícula de su ser. Ella no se imaginaba su vida sin ese guapo chico que había crecido a su lado, cuidándola, y que ahora se colocaba sobre ella en la cama solo con le pantalón negro que vestía mientras que ella estaba ya en ropa interior.

Jessica no le tenía miedo a irse al infierno, porque su vida ya era un infierno. Por eso quería estar con Ariel aunque eso no fuese adecuado. Si de todas formas se iba a pasar la eternidad entre las llamas, ¿Por qué abstenerse de hacer lo que quería?

Ella descendió con sus manos por el torso desnudo de Ariel hasta que llegó a la cinturilla del pantalón. Ariel dio un respingo cuando sintió los dedos de Jessica rozándole la piel, y bajándole lentamente el cierre del pantalón para despojarlo de esa prenda que tanto le molestaba y estorbaba, mientras besaba y mordisqueaba su cuello. Ariel se termino de quitar el pantalón y cuando descubrió cuales eran las intenciones de Jessica, tomó sus manos y las aprisionó por encima de su cabeza con una sonrisita de suficiencia. Luego se acercó mas, cuidando de no apoyar todo el peso de su cuerpo sobre ella y la besó.

Ya para ese momento no habían dudas, ni miedos, solo unas inmensas ganas de poseerse el uno al otro. De conocer cada centímetro de piel expuesta. De besar cada rincón de sus cuerpos. Y lo hicieron, una y otra vez, hasta que ya no les quedaban fuerzas.

No les importó si los habían escuchado, si sus padres sospecharon que habían dormido en la misma habitación (nunca juntos. Ni Edmond ni Jocelyn serían capaces de pensar semejante cosa), si Margaret había ido a la habitación de Jessica y había descubierto que no estaba ahí. No les importaba nada porque estaban con la única persona que les importaba en el mundo. No necesitaban nada más.


A la mañana siguiente, cuando ambos bajaron a desayunar (cada uno por su lado, para no levantar sospechas) actuaron como si no se hubiesen visto la noche anterior. Se abrazaron y se dieron besos en la mejilla ante la alegre mirada de un Edmond que se sentía feliz porque sus hijos se querían tanto.

A todo el que los vio, derrochando amor en el salón o en la plazoleta del jardín, les pareció la cosa más tierna del mundo los gestos de cariño que se proferían; dos hermanos que se quisiesen tanto no era algo que se viese a menudo en esa época, mucho menos que estos se mostrasen tan unidos y compenetrados.

A todos les pareció algo normal su actitud ya que desde pequeños ellos eran así el uno con el otro, pero Margaret no estaba muy contenta con esa situación. Ella conocía tanto a Jessica que se había dado cuenta de que algo había pasado entre ellos dos para que al final, se mostrasen de esa forma. Y ese algo que tenía en mente, no le gustó en lo más mínimo.

Pero ella, por suerte para Jessica, no iba a decir ni hacer nada. Si ellos eran felices, ella no tenía inconvenientes. Lo único que le preocupaba era qué iba a pasar con ellos cuando llegase el día de la boda entre Jessica y Lucas. Realmente, no tenia ganas de que ese día llegase.
La Premonición
Titulo: De paseo.
Claim: Jessica Smith, Ernest Conrad
Fandom: Entre el Amor y el Odio
Secta: La logia de los Disectos.

La había invitado a dar un paseo por la playa y le había dicho que sí. Y había disfrutado muchísimo a su lado, no podía negarlo. La compañía del joven Conrad era realmente agradable, todo lo contrario a lo que pensaba antaño. El hecho de que él fuese su amigo no quería decir que estuviesen cortados por la misma tijera.

Lo que no pudo evitar pensar, cuando el ocaso llegó, fue que en vez de compartir esos hermosos y románticos momentos con él, debió compartirlos con su prometido y no con el mejor amigo de su enemigo. ¿Qué cosas, no?
La Premonición
Fandom: Entre el amor y el odio
Claim: ArielxJessica
Título: Encuentro Inesperado
Palabras: 1768
Advertencias: Incesto
Notas: No es la primera vez que escribo sobre estos dos como pareja, pero si es la primera vez que publico uno de mis drabbles incestuosos. Y la verdad es que no tenía en mente escribir cosas así, porque hace mucho que no escribo incesto y porque la primera vez que lo hice (fue en mi primera historia original, ya se pueden imaginar) mis lectoras se volvieron locas y no querían que mis personajes fuesen hermanos para que pudieran quedar juntos XD. Soy una escritora complaciente a veces, lo admito. Btw, espero que les guste. Besos.


Sabía que estaba mal pero aun así no podía dejar de sentir todo eso que sentía por ella. Sabia que desear a Jessica era un pecado, algo por lo que de seguro iría al infierno, pero decirle a su corazón que dejara de quererla era como decirle a sus pulmones que dejaran de respirar y se dedicaran a hacer el trabajo de su alocado corazón. No. No había forma de sacarse a Jessica de la cabeza y tampoco había forma de sentirse mejor por ello.

Jessica era prohibida y no solo porque era su hermana sino también porque estaba loca y perdidamente enamorada de él y porque era la prometida de su mejor amigo. Y él no era más que su hermano mayor. Una de las personas que ella más quería en el mundo, según le había dicho. Nada más. Y el no quería conformarse con su cariño de hermano. Él quería más. Quería que ella lo desease y lo quisiese de la misma mortificante y dolorosa forma en la que él la quería y la deseaba a ella. Quería que corriera a sus brazos en vez de ir a los de Lucas. Quería que soñara con él y que fuese a él a quien besara y no a Lucas. Quería ser el centro de su mundo y no Lucas.

Dios, se sentía tan sucio. Tan miserable. Se sentía como la peor persona del mundo por querer que su hermanita se convirtiera en una pecadora como él. Por amar a la única persona que tenia prohibido amar. Por ser un depravado que se imaginaba los gestos de cariño que le dedicaba su hermana como caricias de amante. Por pensar que Jessica lo quería de la misma endemoniada manera en la que él la quería a ella. Y por tergiversar lo que veía en los oscuros ojos de ella. Porque era precisamente eso que veía en los ojos de su hermana lo que lo incitaba a pensar que ella sentía por él mas que cariño de hermanos. Pero él tenía más que claro que Jessica a quien amaba era a Lucas, así que todo estaba en su cabeza.

Sacudió la cabeza para despejar todos esos oscuros pensamientos que la invadían y se miró por última vez en el espejo. Se había esmerado en arreglarse aunque no entendía muy bien por qué. Y no era que necesitase dedicarle mucho tiempo a su imagen. Él era un hombre apuesto, demasiado apuesto y carismático el cual con su sola presencia hacia que las recatadas damas de sociedad dejasen de hacer lo que hacían solo para mirarlo. Todas excepto Jessica, que solo tenia ojos para su prometido.

Cuando estuvo listo, salió de la habitación y desfiló por el pasillo rumbo a las enormes escaleras dobles del hall, bajo la atenta mirada de las empleadas que aun a esas horas estaban ocupadas arreglando cosas que no necesitaban ser arregladas. Y todo era porque su madre, como siempre, estaba dando una fiesta y todo en la casa debía estar en perfecto estado. “Reluciente”, como había dicho Jocelyn en la mañana.

Y, como era de esperarse, él tenia que asistir a aquella fiesta llena de gente insoportable y pedante y fingir que todo estaba bien aunque por dentro se estuviese cayendo a pedazos. Su madre nunca le perdonaría un desplante. Además, si faltaba, Jocelyn empezaría a pensar que algo le pasaba y eso a él no le convenía.

¿Y donde estaba Jessica en esos momentos? De seguro estaría pasándosela de maravilla con su prometido en algún lugar de San Marcos, a donde habían ido en la mañana. De seguro, en esos momentos, estaban tomados de la mano mientras paseaban por el pueblo; o quizás habían ido a las inmediaciones del lago y estaban mirando el cielo nocturno reflejado en las frías aguas, mientras él la abrazaba y le decía cosas al oído. De solo pensarlo, se le revolvió el estomago.

Pero, por suerte, la sensación no le duró mucho porque vio, desde la parte más alta de una de las escaleras, como su hermana entraba apresuradamente a la casa. Miró hacia arriba como si hubiese sentido la presencia de Ariel y sonrió con lo que a él le pareció alivio. Se puso un dedo en los labios en señal de que hiciera silencio y subió rápidamente la escalera agarrando el ruedo de la larga falda para no caerse.

Aunque ella no le hubiese hecho señas para que se quedara callado él no iba a hablar. Su hermana se veía tan hermosa con ese vestido rojo que le dejó sin aliento y con el pulso acelerado. Y las sensaciones crecieron aun más cuando se le acercó y le tocó el rostro con sus delicadas y calidas manos y le miró con sus oscuros ojos llenos de eso que él confundía con amor. No con amor de hermanos, por supuesto. Y él no pudo evitar mover la cabeza para apoyar la cabeza en su mano. Como tampoco pudo evitar cerrar los ojos y esbozar una pequeña sonrisa cuando Jessica empezó a recorrer su rostro con la punta de sus dedos de su mano libre.

Ni siquiera había que mencionar que estaba haciendo esfuerzos sobrehumanos para no ponerla entre una de las paredes y su cuerpo y besarla como si no hubiese mañana. Para no rodearle la estrecha cintura envuelta en ese apretado corsé que ella solía usar y no soltarla nunca. Para no decirle lo hermosa que se veía y que ella se diera cuenta de que sus palabras sonaban llenas de aquella desaforada pasión que lo consumía.

Jessica dejó de acariciarle el rostro y llevó una de sus manos hacia el alborotado cabello castaño de su hermano y se puso a jugar con él mientras la otra se posaba en su pecho, justo encima de su corazón. Sonrió al sentir los alocados latidos por encima de la ropa y Ariel no pudo evitar preguntarse qué era lo que estaba pasando por su cabeza en esos momentos. Por qué ella le hacia todo eso. Por qué lo tentaba de esa forma. Él no podía saberlo porque ya no la miraba a los ojos porque los mantenía fuertemente cerrados. No quería ver aquellos sentimientos que lo confundían tanto y que, de seguro, lo impulsaría a hacer algo de lo que pudiese arrepentirse el resto de su vida.

Pero Jessica, con un tono de voz tan excitante y sensual que fue como un duro golpe para su resquebrajada coraza, le pidió que abriera los ojos y la mirara. Así lo hizo, porque en su sistema no estaba la opción de negarle algo su hermana.

—Te ves guapísimo, Ariel— le dijo, con una sonrisita picara en los labios, como si le estuviese coqueteando— Y me encanta saber que he sido la única que te ha visto así esta noche.

Y a él le encantaba que ella se sintiese así. Le hacia sentir demasiado bien el hecho de que su hermana quisiese ser la única que lo viera cada día. Esbozó una pequeña sonrisa y rodeó la cintura de su hermana, aun temiendo lo que pudiera hacerle. Mucho más estando en público. Pero, de seguro, nadie pensaría mal de ellos dos. Eran hermanos después de todo, y siempre se habían mostrado muy cariñosos delante de todo el mundo.

—No has sido la única, Jessica. Las empleadas se te adelantaron, lo cual nos hace estar a la par. — Le puso un mechón de cabello detrás de la oreja y prosiguió hablando (con una calma que estaba muy lejos de sentir) para aclarar la duda que se había pintado en el rostro de Jessica— Lucas ha sido el primero en verte. Ha sido el primero en tener el privilegio de ver lo hermosa que estas hoy, princesa.

Alguien debió de haberle advertido que Jessica iba a reaccionar así cuando hubiese escuchado sus palabras. Alguien debió de haberle advertido que su hermana iba a ponerse de puntitas y que iba a posar sus rojos labios sobre los suyos en un beso que jamás debió haberse dado. Alguien debió haberle dicho a Jessica que eso no estaba bien, que jugar con los sentimientos de la gente no era algo bueno, ni que tentar a un hombre enamorado lo era. Porque él estaba enamorado de ella, y al parecer, ella lo sabía. Oh, Dios, claro que lo sabía. Por eso era que le hacia todas esas cosas. Lo estaba tentando. Lo estaba obligando a perder la cordura.

—Pero tú eres el único que se ha dado cuenta de ello, Ariel. Así que el hecho de que Lucas me haya visto primero, no significa nada para mí.

Y luego se alejó de él, tan rápido como había llegado, y se encaminó hacia su habitación, dejando a Ariel en medio del pasillo sintiéndose como la peor persona del mundo. Él se llevó los dedos a la boca y pensó en lo que había pasado mientras descendía las escaleras. Su hermana lo había besado en los labios, sí, pero eso no significaba nada. Ese había sido solo uno de sus tantos gestos de cariño y no tenía porque significar que sus sentimientos por él habían cambiado.

Jessica no lo quería de esa forma. Jessica a quien quería era a Lucas, se repetía una y mil veces en la cabeza para tratar de calmarse y no presentarse ante su madre como un completo desgraciado.

Esbozó su mejor sonrisa y se encaminó hacia la puerta de entrada por la cual entraban los Port. Una de las mujeres de la casa, la mas joven y bonita, se acercó rápidamente a él y lo tomó por el brazo como si él fuese de su propiedad. Él no se quejó mientras era prácticamente arrastrado al salón por la inquieta jovencita. Solo se dedicó a mirar hacia las escaleras, esperando que su hermana no lo viera con aquella chica. Y lamentablemente fue así. Jessica estaba apoyada en la balaustrada, mirándolo con lo que él creyó que eran celos y reproche. Dolor y frustración.

Y cuando estuvo segura de que él la había visto, se dio la vuelta, indignada, y se dirigió hacia su habitación. Y gracias a todo esto, Ariel pudo darse cuenta de algo que, por muy extraño que fuese le hizo sentir mejor: su hermana estaba celosa. Jessica había sentido celos de la menor de los Port. Pero de todas formas, eso no significaba un gran cambio en su relación. Jessica seguía sin amarlo, y él seguía amándola más que a su propia vida. Y eso, lamentablemente, esa chica que lo arrastraba y quería exhibirlo delante de todos en la fiesta, no podía cambiarlo.
La Premonición
Fandom: Entre el amor y el Odio
Claim: Ariel Smith
Título: Por Jessica
Advertencias: yo creo que ninguna
Palabras: 331
Notas: Ah, es la primera vez que hago un drabble completamente de Ariel y me siento bien, aunque el tema realmente no sea muy alegre que digamos. Espero que les guste. Besos.


Ariel se pasaba los días tratando de consolar a todo el mundo. Tratando de que todos —en especial Margaret y Lucas— se resignaran ante lo que había pasado. Se pasaba los días fingiendo estar bien. Fingiendo una calma y un resignación que estaba muy lejos de sentir.

Y todo porque no le quedaba de otra. Porque si él se derrumbaba, todos se caerían con él. Él era el sustento de todos ellos. Era el que impedía que el castillo de naipes en el que se había convertido sus vidas, se destruyeran ante la más leve brisa.

Y era difícil. Muy difícil. Pero tenia que hacerlo. Por ella. Por lo que sentía por ella.

Pero había momentos en los que quería gritar. Llorar hasta el cansancio. Huir de todo ese dolor que lo rodeaba. Y siempre que se sentía así, pensaba en Lucas. Pensaba en como había acabado su vida, en como estaba en esos momentos. Y llegaba a la conclusión de que no quería terminar así. No quería que su dolor lo consumiera de esa forma. Su hermana no se hubiese sentido bien si lo había. Jessica lo habría insultado y golpeado hasta que entendiera que eso no era lo mejor. Le habría dicho “si yo pude recuperarme de lo que me hicieron, tu también puedes”. Y él creía que tenía toda la razón.

Así que sacaba fuerzas de donde no la tenía y trataba de mostrarse sereno. No sonreía ni fingía una alegría que todos sabían que no sentía, pero por lo menos, no se mostraba como un completo desgraciado. Y lo hacia no solo por los demás, ni por Jessica. Lo hacía también por él. Porque él no tenía nadie a su lado que le dijera que todo estaba bien. No tenía a nadie que fingiera que no le dolía lo que le había pasado a Jessica.

Y él también necesitaba que alguien lo hiciera de vez en cuando, porque a esas alturas, no creía en su propio teatro.
La Premonición
Titulo: Incredulidad
Fandom: Mi historia “Entre el amor y el odio”
Claim: LucasxJessica
Palabras: 1026
Advertencias: Spoilers, muerte de personaje


Lucas nunca creyó en el amor, en realidad. Se había enamorado muy joven, era cierto, pero nunca había creído que ese sentimiento le haría feliz el resto de su vida. Y todo porque la mujer que había amado, aquella que era la luz de sus ojos, el aire que respiraba, la sangre que corría por sus venas, estaba interesada en su hermano mayor, el cual, a ella, le llevaba seis años.

Ella, a pesar de que eran grandes amigos y confidentes, nunca le reveló sus sentimientos por Josh, pero él no necesitaba que lo hiciera ya que lo podía ver en sus ojos. Podía percibirlo a través de su nervioso tono de voz, del sonrojo de sus mejillas y la vacilación de sus gestos cuando estaba frente a Josh. Pero al parecer él era el único que se percataba de ello. Estaba seguro de que si Josh lo hubiese sabido, no se hubiese comportado de esa forma con ella; no le habría dado alas a su ya muy enamorado corazón.

Pero el amor que Jessica le había profesado a su hermano no era la causa de su falta de fe en el amor. No. Ese solo fue el detonante de una serie de bombas que fueron estallando, lentamente al principio. Una por una, quizás como una forma para que él se diera cuenta del peligro. Luego fueron estallando a intervalos más rápidos, hasta que al final, las que quedaron, estallaron todas juntas, destruyendo su mundo sin que él pudiese hacer algo para evitarlo.

Pero Jessica le había dicho cual era el cable a cortar y él lo ignoró. Ella le había dicho hasta el cansancio y siempre al borde de las lagrimas, lo que tenia que hacer y él la rechazó, la ignoró, la insultó y la maltrató hasta que el dolor que le provocaron sus heridas fueron mas fuertes que su amor por él. Y lo dejó a merced de su ceguera. Se cansó de ser siempre la victima del amor y tomó cartas en el asunto para remediarlo. No sin antes, arruinar la vida de las dos personas que se la habían arruinado a ella.

Él aun podía oír las palabras que salieron de sus labios la noche en que murió. Su tono de voz era bajo, susurrante y las palabras salían teñidas de dolor, sangre y algo de locura. Si, su dolor la había enloquecido un poco, y era algo comprensible. Ella había sufrido tanto…

Él, cuando recordaba aquel fatídico momento en el que una Jessica herida de bala reposaba sobre sus piernas, se estremecía como en aquel momento. Ese, lamentablemente, sería un recuerdo que lo acompañaría hasta el fin de sus días. Y estaba seguro de que en su lecho de muerte lo recordaría una y otra vez para que ni siquiera allí tuviera paz.

—Quisiera decirte tres cosas, Lucas. — Le había dicho Jessica— La primera es que, por más que trate, no puedo perdonarte.

En esos momentos ella había hecho una pausa para proferir un gemido de dolor. Pero él no recordaba ni las pausas, ni los quejidos, ni las lágrimas que bañaban el rostro de ambos. Mucho menos recordaba la sangre, ese mar rojo que arruinaba su hermoso vestido rosa. No. Para él ese momento eran solo las palabras que ella había pronunciado y solo eso servía para matarlo lenta y dolorosamente.

—La segunda cosa es que a pesar de todo, te sigo amando.

Después de decir esas palabras había esbozado aquella sonrisa maliciosa que a él no le gustaba y le había dicho con muchísimo esfuerzo:

—Y la tercera es que estoy… estaba embarazada. Ibas a ser papá, Lucas. Felicidades.

Justo en ese momento las bombas explotaron destruyéndolo todo; sus esperanzas, su corazón, a Jessica y al bebe que nunca iba a conocer, sus ganas de vivir. No le había quedado más que un enorme y sangrante vacío en el pecho.

Jessica había muerto en sus brazos a los pocos minutos de haber hecho su confesión y él se había dado cuenta de ello solo por el estridente grito de dolor que había proferido Margaret antes de arrodillarse frente a él y quitarle a la chica de los brazos. Ariel y Marco lo habían puesto de pie y habían tratado de traerlo a la realidad casi a los golpes, pero él no volvía. No podía porque Jessica le había metido la mano en el cuerpo y se había llevado todo lo que tenia dentro. Se lo había llevado al infierno, de seguro, porque si estuviera en el cielo, él no hubiese sufrido de esa manera. No hubiese sentido aquel sofocante y doloroso ardor apoderándose de su ser.

Había tratado de sacarse del cuerpo toda esa sangre que corría como lava por sus venas abriéndose las muñecas pero sus padres se lo habían impedido todas las veces que lo había intentado. Margaret y Ariel también lo habían hecho. Incluso Marco. Y siempre que lo hacían le decían algo sobre suicidio; pero él no quería hacer eso. Solo quería aliviar su dolor. Pero no lo habían dejado y lo habían obligado, incluso, a sacar su alma del infierno en el que Jessica la había puesto.

Había tenido que recuperarse y resignarse aunque no quería hacerlo. Había tenido que volver a su vida de antes, volver a ser quien era porque no le quedaba de otra.

Y había tenido que luchar contra el impulso de matar a su hermano cuando fue a visitarlo a la cárcel. Porque Josh era el único culpable. Por él, Jessica había huido de su casa. Por él, Lucas no había sido feliz con ella. Por él, Jessica había sido salvajemente golpeada, humillada y marginada ante la sociedad. Por él, Jessica había dejado de ser la chica dulce y feliz que había conocido. Por él, Lucas no creía en el amor, y por él, por su irracional deseo de hacer sufrir a la joven, Jessica estaba muerta. Él le había disparado. Él la había terminado de matar.

Después de todo lo que había tenido que ver, después de todo por lo que había tenido que pasar, ¿Cómo podía creer en el amor? Su incredulidad estaba más que justificada.
La Premonición
Titulo: Después de
Fandom: Entre el amor y el odio
Claim: Jessica Smith
Palabras: 350
Advertencias: Ninguna
Comentario: Este drabble está narrado por Jessica y ella está contando como vio o como se sintió la mañana siguiente de su primera noche con Lucas. Espero que les guste. Enjoy it.


Me siento bien, por primera vez en mucho tiempo me siento cómoda con mi cuerpo. Siento que no es un objeto que todos quieren usar hasta aburrirse. Me siento querida, deseada. Siento que cada centímetro de mi cuerpo le pertenece a alguien que sí va a valorarme, a amarme como es debido.

Me siento como nueva, como si estuviese en una versión mejorada de mi misma. Sonrío al pensar en esto porque, aunque parezca una tontería, es cierto. Yo soy otra desde que lo tengo a mi lado, desde que me di la oportunidad de amarlo y desde que lo dejé hacer lo mismo conmigo. He cambiado y el cambio ha sido para mejor, eso es lo bueno.

Me estiro en mi cama para desperezarme y sin muchas ganas abro los ojos. Ahí está él, sentado a mi lado, mirándome fijamente con una expresión que derrumbó mis barreras y m dejó sin aliento. Decepción, eso era lo que se veía en sus ojos. No, esto no puede estar pasando; no después del mejor día de mi vida.

“Tenemos que hablar, Jessica”, me dice con seriedad y yo no puedo evitar sentir un escalofrío recorrer mi desnudo cuerpo, escasamente cubierto por la blanca sabana.

Yo se que tenemos que hablar pero no podemos hacerlo. Yo no puedo darle mis razones porque se que él no me creerá y porque quiero ahorrarle el sufrimiento que le van a causar mis palabras. Lo amo demasiado como para hacerle esto.

Aunque debo admitir que me siento ligeramente decepcionada también porque pensé que él entendería que si no le dije nada era porque n quería hablar de eso; porque es muy doloroso para mi recordad cuando y como pasó; porque siento asco de mi misma por haber sido tan crédula y por haber visto amor donde no lo había.

Mientras yo pienso en todo esto, él espera una respuesta de mi parte; respuesta que nunca llegará. Al final, el se cansó de esperar y se puso de pie con la intención de salir de la habitación. Tal vez con la intención de no regresar más.
La Premonición
Titulo: Bienvenida
Fandom: “Entre el amor y el odio”
Claim: Lucas HendersonxJessica Smith
Palabras: 388
Advertencias: Ninguna
Comentario: este es uno de esos drabbles en el que mostraré como era más o menos la relación de Jessica y Lucas antes de que ella huyera de su casa. Este es uno de los que está más cerca de la huida XD. Enjoy it.

Jessica corre hacia mí y cuando me tiene cerca se lanza a mis brazos como si fuese una niña pequeña y yo fuese su padre; pero ella no es una niña (por lo menos no tan pequeña) y yo soy todo menos que su orgulloso padre.

Caemos al suelo —yo quedo debajo de ella— y me quedo realmente sorprendido al ver que Jessica realmente parece estar divirtiéndose con todo esto. Se le ve feliz por algo que yo no logro descifrar que es. Yo escucho su risa, siento su pequeño y delicado cuerpo apretado contra el mío, sus dedos juguetones en mi pelo y no puedo evitar sentirme el ser más feliz del mundo; no puedo evitar pensar en ella de otra forma… no puedo evitar acariciar su rostro y rozar sus labios con los míos para después dejarme llevar por lo que eso me hace sentir y besarla como nunca lo había hecho con ninguna otra chica.

Jessica está sorprendida, ¿Qué mas podría esperar de ella? pero de todas formas me corresponde el beso con una experiencia que pensé que no tenía. No me importa, la estoy besando y ella me está correspondiendo. Eso es lo único que debe importarme, me digo mientras rodeo su cintura con mis brazos.

Yo hubiese querido que el beso durara más tiempo pero lamentablemente tuvimos que separarnos. Jessica se quitó de encima de mí y me ayudó a ponerme de pie sin decir una sola palabra. Yo, con solo mirar su rostro, supe lo que pasaba; esa expresión entre pena y disculpa son suficientes para saber que ella no siente lo mismo por mi y que no se atrevió a cortar el beso al principio para no herir mis sentimientos. Tarde, ya lo había hecho.

Seguimos parados en medio del desolado jardín sin decirnos una palabra, sin mirarnos, sin la menor intención de entrar a la casa. Es una situación realmente incomoda y dolorosa, no solo para mi que sufro por no ser correspondido, sino también para ella que acaba de descubrir que su mejor amigo la ama.

Cansado del pesado e incomodo silencio que nos rodea, me dispongo a ir a mi habitación; no había dado ni cinco pasos cuando escucho a Jessica decir: “bienvenido a casa, Lucas”

Esa había sido la bienvenida más triste de toda mi vida.
La Premonición
Titulo: Frases para recordar
Fandom: Entre el amor y el odio
Claim: Lucas Henderson
Palabras: 268
Advertencias: Ninguna
Comentario: Este es uno de los tantos drabbles que he escrito sobre esta historia. Algunos no tienen nada que ver con la historia y se podrían decir que son simples fanfics hechos por la propia autora XD. Suena raro, lo se, pero quería escribir algo sobre esta historia y que no tuviera nada que ver con la trama original. Aunque admito que algunas de las ideas en las que me basé para escribirlos, fueron las que había pensando en un principio. En fin, enjoy it.


“Me gusta”, “estoy enamorado de ella” y “la amo” fueron las primeras palabras que dije de las cuales estoy completamente seguro que son ciertas.

La primera no recuerdo con exactitud que edad tenía cuando la dije, solo se que era lo suficientemente pequeño como para que los adultos no la tomaran muy en cuenta o para que dijeran cosas como “que lindo” con vocecitas melosas y sonrisas estúpidas.

La segunda me la dije tantas veces a mi mismo que me resulta imposible olvidar cuantos años hace desde eso; seis exactamente. Empecé a decirla después de que ella hubiese desaparecido. Me lo decía cada vez que sentía una opresión en el pecho al escuchar su nombre, al sentir la creciente necesidad de tenerla entre mis brazos y no dejarla escapar nunca, al imaginarla junto a mí…

La ultima y mas hermosa de las tres, la dije uno de los días mas maravillosos de toda mi vida: cuando vi su cuerpo semi-desnudo yaciendo al lado mío sobre mi cama, la mañana siguiente de nuestra primera noche juntos.

La amé en la noche, cuando recorrí completamente su cuerpo y la hice mía sin que nada me importara más que poseerla, cuando la escuché decir mi nombre entre gemidos de placer. La amé cuando sus labios buscaron los míos, cuando me dijo que me amaba…

La amé tantas veces mientras estuvo a mi lado, y aun ahora, que ha pasado tanto tiempo, la sigo amando, incluso más que antes.

Al final es cierto lo que dicen: “el amor no tiene barreras ni fronteras”. Incluso se puede amar más allá de la muerte.