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La Premonición
Titulo: Conociendo el mundo.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster, Adrian Nightingale
Tema: # 15- Brutalidad
Palabras: 929 palabras.
Notas: Pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad Lunas y Tinta
Advertencias: drabble carente de sentido. Quedan advertidos. xD


Pasadas unas pocas semanas de haberse consumado su matrimonio con Anne, Adrian llevó a su esposa a conocer las dependencias ocultas del Reino. Estas no eran más que un grupo de salas en donde los Recolectores y demás miembros de esa institución (si se le podía llamar así) hacían su trabajo.

A Anne, al principio, la idea de conocer a fondo como se llevaba a cabo el proceso de caza-asesinato de los terranos le pareció interesante ya que ella misma había sido objeto de eso hacía poco más de un año. Había pensado que, dado que iba a gobernar en ese mundo, tendría que conocer cómo funcionaba esa parte oculta del Reino que era de vital importancia para el Hellaven.

Cuando llegaron al aislado edificio en donde se llevaban a cabo todas las operaciones de los Recolectores y Selectores (que eran los que, de entre todos los terranos, seleccionaban quienes iban a ser cazados) fueron respetuosamente recibidos por una pequeña comitiva de empleados. Después de las reverencias y saludos de rigor, fueron conducidos a la amplia sala de operaciones, donde los Recolectores que estaban de turno, recibían las instrucciones que debían llevar a cabo esa misma noche; los Selectores ya habían terminado con su trabajo por lo que no pudieron verlos en el proceso del mismo.

Anne, que sólo había conocido a un Recolector en toda su vida, se sintió extrañamente maravillada al ver a todos esos hermosos hombres vestidos de manera informal (no de un riguroso negro, con capucha y filosas armas como ella había pensado) hablando de lugares y festividades que le eran conocidas. También por el hecho de que no parecía una reunión en donde se decidía la vida de decenas de terranos, sino una reunión de amigos; una de esas cargadas de risas y comentarios de fútbol, con mucha cerveza de por medio.

Por eso, cuando Adrian le peguntó si estaba dispuesta a ver como los Recolectores trabajaban en la Tierra, le había dicho que sí casi en el acto, olvidándose por completo del hecho de que ella ya sabía como ellos trabajaban. A ella le había tocado sufrir en carne propia lo que algún desafortunado terrano tendría que vivir en cuestión de horas, con la única diferencia de que ella había salido ilesa de todo ese asunto; este terrano no lo haría por más que rezase.

Antes de partir, ella le pidió al Recolector con el que partirían (un hombre con una de las sonrisas mas lindas que ella hubiese visto en su vida) que fuese lo más amable posible con el terrano. Él, con una expresión de pena en su atractivo rostro, le había dicho que eso no dependía de él sino del terrano. Le había dicho que, cuando se trata de hombres, siempre es más difícil; estos siempre pelean y son más difíciles de dominar, mentalmente hablando. Con las mujeres era mucho más fácil ya que la gran mayoría, al verlos, caen rendidas ante su encanto sin que ellos tuviesen que esforzarse mucho. Y, debido a esto, el asunto terminaba mucho más rápido y de manera más limpia.

Esa explicación, en vez de hacerla sentir mejor, la hizo sentir mucho peor. Pero no hizo más que apretar la mano de su esposo y asentir cuando él le había preguntado si estaba dispuesta a hacerlo. Después de eso, Adrian hizo los honores de “abrir la puerta” para que todos pudiesen ir a la Tierra. Por suerte, y a pesar de que lo que atravesaban era la distancia entre un mundo y otro, el trayecto fue igual de corto que el que hubiesen tomado para salir del salón en donde habían estado reunidos.

Ella, Adrian y el Recolector aparecieron en los alrededores de una fiesta de disfraces. Anne y Adrian no tuvieron que cambiarse de ropa ya que andaban vestidos con sus níveos trajes ceremoniales; sólo conjuraron unos antifaces dorados. Adrian, para rematar su llamativo atuendo, conjuró unas coronas a juego con sus antifaces. Anne sólo sonrió cuando él, con una respetuosa inclinación de cabeza, le colocó su corona en la cabeza.

El Recolector se dirigió hacia donde estaba su presa sin siquiera avisarles. Si a Adrian le pareció una falta de respeto, no lo demostró. El tipo, un hombre alto y corpulento vestido de bombero, estaba alejado de la multitud que bailaba y tomaba en medio de la calle. Anne le dirigió una mirada al Recolector mientras este se acercaba a su presa y se sintió aterrada al ver su rostro; al percibir las ansias de sangre que corrían por las venas del hellaveniano.

Todo pasó rápido, tanto que a Anne no le dio tiempo de asimilar lo que estaba viendo. Para ella todo fue golpes, maldiciones, sangre salpicando por todos lados y gritos de dolor. Para ella todo fue un revoltijo de emociones dentro de su ser, todas ellas tan extrañas y desagradables que la asustaban. Y antes de que se diese cuenta, ya se estaba acercado al lugar en el que yacía el terrano, terriblemente golpeado y cubierto de sangre. Si no hubiese sido por Adrian que la tomó por la cintura y la alejó del cuerpo aun con vida, quien sabe lo que hubiese hecho (Adrian no quiso arriesgarse y desaparecieron en el acto).

Cuando llegaron al castillo, ella aun estaba pensando en el hecho de que, a pesar de lo brutal del asunto y del hecho de que juraban y perjuraban que hacían eso por necesidad, los hellavenianos disfrutaban matando a los terranos. Y ella, a pesar de haber sido una terrana hacía tiempo, también había disfrutado del espectáculo.
La Premonición
Titulo: Guiada por la curiosidad.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: # 5- Cuadro
Palabras: 652 palabras
Advertencias: Ninguna.
Notas: pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad Lunas y Tinta.


Anne no había caminado por esa zona del castillo antes, es más, ni siquiera se le había ocurrido hacerlo; pero esa noche, por razones ajenas a ella, se le antojó ir a ese lugar.

Estaba en el ala sur del castillo, en la parte más alejada y abandonada. Todo estaba oscuro, escasamente iluminado por la luz de la luna que se colaba por las ventanas, creando fantasmagóricas formas en las paredes. Y en ese desolado lugar, por alguna extraña razón, hacia más frio de lo normal y el sonido de sus pasos retumbaba en las paredes de concreto y parecía amplificarse al hacerlo. Era escalofriante, pero ella no se sintió ni intimidada ni asustada. Tenía curiosidad por saber qué la había impulsado a ir a ese lugar, e iba a descubrirlo esa noche.

Caminó por los pasillos sin ningún rumbo fijo, fijándose en todo a su alrededor. Se sentía exactamente como aquella vez que, guiada por una extraña curiosidad, llegó a la biblioteca justo cuando Luke estaba ahí. Y, al pensar en eso, se sintió asustada. Lo que había pasado esa vez no fue agradable, qué le aseguraba a ella que lo que fuese a encontrar en esa extraña búsqueda fuese mejor.

Abstraída en sus cavilaciones llegó al final de uno de los tantos pasillos que había recorrido. Y en este, contrario a los otros, había una puerta, alta, imponente y hermosamente tallada. Sin dudarlo ni un solo segundo, entró en la habitación.

Si toda el ala oeste parecía abandonada, esta habitación no lo estaba. Nada de cortinas raídas, capas y capas de polvo o telarañas colgando en las esquinas. No. Esa habitación, que era más bien una especie de salón, estaba hermosamente decorado con tonos plateados y azules. La llama de las lámparas refulgía en la estancia dándole un extraño aspecto de calidez al lugar, a pesar de que los tonos de la decoración eran fríos.

Pero ella no le prestó mucha atención a la decoración, mucho menos al hecho de que, contrario a toda el ala, esa habitación estaba totalmente cálida, agradable. Ella sólo tenía ojos para la gruesa y aparentemente pesada cortina azul oscuro que cubría la pared del fondo, sobre la chimenea. Guiada por la misma fuerza que la llevó a emprender ese viaje, se acercó al lugar, y tomando la cortina por una de las esquinas, tiró de ella hacia un lado para descubrir qué era lo que ocultaba.

Un cuadro. Una enorme pintura de una hermosa familia. Todos hermosos, todos rubios. En el centro del mismo, sentada en una silla de espaldar alto, estaba una joven mujer, de largos cabellos y ojos de un profundo azul grisáceo. Llevaba en brazos un bebé, tan o más hermoso que su madre (quizás el bebé más hermoso que Anne hubiese visto en toda su vida), el cual era prácticamente venerado por sus padres. El hombre, el cual estaba reclinado hacia su esposa, era alto, imponente y de largo y alborotado cabello dorado. Sus ojos, como los de su hijo, eran profundos pozos de un tono gris azogue. Era un cuadro hermoso, delicadamente pintado.

Anne no podía apartar la vista de ellos. Se veían tan bien, tan felices. Parecía como si todo lo malo que pasara en el mundo no los afectaba. Como si no hubiese nada más importante que ellos en todo el mundo.

“Deben ser los antiguos reyes del Hellaven”, pensó, sin siquiera despegar los ojos de la pintura, tratando de asimilar hasta el mas mínimo detalle de la misma. “Si es así, ¿Dónde están? ¿Y que fue del heredero?”.

Se propuso tratar de averiguarlo. Esa familia y todo lo referente a ella le causaba una gran curiosidad. Además, de alguna extraña manera, se sentía en la necesidad de saberlo todo sobre ellos. Y ella, como persona curiosa (y, para que negarlo, medio nerd) iba descubrir hasta la mas mínima cosa relacionada con los protagonistas de la pintura.
La Premonición
Titulo: Sucesos extraños
Fandom: La Premonición.
Claim: Luke Brown- Adrian Nightingale- Anne Foster
Tema: #21 – Desconcierto
Palabras: 1630 palabras
Advertencias: algunas palabras mal sonantes. Nada de otro mundo.

Luke aún no podía creer lo que le habían pedido que hiciera. Y eso, que le habían tocado hacer muchas cosas extrañas en su vida. Pero esto… esto era otra cosa.

Ir a la tierra y hacer de Recolector no era una de las cosas que más le agradase hacer. Tampoco lo había hecho antes, cabía mencionar. Él era uno de los Encargados de la Limpieza, o sea, una de las poquísimas personas que se encargaban de deshacerse del trabajo de los Recolectores. Y ahora a él le tocaba hacer el asqueroso trabajo de uno de ellos.
Solo con pensarlo le provocaba escalofríos. Mucho más si tomamos en cuenta el hecho de que él odiaba profundamente a los terranos y todo lo que estuviese relacionado con ellos.

Pero bueno, no podía negarse a hacer su trabajo ya que esa había sido una orden directa del Rey. Y decirle que no a ese hombre era igual de peligroso que meterse en una jaula llena de leones hambrientos envuelto en tocino.

Pero de todo eso, lo que a Luke más le molestaba no era ir a la tierra y atrapar a un humano y hacer lo que sea que hiciesen los Recolectores. No. Lo que a el le molestaba en realidad era tener que hacerlo con Adrian al lado. ¡Por Dios, como detestaba a ese tipo!

Adrian Nightingale, Príncipe del Hellaven, era la persona más insufrible, pedante, orgullosa y creída que él hubiese conocido en toda su vida. Era un niño mimado que, solo porque ostentaba el maravilloso titulo de Príncipe, creía que era el dueño del mundo. Creía que todo el mundo debía rendirle pleitesía y besarle los pies. O peor aún, considerar como un lugar santo lo que él tocaba o pisaba. Pobre idiota.

Y ahora, le tocaba estar con él, sabría Dios por cuanto tiempo, en un mundo que detestaba más que al tipo que tenía al lado. Genial. Simplemente genial. Su día no podía ser peor.

Cuando ambos cruzaron la puerta que conectaba los dos mundos y llegaron al otro lado, Luke fue inmediatamente azotado por las altas temperaturas de la Tierra. Bien, ese lugar se ganaba un punto solo por eso. Él realmente odiaba el frío del Hellaven, y salir de ese lugar y entrar a este calido mundo, era realmente una bendición.

El lugar en el que se habían aparecido era un bosque, oscuro y tan tenebroso como el Bosque de los Lamentos de su propio mundo. No había farolas que alumbrasen los alrededores y la luz de la luna a penas se filtraba por las altas y frondosas copas de los árboles, creando horripilantes formas en el suelo.

Quería decirle a su compañero de viajes un par de insultos por haberlo llevado a ese desolado lugar, con la excusa de que ninguna persona con dos dedos de frente y en pleno usos de sus facultades mentales, estaría rondando ese sitio a esa hora. Pero, para su mala suerte, un terrano apareció. El dulce aroma de su piel lo delataba a pesar de estar en su mundo. Bien, ya tendría oportunidad de insultarlo en otro momento.

El terrano recién llegado era una chica, de baja estatura y cabello muy corto y en punta. Estaba vestida completamente de negro, con una falda extremadamente corta y deshilachada, medias que le llegaban un poco mas arriba de las rodillas, zapatos planos y una camiseta negra sin ningún diseño. Desde donde estaban no podían ver exactamente sus rasgos ya que la luz en aquel lugar era muy pobre, pero no había que ser un genio ni estar a dos pasos de ella para saber que la chica era bastante extraña… mucho mas extraña que ellos dos juntos, y eso ya era mucho que decir.

Luke iba a preguntarle a Adrian si esta era la chica a la que habían ido a “cazar” pero ni siquiera llegó a abrir la boca cuando su compañero negó lentamente con la cabeza. Como odiaba cuando hacia eso. Sus pensamientos eran privados, por algo no los compartiría con él. Pero, al parecer, a Adrian le encantaba la idea de fisgonear dentro de su cabeza. Maldito bastardo.

La joven, mirando hacia todos lados como si hubiese perdido algo y lo estuviese buscando, se fue acercando lentamente a ellos. Ambos hombres quedaron con la boca abierta al ver que su extraña acompañante no era mas que Anne, la chica que había pasado más de un año en el Hellaven y a la cual, supuestamente, Adrian había matado… dos veces.

Luke giró la cabeza lentamente y lo miró con una clara expresión de desconcierto en el rostro, esperando que su compañero volviese a leerle la mente y le diese una buena respuesta. Pero su sorpresa fue aún mayor al darse cuenta de que el maravilloso y perfecto Príncipe, estaba igual de desconcertado y sorprendido que él.

Esa estrambótica jovencita, de ojos y labios maquillados de negro, con un desastre por cabello y llena de abalorios plateados, era la hermosa y dulce chica de la cual ambos se habían enamorado. Pero eso no era lo peor de toda esa extraña situación. Lo más desconcertante era el hecho de que estaba viva… muy diferente de la Anne que conocieron una vez, pero viva al fin.

¿Cómo demonios era eso posible?

Definitivamente, esa chica tenía mucha suerte… o Adrian era un completo inútil. Luke quería pensar que eran ambas cosas a la vez.

Trató de acercarse a la joven y tocarla pero se llevó un chasco al darse cuenta de que su mano la atravesó como si ella fuese un espectro.

¿Qué demonios…?

— ¿Puedes hacerme el grandísimo favor de explicarme que coño está pasando aquí?

Luke se dio la vuelta y le preguntó a Adrian con tono rudo, mientras le dirigía una mirada mordaz. El Príncipe no le dijo absolutamente nada. Seguía mirando a Anne como si fuese una aparición mientras murmuraba “ella está muerta, ella está muerta” una y otra vez.

Perfecto, lo que le faltaba, que el único que podía llevarlo de vuelta a su mundo se hubiese vuelto loco.

Se acercó al hombre y, a regañadientes, colocó las manos en sus hombros para zarandearlo y hacerlo volver en sí. Si eso no funcionaba, tendría que golpearlo. Lastima por Adrian, ya que Luke estaba seguro de que saldría bastante magullado de ahí si no volvía al lado de los cuerdos en esos momentos.

Adrian sacudió un poco la cabeza y le dirigió una mirada total y completamente desconcertada.

—Ahora que tengo toda tu atención, Principito, quiero que me digas qué demonios hace Anne aquí.
— ¿Debería saberlo?—fue su escueta respuesta.

—No, claro que no deberías saberlo. — le dijo con sarcasmo— Porque, según tu, Anne estaba muerta, ¿no? Pero déjame decirte algo, los muertos no caminan. Y esta chica se ha librado de la muerte dos veces. ¿Tiene eso algo de lógica para ti? ¿Tienes algo decir respecto a eso?

Adrian quitó las manos de Luke de sus hombros con un movimiento brusco y se arregló su abrigo.

—Por el tono con el que me dices eso, debo suponer que dudas de que en verdad haya hecho mi trabajo. —Luke bufó, enormemente contrariado— Créeme, hice lo que tenia que hacer… en ambas ocasiones. Pero, al parecer, alguien o algo no quiere que esta chica muera. En ese caso, yo no puedo hacer nada.

Si Adrian, que era bastante viejo y sabio a pesar de tener la apariencia de un chico de veinte años, decía eso, algo de lógica debía tener ese asunto. Aunque Luke seguía dudando.

— ¿Y qué hacemos ahora? No podemos tocarla y ella, tampoco puede vernos…— le preguntó mientras le dirigía una mirada a la chica, que seguía buscando entre los árboles.

—No vinimos por ella, ya te lo dije— musitó, serio.

—Pero…

—Sin peros, chico. No hay nada que podamos hacer. Olvida a la chica y haz tu trabajo. A menos que quieras tener problemas con el Rey.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no patearle el trasero por ser aun más idiota e insoportable de lo que era siempre, Luke se dispuso a pasar por el lado de Anne y salir del bosque. Y aunque le costase admitirlo, Adrian tenia razón. Ellos habían ido a ese lugar a cumplir una misión y no a pasear ni a tratar de resolver otro tipo de problemas.

En el mismo instante en el Luke cruzaba por el lado de Anne, ella movió su mano y lo tocó. No fue un gesto premeditado ni nada que significase que ella sabía que él estaba ahí, pero, de todas formas, su calida mano tocó su piel sin siquiera traspasarla. Ella miró el lugar en el que él estaba con los ojos bien abiertos, completamente perpleja por haber sentido algo sólido en donde no había nada, pero a los pocos segundos movió la cabeza de un lado a otro, restándole importancia al asunto.

Ella se había vuelto loca hacia mucho tiempo, por eso creía ver cosas donde no había absolutamente nada. Por eso recordaba cosas que en realidad, nunca pasaron.

Como si nada hubiese pasado, siguió caminando, adentrándose más en el bosque, mientras Luke y Adrian se dirigían en dirección contraria.

“Eso fue raro”, pensó Luke mientras caminaba, con un muy silencioso Adrian al lado. Definitivamente, esa era una de las experiencias más extrañas de su vida. Olvida lo de los Recolectores y todo el trauma que eso podría acarrearle. Esto era algo mucho más grande, más profundo e importante. Él hecho de que Anne estuviese viva y pareciese bastante ajena a su mundo y a lo que había vivido, era un misterio que el, definitivamente, iba a resolver. Y cuando lo hiciera, iba a llevarse a Anne de vuelta al lugar en el que debía estar. Eso era seguro.
La Premonición
Titulo: Contradicción.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: #23 - Muerte
Palabras: 202
Advertencias: Solo que se hace mención a la muerte. Nada de que preocuparse xP.
Notas: Pertenece a la Tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta"


Nadie podía comprenderla por más que lo intentasen. Porque ninguno de ellos estaba pasando por lo mismo que ella. Ninguno de ellos tenía un “se busca” pegado en la espalda. Ninguno de ellos estaba marcado para morir.

Y ella, aunque no había hecho nada para merecer semejante castigo, era la persona más buscada y perseguida de todo el Hellaven. Tenía que vivir encerrada entre cuatro paredes, sufriendo humillaciones, desplantes y malos tratos. Amando a una persona que no sentía el más mínimo aprecio por ella. Torturándose con los recuerdos del pasado e imaginando el futuro que hubiese tenido de no haber asistido a esa estúpida fiesta.

¿Cómo podrían ellos comprenderla cuando sus vidas eran tan perfectas y tranquilas, cuando su única preocupación era el trabajo y los deberes que tenían que cumplir para el reino? ¿Cómo osaban a decir que sabían lo que sentía cuando podían irse a la cama, tranquilos y confiados de que no los iban a matar mientras dormían?

Y aunque ella apreciaba que le dijeran esas cosas, prefería que no lo hicieran. No soportaba saber que, aunque ellos la querían y de verdad sentían muchísimo todo por lo que ella estaba pasando, preferían que estuviese muerta. Contradictorio ¿no?
La Premonición
Titulo: Tan rojo como la sangre.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: # 16- Tijeras
Palabras: 495 palabras
Advertencias: ninguna.
Notas: pertenece a la Tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta"


Su cabello era una de las cosas que a ella menos le gustaba de sí misma. Era tan rojo, tan llamativo, que tenía que teñírselo de negro para poder pasar desapercibida delante de la gente. Ya tenía suficiente con ser la atracción solo por tener miles de pecas en el rostro y hombros; no quería agregarle un artículo más a la lista.

Pero toda esa obsesión que tenía de cambiarse el color de pelo casi mensualmente se vio truncada mientras estuvo en el Hellaven. Allí no había forma de que ella pudiese esconder su pequeño “defecto” así que tuvo que conformarse con dejar que su cabello volviera a su color natural con alarmante velocidad. Aquellos habían sido unos días realmente duros.

Ella era la única persona pelirroja en todo ese oscuro mundo, por lo que llamaba aún más la atención. Por suerte, solo las hermanas de la “Casa Dorada” la veían, por lo que su acoso no era algo con lo que no pudiera vivir. Y las hermanas no solían ser muy entrometidas respecto a eso. Solo tenía que decir que se lo teñido mágicamente para ser “diferente” para que las hermanas dejaran de preguntar.

En resumen, Anne odiaba su apariencia. Realmente lo hacía. Pero alguien una vez le había dicho que no tenía motivos para sentirse así. Le había dicho que era la mujer más hermosa que había visto en su vida y ella le había creído. Por Dios que lo había hecho. Incluso le había gustado ser así, porque a él le gustaba tal cual ella era. Y lo amaba por eso, por aceptarla y quererla.

Pero, lamentablemente, todo eso había sido una mentira. Le había tocado descubrirlo de la peor manera posible.

Cuando se despertó en la cama de aquel hospital, rodeada de personas que en esos momentos le eran tan indiferentes, supo que nada de lo que había vivido en el Hellaven era cierto. Y tuvo la certeza de ello cuando su madre le dijo que Juliette la había encontrado inconsciente en el bosque hacía dos semanas.

Dos semanas. Para ella, había pasado más de un año. Pero no, todo había sido un sueño. Incluidas las palabras que él le había dicho.

Por eso estaba allí, frente al espejo de su baño, cortándose su hermoso cabello negro con unas burdas tijeras de su madre. Quizás para las demás personas fuese un acto estúpido y sin sentido, pero para ella era algo importante. No quería tener nada que le recordara al Hellaven ni lo que había vivido allí. No quería tener la misma apariencia que tenía cuando estaba allá. Quería ser fea, más de lo que ya era, para que nadie volviera a decirle que era hermosa para luego tener que despertarse y darse cuenta de que, nuevamente, lo había soñado.

Quería que su realidad fuese lo suficientemente fea como para que no le dieran ganas de volver a soñar con cosas que no podía tener y que le dolería enormemente perder.
La Premonición
Titulo: Aburrida en casa.
Fandom: La Premonición.
Claim: AnnexLuke
Tema: # 7- Mirada
Palabras: 234 Palabras.
Advertencias: ninguna.
Notas: Pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta".


Anne estaba en el salón de la casa de Luke, sin nada que hacer. Se aburría pero no tenía forma de solucionar ese problema. No en la casa de Luke. Si se hubiese encontrado en la casa de Edna o de Cecil, de seguro que estaría haciendo cosas más interesantes que mirar el techo, o contar ovejitas para tratar de dormir.

Y estaba segura de que si se atrevía a decir algo, se ganaría un sermón por parte de su “compañero de casa”. O, si tenía suerte, una de sus feroces y frías miradas.

Y pensar en eso hizo que el corazón de Anne se acelerara. Dios, los ojos de Luke eran realmente hermosos. Eran dos pozos grises, de un gris azogue que le helaban la sangre y la hacían sentir pequeña y frágil. Desprotegida. La hacían querer huir. Pero aun así eran tan hermosos… como él.

Rió nerviosamente al darse cuenta de a dónde la habían llevado sus pensamientos. Justo a aquel lugar al que no quería llegar; el lugar en donde residían esos extraños e indeseados sentimientos que albergaba por él. Porque Anne sabía que lo quería a pesar de todos los problemas que tenía y a pesar de lo mal que él se comportaba con ella. Pero qué podía hacer. Luke la había seducido y atrapado en sus redes solo con una mirada. Nada podía hacer ya para escapar de él.
La Premonición
Titulo: Visitando a un ¿amigo?
Fandom: La Premonición.
Claim: AnnexLuke
Tema: # 1- Sangre
Palabras: 644
Advertencias: Ninguna.
Notas: este drabble forma parte de la tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta".

Después de haber arreglado sus problemas con Adrian, Anne se dirigió a la casa de Luke para contarle las buenas nuevas. Bueno, esa era solo una excusa porque ella, en realidad, iba hasta su casa porque necesitaba verlo. Y era algo extraño, porque nunca había sentido la necesidad tan grande de ver y estar con alguien. Pero ahora sentía eso por Luke. No era algo malo en realidad, solo extraño, porque Luke y ella antes no se llevaban muy bien que digamos.

Su relación había cambiado muchísimo desde que empezaron a compartir casa (no porque Luke quisiera) pero no era el tipo de relación que debería existir como para que ella se sintiese tan cómoda con él. Además, estaba el hecho de que era una mujer casada y la futura reina del Hellaven.

Pero a ella eso poco le importaba. Desde aquella extraña tarde en la biblioteca del castillo, sus prioridades cambiaron radicalmente. Ahora Luke formaba parte de la pequeña lista de personas importantes en su vida y no podía hacer nada para evitarlo. Tampoco es que quisiese hacerlo.

Cuando estuvo frente a la puerta, dio tres toques y esperó a que le abriera. La puerta se abrió a los pocos minutos y Luke apareció en su campo de visión tan hermoso y radiante que fue realmente difícil dominar esos impulsos posesivos que últimamente la acosaban. Quería abrazarlo, quería besarlo, pero sabía que no podía hacerlo porque lo tenía prohibido. Punto. Era cierto que desde aquel pequeño “desliz” de la biblioteca ella podía hacer y deshacer a su antojo con él, pero no quería abusar de su autoridad y poder sobre él. No seria justo, para ninguno de los dos.

—Buenas tardes, Princesa— la saludó con una reverencia.

Anne se sorprendió y asustó al mismo tiempo. Luke nunca, en el tiempo que llevaba casada con Adrian, la había saludado de esa forma tan respetuosa. Mucho menos se había mostrado tan cohibido con ella. Algo estaba pasando y temía que fuese algo muy malo.

Él se hizo a un lado y le permitió pasar.

—Buenas tardes para ti también, Luke. Espero no haber interrumpido nada…

—No, no lo ha hecho.

Ella lo miró con los ojos entornados durante un rato largo. Esto no le estaba gustando.

—Antes de contarte el motivo de mi visita, me gustaría que me respondieses una pregunta.

—La que quiera.

— ¿Qué esta pasando? ¿Por qué me tratas con tanta deferencia y respeto?

Él la miró, sorprendido. Luego, tratando de que sus palabras sonasen lo más calmadas posibles, le dijo:

—Me siento en la necesidad de hacerlo, Princesa.

—Pero no tienes porque. Yo sigo siendo Anne, la chica que Edna encontró en el Bosque de los Lamentos. La molesta Terrana. — Agregó, con una sonrisa— Nada ha cambiado entre nosotros para que me estés tratando de esta forma.

—Yo no pienso lo mismo.

Ella, de pronto, comprendió todo. Él estaba actuando así por el pacto de sangre que hicieron (no había sido un pacto realmente, pero había sangre implicada. Sangre de ambos, así que era lógico que él pensase que era un pacto y no otra cosa. Además, esa era la explicación más lógica que podía sacar). Él cree que ella lo va a reclamar como su eterno sirviente. Anne no pudo evitar sonreír al pensar en esto.

Lentamente, tratando de no alarmarlo ni mucho menos, se acercó a él y acunó su rostro con sus manos.

—Querido Luke, ¿Cómo pudiste pensar que yo iba a pedirte que fueses mi esclavo? Jamás, escúchame bien, jamás serás semejante cosa. Eres demasiado importante para mí como para que termines de esa lamentable forma.

Él la miró sorprendido y, extrañamente, con las mejillas sonrojadas. Anne las acarició suavemente con los pulgares, mientras una hermosa y radiante sonrisa aparecía en sus labios. Luke se había sonrojado, quien lo diría. Y eso era algo que ella, difícilmente, olvidaría.