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La Premonición
Titulo: La Fe Perdida
Fandom: Memorias de Idhún
Claim: Gaedalu
Palabras: 297 palabras


Unos minutos. Solo unos cuantos minutos le sirvieron para que abriera los ojos y cayera en cuenta de que lo que veía, no era lo mismo que veían los demás. Para que cayera en la cuenta de que estaba defendiendo algo que no valía la pena defender. Para que cayera en la cuenta de que el mundo en el que vivía, no era el mundo real.

Se sentía vacía y miserable. Sentía que su vida ya no tenía sentido, y con razón. Todo en lo que había creído se había ido a la basura de un solo golpe. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué tuvieron que destruir los cimientos de su existencia? ¿Por qué se ensañaron tanto contra ellos? ¡¿Por qué?!

Estas preguntas daban vueltas por su cabeza desde el mismo instante en que sus voces se apagaron y el cuerpo de la pequeña oyente cayó al suelo, inconsciente. Aquellas siniestras y atronadoras voces que había ansiado tanto escuchar y que le habían dicho, sin clemencia, que su existencia no significaba nada para ellos y que así como los habían creado, podrían crear muchos mas.

Ella no se repondría de aquello. Nunca dejaría de sentir aquel terror que la consumía por dentro. Nunca dejaría de sentirse culpable. No volvería a ser la misma Gaedalu de antes y por tal motivo ya no podía seguir siendo la Madre Venerable de la Iglesia de las Tres Lunas.

¿Qué sería de la iglesia de ahora en adelante? ¿Sobreviviría al destructor paso de los dioses? No lo sabía pero tampoco le importaba saberlo. Los dioses habían dejado de ser algo importante para ella. Ahora, simplemente, eran los creadores de Idhún que habían llegado para saldar una cuenta pendiente con su sombra. Ahora eran los destructores de Idhún.
La Premonición
Titulo: Ansiedad
Palabras: 520
Fandom: El príncipe del tenis
Claim: Ryoma, Momoshiro.

Era una mañana normal y corriente, como esas en las que crees que nada será diferente de la anterior. Eso había pensado Ryoma Echizen cuando se levantó de su cama (a regañadientes, cabe agregar) y se dispuso a arreglarse para ir a la escuela.

Como cada mañana, había tomado su tan odiado desayuno al estilo americano, y cuando se disponía a irse caminando tranquilamente hacia la escuela, aparece Momoshiro en su bicicleta y le quita la mochila, obligándolo a correr detrás de él. También, como cada mañana, se durmió en la clase de inglés y su profesor lo mandó a la pizarra pensando que de esa forma podría desquitarse, pero como siempre, Ryoma hizo perfectamente bien lo que este le había indicado que hiciera.

Todo sucedió con monótona normalidad hasta que llegó la hora del receso y Ryoma, con expresión sorprendida y casi aterrorizada, fue testigo de algo que jamás pensó ver: se habían acabado las Ponta. Estuvo casi toda la hora del receso, buscando una Ponta peor en toda la escuela no había ni una sola lata de tan deliciosa bebida y él se moría de ganas por tomar una.

Cuando sonó la campana, se dirigió resignado hacia su clase pensando en la forma más fácil y rápida en la que podría conseguir una lata. Varias veces le llamaron la atención por estar tan distraído; y es que no podía evitarlo. Las ganas de tomarse una Ponta lo estaban volviendo loco.

—Si tantas ganas tienes de tomarte una soda, ¿Por qué no te tomas una Coca-Cola, Ryoma?—le sugirió Momoshiro en el vestidor del club de tenis mientras se ponían sus uniformes de deporte,

—Porque no quiero— fue su escueta respuesta, antes de salir rumbo a las canchas.

Momoshiro solo rodó los ojos como respuesta. Cuando Ryoma estaba así, lo mejor era dejarlo tranquilo.


Los demás miembros del club pensaron lo mismo al ver la terrorífica expresión del rostro del menor. Incluso Kaoru (que siempre era el de la “expresión terrorífica”) decidió alejarse de él, por lo menos, mas de lo normal.

Y así pasó la tarde, entre las caras de susto que ponían los pobres alumnos a los que les tocaba jugar con un Ryoma agresivo (a causa del mal humor que el provocaba su ansiedad por tomarse una fría y deliciosa Ponta de uva) y la cara de sádica satisfacción que ponía Fuji al ver la escena.

—Ya basta, Ryoma, deja ya de comportarte como un idiota. No vas a morirte porque un día no te tomes una estúpida Ponta— se quejó Momoshiro, mientras iban camino a sus casas— ¿Es que acaso no te das cuenta de que te estas convirtiendo en un adicto a esa cosa?

Ryoma no le dijo nada porque justo en ese momento, algo captó su atención: una maquina de sodas… una que tenia Ponta. Todo brilló alrededor de Ryoma. Todo volvió a la normalidad cuando el líquido tocó su lengua y descendió por su garganta saciando su sed.

Tuvo ganas de decirle a Momoshiro “si, soy adicto ¿y que?” pero eso significaba dejar de tomar su Ponta, cosa que el, no haría.
La Premonición
Titulo: Develando un secreto.
Claim: Annie Menz
Fandom: Arx
Palabras: 428
Notas y Disclaimer: Annie Menz no me pertenece ni nada que tenga que ver con Arx. Arx es un foro Rol de escritura historias y Annie es un personaje creado por los miembros de "La logia de los Disectos" del foro Los Malos Fics y sus Autores. Este es un reto para el Torneo de Criticos. Lo unico que me pertenece es el Drabble.


Ella lo sabía. Sabía que si le contaba eso a alguien se iba a meter en serios problemas, pero de todas formas lo iba a hacer. Tenía que hacerlo. No podía seguir guardando ese secreto porque estaba segura que se iba a volver loca. No era algo sano, la verdad. Además, estaba la posibilidad de que la persona a la que iba a contarle todo, quisiera ayudarla. Era su amigo, ¿no?

Por esa razón, se citó con su único amigo en todo ese maldito lugar. Y él no era precisamente la persona adecuada para contarle semejante cosa pero ella, de todas formas, iba a hacerlo. Sabia que si él hubiese querido matarla, lo hubiese hecho hacía mucho tiempo. Porque los que eran como él y los que eran como ella no se llevaban bien. Más bien, las demás razas no se llevaban con la gente como ella.

Por esa razón lo citó en el bar en el que trabajaba. No era conveniente que se vieran en otro lugar porque afuera no estaban seguros. Bueno, en ningún lugar lo estaban pero el bar era su entorno; se sentía mucho mejor allí que en cualquier otro lugar.

— ¿…Tu que piensas, linda?—interrumpió sus pensamientos uno de los clientes del bar. Estaba de más mencionar que ella no tenia idea de que estaban hablando.

— ¿Disculpa?—le preguntó, mientras limpiaba la barra.

—Que cuál es tu opinión sobre el tema de los híbridos. ¿Verdad que es mas divertido matarlos lenta y dolorosamente?— preguntó el que, de los dos, estaba mas sobrio.

—Apuesto que piensa que es mejor que mueran rápidamente. De un solo golpe. Esos malditos híbridos no tienen derecho a morir rápido. No. Tienen que sufrir…

Los dos hombres siguieron su conversación, ignorando a Annie completamente. Mejor, ella no tenía cabeza para fingir que les prestaba atención. Eso que ellos habían dicho le había hecho darse cuenta del error que había estado a punto de cometer. Travis era uno de ellos, un Valeo, y era obvio que si ellos pensaban de esa forma de un hibrido, su amigo pensaría de la misma manera.

No, mejor dejaba las cosas como estaban. Hasta el momento, no había tenido ningún tipo de problema; sus disfraces no habían fallado y ningún cliente del bar (el cual recibía una clientela muy variada) se había dado cuenta de cual era su verdadera naturaleza. Quizás lo mejor era que las cosas siguieran como estaban y que ella no develara su pequeño secreto. Un secreto que era muy probable que, inmediatamente saliese de sus labios, le costase la vida.