Showing posts with label Claim: Anne Foster. Show all posts
Showing posts with label Claim: Anne Foster. Show all posts
La Premonición
Titulo: Detrás de la puerta…
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 739 palabras
Advertencias: one-shot con un final muy malo. Quedan advertidos lol.
Notas: este drabble está basado, basicamente, en la imagen, en lo que esta me hizo sentir y “ver”. Y aunque la imagen es mucho mas clara y nitida de lo que fue en mi cabeza, es la misma puerta (aunque mi descripción de la misma sea tan vaga y pobre lol).



Una vez más estaba corriendo. Una vez más se estaba escondiendo de esa detestable persona que la perseguía y que sólo quería destruirla. Pero esta vez, a diferencia de la anterior, estaba en un lugar completamente desconocido; estaba en otro mundo.

Sus pies descalzos chocaban contra el frío suelo, sin producir sonido alguno que rompiese con la tranquilidad de la noche. Su corto cabello al igual que su vestido blanco, ondeaban libres en el viento, dándole la apariencia de un fantasma, prácticamente rompiendo con la oscuridad del lugar. Ella no podía ver u oír nada, nada salvo el sonido de su agitada respiración, pero podía sentir en su piel, destruyendo, calándose hasta sus huesos, el terror, la sed de sangre, la muerte.

La muerte la estaba persiguiendo, avanzando a pasos agigantados, y ella no podía hacer nada para evitar que la atrapase.

De pronto, como salida de la nada, una casa apareció en su campo de visión. Estaba hecha de piedra, sin ninguna decoración que destacase en ella. Al frente sólo tenía un par de puertas de madera, destruidas por el tiempo, y que estaban escasamente sostenidas a sus goznes. Con las últimas fuerzas que le quedaban, lo más rápido que pudo, se acercó al extraño lugar y, golpeando fuertemente con el hombro, abrió la puerta.

Dentro del lugar estaba oscuro como la boca de un lobo por lo que dudó que fuese una buena idea adentrarse allí. Pero al escuchar los pasos de su captor, que parecían resonar en el penetrante silencio del bosque, optó por arriesgarse y esconderse ahí dentro. De seguro ese lugar era más seguro que afuera.

Las puertas se cerraron en el mismo instante en el que ella les dio la espalda, como en una película de terror. Ahogó un grito de terror tapándose la boca con las manos, por temor de que su captor la escuchase, y se encaminó hacia una de las paredes para protegerse en la sombras. Inmediatamente puso una mano en la pared, toda la estancia se iluminó con una extraña luz que parecía salir de todos lados.

Contrario a lo que pensaba, no estaba en una casa: estaba en lo que parecía ser la entrada de la misma. A su alrededor habían montones de árboles, que por el paso del tiempo habían crecido libres, ocupando lugares que no les pertenecían. El pasto, tan alto que le acariciaba los tobillos al caminar, estaba extrañamente cálido, como si hubiese sido calentado por el sol.

La casa estaba al fondo, alta y hermosa, como si los años no hubiesen pasado y todo a su alrededor no estuviese arruinado por el despiadado paso de los años. La casa parecía refulgir, parecía ser el sol en medio de todo ese universo, y ella se sintió raramente atraída por ese lugar. Extasiada, atraída, se acercó hacia la casa. Quería tocarla, quería saber si era tan cálida como se veía. Quería saber si era real.

Cuando estaba a pocos centímetros de tocarla, la luz que había estado iluminando todo se apagó, haciendo que todo volviese a su desolado aspecto. La casa estaba en ruinas, apenas unos cuantos muros en pie. El suelo, duro y frío, no tenía ni la sombra del pasto que ella había estado pisando segundos antes. Y los altos y frondosos árboles y plantas, no mostraban el brío y resplandor de antes; ahora, apenas, eran meros esqueletos, restos de lo que fueron alguna vez.

Y en ese momento, vinieron la desolación y la tristeza a visitar a la joven, a rodearla, a torturarla y desgarrarla con sus huesudas manos. No había esperanza en ese lugar. No había nada hermoso, brillante y cálido que pudiese descongelar el frío corazón de ese mundo. No había forma de que el Hellaven fuese un lugar tan maravilloso como el que ella había visto segundos antes; como la Tierra. Y si el Hellaven no tenia esperanza, ¿por qué una insignificante terrana iba a tener esperanza de salvarse? ¿Por qué ella iba a tener tanta suerte?

Pero, pese a su razonamiento, las desgastadas puertas de madera no se abrieron en toda la noche. Y el monstruo que la perseguía no salió de algún rincón de la casa, como en aquellas películas de terror que ella tanto odiaba. A pesar de todo, a pesar del lugar en el que se encontraba, estaba segura, sintiendo arder por primera vez en mucho tiempo, la pequeña llama de la esperanza en su corazón.
La Premonición
Titulo: Conociendo el mundo.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster, Adrian Nightingale
Tema: # 15- Brutalidad
Palabras: 929 palabras.
Notas: Pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad Lunas y Tinta
Advertencias: drabble carente de sentido. Quedan advertidos. xD


Pasadas unas pocas semanas de haberse consumado su matrimonio con Anne, Adrian llevó a su esposa a conocer las dependencias ocultas del Reino. Estas no eran más que un grupo de salas en donde los Recolectores y demás miembros de esa institución (si se le podía llamar así) hacían su trabajo.

A Anne, al principio, la idea de conocer a fondo como se llevaba a cabo el proceso de caza-asesinato de los terranos le pareció interesante ya que ella misma había sido objeto de eso hacía poco más de un año. Había pensado que, dado que iba a gobernar en ese mundo, tendría que conocer cómo funcionaba esa parte oculta del Reino que era de vital importancia para el Hellaven.

Cuando llegaron al aislado edificio en donde se llevaban a cabo todas las operaciones de los Recolectores y Selectores (que eran los que, de entre todos los terranos, seleccionaban quienes iban a ser cazados) fueron respetuosamente recibidos por una pequeña comitiva de empleados. Después de las reverencias y saludos de rigor, fueron conducidos a la amplia sala de operaciones, donde los Recolectores que estaban de turno, recibían las instrucciones que debían llevar a cabo esa misma noche; los Selectores ya habían terminado con su trabajo por lo que no pudieron verlos en el proceso del mismo.

Anne, que sólo había conocido a un Recolector en toda su vida, se sintió extrañamente maravillada al ver a todos esos hermosos hombres vestidos de manera informal (no de un riguroso negro, con capucha y filosas armas como ella había pensado) hablando de lugares y festividades que le eran conocidas. También por el hecho de que no parecía una reunión en donde se decidía la vida de decenas de terranos, sino una reunión de amigos; una de esas cargadas de risas y comentarios de fútbol, con mucha cerveza de por medio.

Por eso, cuando Adrian le peguntó si estaba dispuesta a ver como los Recolectores trabajaban en la Tierra, le había dicho que sí casi en el acto, olvidándose por completo del hecho de que ella ya sabía como ellos trabajaban. A ella le había tocado sufrir en carne propia lo que algún desafortunado terrano tendría que vivir en cuestión de horas, con la única diferencia de que ella había salido ilesa de todo ese asunto; este terrano no lo haría por más que rezase.

Antes de partir, ella le pidió al Recolector con el que partirían (un hombre con una de las sonrisas mas lindas que ella hubiese visto en su vida) que fuese lo más amable posible con el terrano. Él, con una expresión de pena en su atractivo rostro, le había dicho que eso no dependía de él sino del terrano. Le había dicho que, cuando se trata de hombres, siempre es más difícil; estos siempre pelean y son más difíciles de dominar, mentalmente hablando. Con las mujeres era mucho más fácil ya que la gran mayoría, al verlos, caen rendidas ante su encanto sin que ellos tuviesen que esforzarse mucho. Y, debido a esto, el asunto terminaba mucho más rápido y de manera más limpia.

Esa explicación, en vez de hacerla sentir mejor, la hizo sentir mucho peor. Pero no hizo más que apretar la mano de su esposo y asentir cuando él le había preguntado si estaba dispuesta a hacerlo. Después de eso, Adrian hizo los honores de “abrir la puerta” para que todos pudiesen ir a la Tierra. Por suerte, y a pesar de que lo que atravesaban era la distancia entre un mundo y otro, el trayecto fue igual de corto que el que hubiesen tomado para salir del salón en donde habían estado reunidos.

Ella, Adrian y el Recolector aparecieron en los alrededores de una fiesta de disfraces. Anne y Adrian no tuvieron que cambiarse de ropa ya que andaban vestidos con sus níveos trajes ceremoniales; sólo conjuraron unos antifaces dorados. Adrian, para rematar su llamativo atuendo, conjuró unas coronas a juego con sus antifaces. Anne sólo sonrió cuando él, con una respetuosa inclinación de cabeza, le colocó su corona en la cabeza.

El Recolector se dirigió hacia donde estaba su presa sin siquiera avisarles. Si a Adrian le pareció una falta de respeto, no lo demostró. El tipo, un hombre alto y corpulento vestido de bombero, estaba alejado de la multitud que bailaba y tomaba en medio de la calle. Anne le dirigió una mirada al Recolector mientras este se acercaba a su presa y se sintió aterrada al ver su rostro; al percibir las ansias de sangre que corrían por las venas del hellaveniano.

Todo pasó rápido, tanto que a Anne no le dio tiempo de asimilar lo que estaba viendo. Para ella todo fue golpes, maldiciones, sangre salpicando por todos lados y gritos de dolor. Para ella todo fue un revoltijo de emociones dentro de su ser, todas ellas tan extrañas y desagradables que la asustaban. Y antes de que se diese cuenta, ya se estaba acercado al lugar en el que yacía el terrano, terriblemente golpeado y cubierto de sangre. Si no hubiese sido por Adrian que la tomó por la cintura y la alejó del cuerpo aun con vida, quien sabe lo que hubiese hecho (Adrian no quiso arriesgarse y desaparecieron en el acto).

Cuando llegaron al castillo, ella aun estaba pensando en el hecho de que, a pesar de lo brutal del asunto y del hecho de que juraban y perjuraban que hacían eso por necesidad, los hellavenianos disfrutaban matando a los terranos. Y ella, a pesar de haber sido una terrana hacía tiempo, también había disfrutado del espectáculo.
La Premonición
Titulo: Guiada por la curiosidad.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: # 5- Cuadro
Palabras: 652 palabras
Advertencias: Ninguna.
Notas: pertenece a la tabla Basica 1 de la comunidad Lunas y Tinta.


Anne no había caminado por esa zona del castillo antes, es más, ni siquiera se le había ocurrido hacerlo; pero esa noche, por razones ajenas a ella, se le antojó ir a ese lugar.

Estaba en el ala sur del castillo, en la parte más alejada y abandonada. Todo estaba oscuro, escasamente iluminado por la luz de la luna que se colaba por las ventanas, creando fantasmagóricas formas en las paredes. Y en ese desolado lugar, por alguna extraña razón, hacia más frio de lo normal y el sonido de sus pasos retumbaba en las paredes de concreto y parecía amplificarse al hacerlo. Era escalofriante, pero ella no se sintió ni intimidada ni asustada. Tenía curiosidad por saber qué la había impulsado a ir a ese lugar, e iba a descubrirlo esa noche.

Caminó por los pasillos sin ningún rumbo fijo, fijándose en todo a su alrededor. Se sentía exactamente como aquella vez que, guiada por una extraña curiosidad, llegó a la biblioteca justo cuando Luke estaba ahí. Y, al pensar en eso, se sintió asustada. Lo que había pasado esa vez no fue agradable, qué le aseguraba a ella que lo que fuese a encontrar en esa extraña búsqueda fuese mejor.

Abstraída en sus cavilaciones llegó al final de uno de los tantos pasillos que había recorrido. Y en este, contrario a los otros, había una puerta, alta, imponente y hermosamente tallada. Sin dudarlo ni un solo segundo, entró en la habitación.

Si toda el ala oeste parecía abandonada, esta habitación no lo estaba. Nada de cortinas raídas, capas y capas de polvo o telarañas colgando en las esquinas. No. Esa habitación, que era más bien una especie de salón, estaba hermosamente decorado con tonos plateados y azules. La llama de las lámparas refulgía en la estancia dándole un extraño aspecto de calidez al lugar, a pesar de que los tonos de la decoración eran fríos.

Pero ella no le prestó mucha atención a la decoración, mucho menos al hecho de que, contrario a toda el ala, esa habitación estaba totalmente cálida, agradable. Ella sólo tenía ojos para la gruesa y aparentemente pesada cortina azul oscuro que cubría la pared del fondo, sobre la chimenea. Guiada por la misma fuerza que la llevó a emprender ese viaje, se acercó al lugar, y tomando la cortina por una de las esquinas, tiró de ella hacia un lado para descubrir qué era lo que ocultaba.

Un cuadro. Una enorme pintura de una hermosa familia. Todos hermosos, todos rubios. En el centro del mismo, sentada en una silla de espaldar alto, estaba una joven mujer, de largos cabellos y ojos de un profundo azul grisáceo. Llevaba en brazos un bebé, tan o más hermoso que su madre (quizás el bebé más hermoso que Anne hubiese visto en toda su vida), el cual era prácticamente venerado por sus padres. El hombre, el cual estaba reclinado hacia su esposa, era alto, imponente y de largo y alborotado cabello dorado. Sus ojos, como los de su hijo, eran profundos pozos de un tono gris azogue. Era un cuadro hermoso, delicadamente pintado.

Anne no podía apartar la vista de ellos. Se veían tan bien, tan felices. Parecía como si todo lo malo que pasara en el mundo no los afectaba. Como si no hubiese nada más importante que ellos en todo el mundo.

“Deben ser los antiguos reyes del Hellaven”, pensó, sin siquiera despegar los ojos de la pintura, tratando de asimilar hasta el mas mínimo detalle de la misma. “Si es así, ¿Dónde están? ¿Y que fue del heredero?”.

Se propuso tratar de averiguarlo. Esa familia y todo lo referente a ella le causaba una gran curiosidad. Además, de alguna extraña manera, se sentía en la necesidad de saberlo todo sobre ellos. Y ella, como persona curiosa (y, para que negarlo, medio nerd) iba descubrir hasta la mas mínima cosa relacionada con los protagonistas de la pintura.
La Premonición
Titulo: Dos caras
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 897 palabras.
Notas: esta es la primera vez que escribo algo como esto. Está raro, algo sadico y todo lo demás, pero fue lo que salió. Espero sus comentarios, sugerencias, quejas, criticas y tomatazos (espero que estos ultimos no sean tan fuertes xD). Participa en el dekasem.


Sola. Atrapada. Encerrada entre esas altas paredes de concreto. Atizada por un frío que le carcomía hasta los huesos.

Oscuridad. Oscuridad y unos pocos muebles la rodeaban y al mismo tiempo se burlaban de su condición, de su soledad.

Pobre criatura, que fuiste relegada a un frío y mugriento rincón porque nadie te quería a su lado. Pobre criatura indefensa, olvidada y humillada por tu condición de terrana.

El silencio, que era a veces roto por el golpeteo de la lluvia en el techo y las ventanas; por el crujir de los árboles al mecerse de un lado al otro por el fuerte viento; por los acelerados latidos de su lastimado corazón; la rodeaban como una espesa neblina, mareándola, aturdiéndola.

Y el dolor, ese maldito y despiadado dolor, se apoderaba de su ser recorriendo cada rincón de su cuerpo como si fuese una planta trepadora, una mancha de tinta que se esparcía por la blanca tela del mantel.

Tenia frío y estaba cansada. Estaba sola y deprimida. Hastiada de vivir esa patética vida. Cansada de aguantar humillaciones y malos tratos. Estaba cansada de vivir. Cansada de ver su demacrado reflejo en el espejo. Cansada de llorar, de sufrir, de amar sin ser correspondida.

Estaba cansada, agotada, y por eso no impidió que las lágrimas rodaran libres por sus mejillas. Quizás esas lágrimas, las últimas que derramaría en su vida, lograrían limpiar y borrar el dolor de su corazón. Quizás lograrían arrastrar consigo el tormento de su alma. Quizás abogarían por ella ante Dios para que la perdonase.

Levantó el rostro y vio nuevamente su reflejo en el espejo. Esbozó una pequeña sonrisa, lo que le confirió a su rostro un aspecto demente. Quería ver su rostro todo el tiempo, quizás como una medida para infundirse valor. O quizás como recordatorio de por qué hacía eso.

Levantó la mano derecha en donde tenía las tijeras y la llevó a la altura de su cabeza. Con ayuda de su mano libre, cortó de raíz su alta cola de caballo. Vio a través del espejo (porque estaba decidida a no dejar de mirarlo) cómo sus largos cabellos caían al suelo, casi en cámara lenta.

“Tienes el cabello más hermoso que hubiese visto, Anne”.

Volvió a levantar la vista hasta su rostro, para ver el tormento que mostraban sus ojos. Cuántas frases como esa no había escuchado a lo largo de su vida. Cuántos pares de ojos no la habían mirado con fascinación y curiosidad. Cuántas personas no habían mirado sus ojos fijamente, deseando perderse en sus brillantes pupilas azules, tan brillantes y azules como el mar visto desde una playa paradisíaca.

La gente se había acercado a ella por curiosidad. Por ser la novedad en una escuela plagada de gente común y sin gracia. Por ser bonita. Nadie nunca había sentido verdadero afecto por ella. No había tenido amigas de verdad porque éstas la envidiaban por ser más bonita que ellas.

Juliette, su supuesta mejor amiga, sólo había estado a su lado porque eso la convertía en el blanco de miradas. Y a ella le encantaba ser el centro de atención (contrario a Anne), en especial de los hombres.

Estaba sola y siempre lo había estado.

Sin dudarlo ni un segundo, hizo dos limpios y rápidos cortes, uno en cada mejilla. La sangre corría por su rostro, uniéndose con las lágrimas en ese extraño recorrido hacia el suelo. El dolor de su alma y el de sus heridas mezclándose, fundiéndose, cayendo al suelo en gruesos goterones carmesí junto con estas.

Ella reía por su hazaña, aunque su reflejo en el espejo lloraba y se retorcía de dolor.

“Eres tan hermosa, Anne...”.

Ya nadie la consideraría hermosa. Nunca más. Ya nadie se acercaría a ella buscando ser más popular. Ya nadie se acercaría a ella por interés.

Pero aún así, se sentía mal. Se sentía desdichada; y la muchacha en el espejo era una clara muestra de ello. Esos simples cortes no la ayudarían a ser feliz. Ya nada lo haría.

Entonces lo supo. Ella no tenía derecho a ser feliz. No había nacido bendecida. Había estado toda su vida luchando por un imposible. Había estado buscando una quimera. Había estado sufriendo y padeciendo por nada.

“Ella no debería estar aquí”

“No vales nada”

“Debería estar muerta”

“Muerta”

“¡Muerta!”

Esas palabras, ecos silenciosos que salían de su cabeza y parecían retumbar en las paredes, la golpeaban por todos lados, aferrándose fuertemente a sus brazos y empujándola a cortar lenta y profundamente sus muñecas.

La sangre se deslizaba hacia el suelo, haciendo puente en sus dedos. La tijera había hecho lo mismo segundos antes, cuando sus brazos cayeron inertes a sus costados. Se sentía débil y cansada, pero, por alguna extraña razón, se sentía bien. Relajada, como si todo su dolor se escurriese de su cuerpo con cada gota de sangre.

Antes de quedarse sin fuerzas y caer al suelo, donde la sangre y sus rojos cabellos le hacían alfombra, pudo ver a la muchacha en el espejo. Estaba hermosa, resplandeciente, y en vez de caer como ella lo hacía, parecía flotar, envuelta en un calido y hermoso resplandor. Ya nada podía herirla. Ya nadie jugaría con ella. Ya las cosas mundanas no la afectarían. Ahora era libre. Ahora ella era feliz.

Y en sus últimos momentos, sintió envidia de ella. De la muchacha en el espejo. De su propio reflejo.

____________________________________________________

Gracias Amelie por el beteo *la estruja*
La Premonición
Titulo: Inmortalidad
Claim: Anne Foster
Fandom: La Premonición
Palabras: 221 palabras
Notas: Basado en la frase: “La muerte es el comienzo de la inmortalidad” de Maximilian Robespierre. Participa en el quinesob y forma parte de la tabla Muerte del foro Retos Ilustrados.


Alguien dijo una vez que la muerte es el comienzo de la inmortalidad. Yo creo plenamente en que es cierto. Cuando el ser humano muere, tiene dos opciones de “inmortalidad”: una eternidad feliz en el paraíso, o una eternidad cargada de sangre y dolor en el infierno. Pero, de todas formas, aunque “viva” feliz o sufriendo por sus pecados terrenales, sigue siendo inmortal.

En mi caso, las cosas fueron un poquito diferentes. Morí… dos veces. Y en ambas ocasiones fui enviada a un lugar totalmente diferente a los que ya mencioné. La primera vez que “morí” (y digo morí entre comillas porque en realidad no lo hice; aunque debí de haberlo hecho realmente) terminé en el Hellaven, un mundo alterno a este. La segunda vez, terminé de este lado de la puerta, en la Tierra, extrañando enormemente a la gente que conocí allá.

Pero no crean que tengo un pacto con la Muerte y que por eso no muero. No. El hecho de que esté viva se debe a que tengo una misión que cumplir y el destino no quiere que muera… por lo menos no todavía.

Ahora soy inmortal, viviendo en un mundo en el que se supone que la inmortalidad no existe, esperando que el Príncipe venga a buscarme.

Por esa razón creo en la veracidad de esa frase.
La Premonición


Titulo:
Comprendeme
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 220 palabras
Notas: participa en el foro Retos Ilustrados y en el quinesob. Este corresponde al reto “Necesito tu comprensión”. Quedó horrible, lo se, pero esto es lo que hay por el momento.


Cada vez que digo algo respecto a como me siento, tu sueles bufar y mostrarte molesto e incrédulo. Es como si lo que siento no significase nada para ti. Como si estuviese fingiendo un sufrimiento que en verdad no siento.

¿Por qué no logras comprenderme? ¿Por qué te resulta tan difícil imaginar mi sufrimiento?

Sufro, sí, mas de lo que te imaginas. Sufro porque mi vida, desde que estoy aquí, se ha visto oscurecida por el odio y el desprecio. Porque la brillante luz que alumbraba mi camino se ha ido apagando dejándome rodeada de una profunda y sofocante oscuridad. Sufro porque, ahora, mi futuro es borroso e incierto. Frío, doloroso, sangriento.

Y tú no logras comprender mi dolor. No logras aceptar el hecho de que solo soy una victima más de este cruel y despiadado destino. No comprendes que me he separado de las personas que amo, de las personas que me aman, para ser perseguida por algo que no he hecho aún (y que, quizás, no haga nunca). No comprendes que nada de esto lo he buscando yo ni que no estaba entre mis planes venir a este lugar.

Por favor, haz un esfuerzo y compréndeme. Haz un esfuerzo y siéntete afligido por mi dolor, aunque sea un poco. No me dejes pasar por esto sola. Por favor…
La Premonición


Titulo:
Quejas de una chica aburrida
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 417
Notas: participa en el foro Retos Ilustrados y en el quinesob. Este corresponde al reto “Necesito tu amistad”.

Aunque Edna y Cecil digan lo contrario, estar aquí no ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Me paso los días sola, encerrada entre estas cuatro paredes, sin nada más que hacer que leer viejos libros o dormir. Mi vida, desde que desperté en este oscuro y frío lugar, es una sucesión de aburridas y monótonas escenas que parecen no acabar nunca. Aburrida, como una mala película con un triste y patético final.

Estoy cansada de esto. Estoy cansada de pasarme los días sola, sin nadie con quien hablar. Estoy cansada de no poder hacer nada porque aquí soy completamente inútil. Estoy cansada de vivir en un mundo en el que no soy bienvenida. Estoy cansada de ser el blanco de todos los Recolectores que lo único que quieren es verme muerta.

No, definitivamente, estar en el Hellaven no ha sido lo mejor que me ha pasado. Ha sido lo peor pero, lamentablemente, no puedo salir de aquí por mi misma. Necesito la ayuda de alguien que parece ser más que un mito que una realidad. Necesito al desaparecido Principe del Hellaven.

Edna y Cecil llevan meses buscándolo y no han dado con su paradero. Y mientras ellos viajan de un lado al otro, preguntando por el paradero de ese escurridizo hombre, yo estoy aquí, muriendo lentamente. ¡Que alguien me mate, por favor!

Todo esto fuese un poquito más soportable, si mi compañero de casa no fuese tan adusto y molesto. Si no creyese que voy a contagiarle algún tipo de virus letal, que va a destruirlo lenta y dolorosamente. Si no tuviese la estúpida convicción de que estoy aquí para destruir su perfecto y maravilloso mundo plagado de oscuridad y tinieblas. Si no tuviese el férreo deseo de matarme con sus hermosas pero mortíferas manos.

Si Luke dejase de ser tan tonto y se diera cuenta de que nada de lo que cree es real, de que está luchando contra molinos de viento en vez de grandes y feroces dragones, mi vida en este lugar fuese mucho mejor. Más… entretenida.

Yo no le estoy pidiendo que me quiera, ni que me trate como si me conociera de toda la vida. Yo solo quiero que deje a un lado esa máscara de indiferencia que suele ponerse cuando estoy cerca y que me trate como si fuese algo más que un mueble que está estorbando. Joder, yo solo necesito que sea mi amigo. O que, por lo menos, finja que lo es. Nada más.
La Premonición


Titulo:
Necesidad
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 220
Notas: participa en el foro Retos Ilustrados y en el quinesob. Este corresponde al reto “Necesito tu amor”.

Tú no me entiendes, aunque eso es lo que más anhelo que hagas. Tú no quieres saber nada de mí a pesar de que yo me muero porque me mires con algo más que indiferencia. Tú no te pones en mi lugar porque me consideras poca cosa. ¿Por qué, Luke? ¿Por qué eres así conmigo? Yo no he hecho otra cosa más que amarte. No he hecho otra cosa más que desear que estés a mi lado y que me quieras de la misma forma en la que yo te quiero a ti.

En todo el tiempo que llevo en este lugar solo he recibido insultos y malos tratos de tu parte. ¿Por qué? ¿Acaso amarte es un pecado? ¿Acaso no tengo derecho a quererte? ¿O es que consideras que mi amor no es suficiente para ti?

Quiero saberlo, Luke. Quiero que me mires a lo ojos y me digas por qué me tratas así. Quiero que de tus labios salgan palabras libres de odio y desprecio. Quiero que me toques y que ese contacto no sea doloroso. Quiero dejar de llorar. Quiero dejar de sentir miedo cuando estoy cerca de ti.

Necesito dejar de sentir miedo. Necesito dejar de sentirme así y solo tú puedes ayudarme a lograrlo. Necesito que me ames, Luke. Solo eso necesito para ser feliz.
La Premonición
Titulo: Recordar es doloroso.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: # 3- Suspiro
Palabras: 324
Advertencias: Ninguna.
Notas: No me gustó, es lo primero que voy a decir. Lo segundo es que este drabble narra un poquito lo que sentía Anne los primeros días que estuvo en el Hellaven. No es para nada esclarecedor (hoy no me salen las cosas profundas y eso xD) pero es lo que hay. Participa en el quinesob.

Amar, para Anne, siempre fue la cosa más importante en el mundo. El sentir algo por otra persona, el quererlo siempre cerca de ella rodeando su cuerpo con sus grandes y fuertes brazos, eran algunas de las pocas cosas que la hacían siempre feliz.

Y siempre dio gracias por haber encontrado a alguien a quien darle todo el amor que anidaba en su corazón. Alguien bueno, gracioso, cariñoso y que, por suerte, sentía lo mismo que ella sentía por él. Con la misma intensidad, con la misma cadencia.

Anne fue feliz al lado de Solomon. Mucho. Cada beso, cada respiro, cada suspiro de placer que compartió con él fue un regalo del cielo para ella. Solomon era su todo. Era la persona más importante para ella. Era su razón de ser y de vivir.

Pero lo había perdido. Una noche, la que se suponía iba a ser la mejor noche de su vida, la noche que definiría su posición en el mundo, se vio cruelmente arrancada de sus brazos para jamás volver a verlo. Y había llorado por horas al enterarse de que posiblemente el la olvidaría pronto, cuando ella estaba en ese lugar sufriendo por él. Al saber que su corazón no dejaría de dolerle por más que se esforzase. Al saber que una parte de ella se había quedado con él y que no lograría recuperarla nunca.

Porque sabía que, aunque lograse regresar a casa otra vez, las cosas jamás volverían a ser como antes con él. Ella, para él y todo el que la conocía, estaba muerta y enterrada. Y aunque apareciese frente a ellos una vez mas, no volverían a verla ni a tratarla igual.

Con un resignado suspiro, se secó las lágrimas del rostro y se alejó de la ventana. Nada conseguiría llorando por él y por lo que había perdido. Ahora tenia muchas cosas en las que preocuparse. Su dolor, en esos momentos, era total y absolutamente irrelevante.
La Premonición
Titulo: Sucesos extraños
Fandom: La Premonición.
Claim: Luke Brown- Adrian Nightingale- Anne Foster
Tema: #21 – Desconcierto
Palabras: 1630 palabras
Advertencias: algunas palabras mal sonantes. Nada de otro mundo.

Luke aún no podía creer lo que le habían pedido que hiciera. Y eso, que le habían tocado hacer muchas cosas extrañas en su vida. Pero esto… esto era otra cosa.

Ir a la tierra y hacer de Recolector no era una de las cosas que más le agradase hacer. Tampoco lo había hecho antes, cabía mencionar. Él era uno de los Encargados de la Limpieza, o sea, una de las poquísimas personas que se encargaban de deshacerse del trabajo de los Recolectores. Y ahora a él le tocaba hacer el asqueroso trabajo de uno de ellos.
Solo con pensarlo le provocaba escalofríos. Mucho más si tomamos en cuenta el hecho de que él odiaba profundamente a los terranos y todo lo que estuviese relacionado con ellos.

Pero bueno, no podía negarse a hacer su trabajo ya que esa había sido una orden directa del Rey. Y decirle que no a ese hombre era igual de peligroso que meterse en una jaula llena de leones hambrientos envuelto en tocino.

Pero de todo eso, lo que a Luke más le molestaba no era ir a la tierra y atrapar a un humano y hacer lo que sea que hiciesen los Recolectores. No. Lo que a el le molestaba en realidad era tener que hacerlo con Adrian al lado. ¡Por Dios, como detestaba a ese tipo!

Adrian Nightingale, Príncipe del Hellaven, era la persona más insufrible, pedante, orgullosa y creída que él hubiese conocido en toda su vida. Era un niño mimado que, solo porque ostentaba el maravilloso titulo de Príncipe, creía que era el dueño del mundo. Creía que todo el mundo debía rendirle pleitesía y besarle los pies. O peor aún, considerar como un lugar santo lo que él tocaba o pisaba. Pobre idiota.

Y ahora, le tocaba estar con él, sabría Dios por cuanto tiempo, en un mundo que detestaba más que al tipo que tenía al lado. Genial. Simplemente genial. Su día no podía ser peor.

Cuando ambos cruzaron la puerta que conectaba los dos mundos y llegaron al otro lado, Luke fue inmediatamente azotado por las altas temperaturas de la Tierra. Bien, ese lugar se ganaba un punto solo por eso. Él realmente odiaba el frío del Hellaven, y salir de ese lugar y entrar a este calido mundo, era realmente una bendición.

El lugar en el que se habían aparecido era un bosque, oscuro y tan tenebroso como el Bosque de los Lamentos de su propio mundo. No había farolas que alumbrasen los alrededores y la luz de la luna a penas se filtraba por las altas y frondosas copas de los árboles, creando horripilantes formas en el suelo.

Quería decirle a su compañero de viajes un par de insultos por haberlo llevado a ese desolado lugar, con la excusa de que ninguna persona con dos dedos de frente y en pleno usos de sus facultades mentales, estaría rondando ese sitio a esa hora. Pero, para su mala suerte, un terrano apareció. El dulce aroma de su piel lo delataba a pesar de estar en su mundo. Bien, ya tendría oportunidad de insultarlo en otro momento.

El terrano recién llegado era una chica, de baja estatura y cabello muy corto y en punta. Estaba vestida completamente de negro, con una falda extremadamente corta y deshilachada, medias que le llegaban un poco mas arriba de las rodillas, zapatos planos y una camiseta negra sin ningún diseño. Desde donde estaban no podían ver exactamente sus rasgos ya que la luz en aquel lugar era muy pobre, pero no había que ser un genio ni estar a dos pasos de ella para saber que la chica era bastante extraña… mucho mas extraña que ellos dos juntos, y eso ya era mucho que decir.

Luke iba a preguntarle a Adrian si esta era la chica a la que habían ido a “cazar” pero ni siquiera llegó a abrir la boca cuando su compañero negó lentamente con la cabeza. Como odiaba cuando hacia eso. Sus pensamientos eran privados, por algo no los compartiría con él. Pero, al parecer, a Adrian le encantaba la idea de fisgonear dentro de su cabeza. Maldito bastardo.

La joven, mirando hacia todos lados como si hubiese perdido algo y lo estuviese buscando, se fue acercando lentamente a ellos. Ambos hombres quedaron con la boca abierta al ver que su extraña acompañante no era mas que Anne, la chica que había pasado más de un año en el Hellaven y a la cual, supuestamente, Adrian había matado… dos veces.

Luke giró la cabeza lentamente y lo miró con una clara expresión de desconcierto en el rostro, esperando que su compañero volviese a leerle la mente y le diese una buena respuesta. Pero su sorpresa fue aún mayor al darse cuenta de que el maravilloso y perfecto Príncipe, estaba igual de desconcertado y sorprendido que él.

Esa estrambótica jovencita, de ojos y labios maquillados de negro, con un desastre por cabello y llena de abalorios plateados, era la hermosa y dulce chica de la cual ambos se habían enamorado. Pero eso no era lo peor de toda esa extraña situación. Lo más desconcertante era el hecho de que estaba viva… muy diferente de la Anne que conocieron una vez, pero viva al fin.

¿Cómo demonios era eso posible?

Definitivamente, esa chica tenía mucha suerte… o Adrian era un completo inútil. Luke quería pensar que eran ambas cosas a la vez.

Trató de acercarse a la joven y tocarla pero se llevó un chasco al darse cuenta de que su mano la atravesó como si ella fuese un espectro.

¿Qué demonios…?

— ¿Puedes hacerme el grandísimo favor de explicarme que coño está pasando aquí?

Luke se dio la vuelta y le preguntó a Adrian con tono rudo, mientras le dirigía una mirada mordaz. El Príncipe no le dijo absolutamente nada. Seguía mirando a Anne como si fuese una aparición mientras murmuraba “ella está muerta, ella está muerta” una y otra vez.

Perfecto, lo que le faltaba, que el único que podía llevarlo de vuelta a su mundo se hubiese vuelto loco.

Se acercó al hombre y, a regañadientes, colocó las manos en sus hombros para zarandearlo y hacerlo volver en sí. Si eso no funcionaba, tendría que golpearlo. Lastima por Adrian, ya que Luke estaba seguro de que saldría bastante magullado de ahí si no volvía al lado de los cuerdos en esos momentos.

Adrian sacudió un poco la cabeza y le dirigió una mirada total y completamente desconcertada.

—Ahora que tengo toda tu atención, Principito, quiero que me digas qué demonios hace Anne aquí.
— ¿Debería saberlo?—fue su escueta respuesta.

—No, claro que no deberías saberlo. — le dijo con sarcasmo— Porque, según tu, Anne estaba muerta, ¿no? Pero déjame decirte algo, los muertos no caminan. Y esta chica se ha librado de la muerte dos veces. ¿Tiene eso algo de lógica para ti? ¿Tienes algo decir respecto a eso?

Adrian quitó las manos de Luke de sus hombros con un movimiento brusco y se arregló su abrigo.

—Por el tono con el que me dices eso, debo suponer que dudas de que en verdad haya hecho mi trabajo. —Luke bufó, enormemente contrariado— Créeme, hice lo que tenia que hacer… en ambas ocasiones. Pero, al parecer, alguien o algo no quiere que esta chica muera. En ese caso, yo no puedo hacer nada.

Si Adrian, que era bastante viejo y sabio a pesar de tener la apariencia de un chico de veinte años, decía eso, algo de lógica debía tener ese asunto. Aunque Luke seguía dudando.

— ¿Y qué hacemos ahora? No podemos tocarla y ella, tampoco puede vernos…— le preguntó mientras le dirigía una mirada a la chica, que seguía buscando entre los árboles.

—No vinimos por ella, ya te lo dije— musitó, serio.

—Pero…

—Sin peros, chico. No hay nada que podamos hacer. Olvida a la chica y haz tu trabajo. A menos que quieras tener problemas con el Rey.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no patearle el trasero por ser aun más idiota e insoportable de lo que era siempre, Luke se dispuso a pasar por el lado de Anne y salir del bosque. Y aunque le costase admitirlo, Adrian tenia razón. Ellos habían ido a ese lugar a cumplir una misión y no a pasear ni a tratar de resolver otro tipo de problemas.

En el mismo instante en el Luke cruzaba por el lado de Anne, ella movió su mano y lo tocó. No fue un gesto premeditado ni nada que significase que ella sabía que él estaba ahí, pero, de todas formas, su calida mano tocó su piel sin siquiera traspasarla. Ella miró el lugar en el que él estaba con los ojos bien abiertos, completamente perpleja por haber sentido algo sólido en donde no había nada, pero a los pocos segundos movió la cabeza de un lado a otro, restándole importancia al asunto.

Ella se había vuelto loca hacia mucho tiempo, por eso creía ver cosas donde no había absolutamente nada. Por eso recordaba cosas que en realidad, nunca pasaron.

Como si nada hubiese pasado, siguió caminando, adentrándose más en el bosque, mientras Luke y Adrian se dirigían en dirección contraria.

“Eso fue raro”, pensó Luke mientras caminaba, con un muy silencioso Adrian al lado. Definitivamente, esa era una de las experiencias más extrañas de su vida. Olvida lo de los Recolectores y todo el trauma que eso podría acarrearle. Esto era algo mucho más grande, más profundo e importante. Él hecho de que Anne estuviese viva y pareciese bastante ajena a su mundo y a lo que había vivido, era un misterio que el, definitivamente, iba a resolver. Y cuando lo hiciera, iba a llevarse a Anne de vuelta al lugar en el que debía estar. Eso era seguro.
La Premonición
Titulo: Añoranza.
Claim: Anne Foster
Fandom: La Premonición
Secta: La logia de los Disectos.

Si había algo que Anne echaba mucho de menos, eran los paseos por la playa. Solía hacerlo a menudo con su novio Solomon, ya que su casa no estaba muy lejos de la playa.

Adoraba sentir la tibia arena bajo sus pies y como estos se hundían en ella. Adoraba sentir las olas golpear sus pies cuando caminaba muy cerca de la orilla. Pero, sobre todo, adoraba estar con Solomon allí, contemplando el atardecer.

Pero eso nunca más iba a suceder ya que estaba atrapada en ese frío mundo y no sabía cuando volvería a salir. Si es que salía.
La Premonición
Titulo: De Caza
Fandom: La Premonición
Palabras: 2423
Claim: Mi adorada Anne Foster. Un personaje que tendrán que amar. Luke Brown. Adrian Nightingale
Comentario: Aun me cuesta escribir sobre esto a pesar de que tengo miles de ideas revoloteando en mi cabeza como mariposas en una pradera. O como las moscas que aparecen después de la lluvia. Molestas ideas que mis amadas musas (o tal vez es una sola musa hiperactiva) me piden a gritos que atrape con mis cansadas manos. XP ¿Poético? Que va. Es solo que estoy algo aburrida.

En fin, tratare de hacer lo mejor que pueda, y espero que ustedes disfruten de lo que con tanto trabajo salió de mi cabecita.

Besos.

PD: todos los personajes y todo lo referente a esta historia me pertenecen. Si ves esto en algún sitio, me gustaría que me lo dijeras. Gracias.


Corría por el campo por primera vez en mucho tiempo. Por fin la habían dejado salir de la prisión en la que la habían mantenido durante tanto tiempo y que tenían la osadía de llamar casa. Vamos, eso no era un hogar por más que te esforzaras en creer que lo era. Ellos sabían que por más que se lo repitieran ella no iba a creerlo y tampoco iba a dejar de sentir ganas de salir y sentir la fría brisa nocturna acariciando su piel, pero igual lo hacían, tal vez para molestarla, quien sabe.

Ella había pataleado, gritado, amenazado de muerte a muchas personas y después de colmarle la paciencia a más de uno, logró que la dejaran salir. Sabía que algo se traían entre manos pero igual no le importaba. Estaba afuera, era libre (medianamente libre, pero libre al fin).

Llegó a un campo acompañada de uno de los molestos guardias que no le quitaba un ojo de encima. Tal vez pensaban que todo eso de querer salir a tomar aire no era más que un plan para escaparse. Que pocos confiados eran esos hombres del reino. Ella no quería huir, porque sabía que no tenía ningún lugar a donde ir. Así que la idea de pasarse los días y las noches vagando por el Hellaven no se le antojaba muy atractiva. Era mucho más divertido y beneficioso para ella permanecer dentro del castillo, molestando a los guardias.

—Hey, tu. ¿Podrías dejar de seguirme? Necesito privacidad.

—Si, claro.

—Si no lo haces, juro que te morderé— le dijo seria, poniendo su más terrorífica expresión facial.

El guardia pareció reconsiderar las posibilidades de ganar en un enfrentamiento con la chica y al caer en la cuenta de que perdería al primer golpe suyo, pensó que lo mejor era hacerle caso. Esa mujer era de temer, él lo sabía muy bien.

—Está bien. Pero que no se te ocurra escapar porque te las veras negras— ella le sonrió y casi dando saltos de alegría vio como el hombre se daba la vuelta para volver al castillo.

El hecho de que él hiciera eso no significaba que no tendría a toda la guardia pendiente de cada cosa que hiciera. Solo significaba que no tendría a una persona pisándole los talones.

Ya sola en medio del bosque, empezó a caminar por los alrededores, conociendo la zona; recordando como había acabado así, porque todo había comenzado justo en ese bosque hacía unos meses. Había ido al castillo a salvar a Edna y en el camino se había topado con la única persona en todo el Hellaven que le provocaba un terror tan grande capaz de hacerla gritar y desfallecer en el acto; era el hombre que la había llevado a ese mundo por error. Un hombre cuya belleza sobrepasaba los limites de lo real, de lo humanamente posible.

Pero toda esa perfección y belleza que lo rodeaba no le impidió que la atacara y la convirtiera en lo que ahora era. Una especie de monstruo detestable al que todos le tenían miedo aunque no lo quisieran aparentar. Algunos decían “es solo una chica. ¿Qué podría hacernos?” pero cuando estaba en su etapa de transición descubrieron que la pobre chica indefensa era capaz de acabar con todos los guardias del castillo de un solo golpe. Si no hubiese sido por el príncipe, en esos momentos el Hellaven estaría reclutando nuevos guardias.

Sacudió su cabeza tratando de que esos pensamientos desaparecieran y siguió caminando por el bosque, con la brillante y enorme luna plateada alumbrando su camino. Caminó sin rumbo fijo, deteniéndose algunas veces al escuchar el ruido que producían los escurridizos animales del bosque, hasta que llegó a una parte del bosque que estaba bloqueada. Ella no recordaba haber visitado ese sitio nunca, y eso que había ido a muchos sitios en compañía del Equipo de Limpieza.

Los árboles en esta zona eran más bajos que en los alrededores del castillo, y había menos espacio entre ellos. Formaban una cerrada muralla que parecía proteger algo importante. Muerta de curiosidad, se acercó para averiguar que era lo que se encontraba allí. Al darse cuenta de que el espacio entre los árboles era demasiado estrecho para que ella pudiera pasar, trepó el árbol hasta llegar a una de las ramas más altas y de un salto se lanzó hacia el otro lado, cayendo sin provocarse el más mínimo daño. Sonrió. Pero este gesto le duró muy poco.

Un olor fuerte, claro, delicioso, llegó hasta ella mareándola, haciéndola perder el sentido de las cosas. La aún incontrolable bestia que llevaba dentro se agitó y rompió las cadenas que la ataban, dominando el cuerpo de la chica. Ya no era la tranquila Anne que había ido a dar un paseo por el bosque, ahora era una feroz depredadora capaz de acabar con todo y con todos si no la detenían a tiempo. Y todo por culpa del olor de la sangre de un terrano.

Caminó por el bosque, siendo guiada por su poderoso sentido del olfato, tratando de hacer el menor ruido posible para sorprender a su presa. Trepó árboles, arrancó de un tirón algunos arbustos que le estorbaban hasta que llegó a la linde del bosque. Estaba oscuro en esta parte del Hellaven, por lo que tenía ventaja.

Siguió caminando, extasiada porque el olor a sangre era cada vez más fuerte. A muy pocos metros de distancia estaba su objetivo, podía sentirlo. Y ahora que estaba más cerca, pudo percibir otro aroma, mucho más débil y menos delicioso, pero que le resultaba altamente atractivo. Se olvidó del humano, ese ya no era su objetivo. Su meta ahora era el hellaveniano que lo acompañaba.

Se acercó lenta y sigilosamente hasta el lugar en el que el hellaveniano (que era del Equipo de Limpieza) realizaba su trabajo con suma concentración. Trepó un árbol, mucho más alto que el anterior, y fue saltando de rama en rama hasta llegar a uno que estuviera más cerca de él. Cuando vio su rostro todo dentro de ella se agitó. La ansiedad, expectación y deseo que sentía en esos momentos se duplicó haciéndola gruñir. Era doloroso sentirse así, pero esa sensación desaparecería cuando lo tuviera entre sus pequeños brazos y mordiera su frágil cuello. ¡Oh, cuánto lo deseaba!

De un saltó se bajó del árbol y cayó muy cerca de él, sobresaltándolo. La expresión de su rostro al verla fue de puro pánico y sorpresa, por lo que retrocedió unos cuantos pasos.

“Esa no podía ser ella. Esa no era ella”, se decía una y otra vez como si de esa forma pudiese convencerse de que era cierto. Pero sabía que no lo lograría. Esa mujer de brillantes ojos rojos y largos y filosos colmillos era Anne, su Anne. Y ella ahora quería atacarlo. Devorarlo como si fuese un animal salvaje y él, su presa.

Se dio la vuelta y salió corriendo rumbo a su casa, que era el único lugar seguro que conocía. Estaba demasiado nervioso, asustado y anonadado como para aparecerse, pero por suerte su casa estaba cerca. Ella corría detrás de él, saltando de rama en rama algunas veces, pero siempre detrás de él. Era rápida, mucho, pero por suerte no más que él.

Llegó a la casa e inmediatamente se encerró en ella, poniendo todos los seguros y hechizos de protección que conocía. Si se hubiese concentrado solo en los seguros de la puerta, hubiese perdido la batalla. Ella era lo suficientemente fuerte como para derribar la puerta de una sola patada. Pero los hechizos, en especial el de fuego, eran realmente efectivos y poderosos. Los seres como ella —porque no se atrevía a llamarla monstruo— odiaban el fuego.

Ella aulló como un animal herido cuando se quemó al tratar de acercarse a la casa. El escudo de fuego era invisible, por eso no lo había visto. Siguió gritando y gruñendo, esta vez de furia, al descubrir que su presa, esa que tanto ansiaba tener, se había escapado de entre sus dedos y que, por más que tratase, no podría conseguirla. Por lo menos no de esa forma.

Ella, ahora que era una hellaveniana, podía hacer cualquier tipo de magia. Pero como no era Anne la que estaba actuando, sino la bestia, no podía recurrir a la magia porque no estaba actuando como un ser racional, sino como un animal. Si ella hubiese estado en pleno uso de sus facultades, hubiese conjurado un escudo, cruzado la barrera de fuego y entrado a la casa sin problemas. Pero no podía, y Luke le daba gracias a todos los seres mágicos de ese mundo porque eso era así.

El quejido de dolor que salió de la boca de la chica al tratar de traspasar la barrera nuevamente, alertó a los guardias, los cuales salieron corriendo en su búsqueda. Cuando se había transformado, le habína perdido la pista, pero al escucharla, habían podido localizarla sin problemas.

Los guardias al tratar de salir a buscarla, chocaron con una barrera invisible que los lanzó varios metros hacia atrás. Sin saber muy bien que había pasado, se pusieron de pie, y los que estaban más atrás pudieron ver a la figura que había creado el escudo y había impedido que ellos salieran; era el príncipe.

Inmediatamente cayeron en la cuenta de que era él, hicieron una profunda reverencia que duró hasta que él atravesó la barrera y despareció frente al castillo. Todos sabían para que había salido. Él pretendía solucionar las cosas, a su manera, por su puesto.

Adrián se apareció justo en el lugar en el que Anne golpeaba una y otra vez la barrera, hiriéndose. Sin perder el tiempo, se acercó a ella y la tomó por la cintura, tirando de ella hacia atrás. Luke veía todo desde la ventana de su casa.

Con profundo horror vio como Anne se retorcía y luchaba para tratar de soltarse y llegar a él. Vio como gruñía y le enseñaba los dientes, a él, porque ella sabía que él la estaba mirando a través de la ventana. Y por ultimo, vio como el príncipe, con solo susurrarle algo al oído, había logrado calmarla.

Anne, o la bestia (Luke ya no sabia cual de las dos era) se dio la vuelta para quedar frente a Adrian. Con manos temblorosas debido a la ansiedad, tomó una de las manos del príncipe y se la llevó a la boca, para morderla y así saciar la dolorosa sed que la consumía. Ese gesto le pareció algo demasiado intimo y a la vez demasiado repugnante, pero no podía dejar de ver; estaba aterrado, tanto, que sus piernas no le respondían a la orden de moverse, de alejarse de esa ventana.

Cuando Anne soltó la mano del príncipe pensó que ya toda esa pesadilla había acabado, pero no era así. Ella, con una rapidez sorprendente, se apoderó de su cuello y lo mordió con voracidad, succionando, lamiendo, tomando de su sangre como si eso fuese la cosa más maravillosa del mundo. Luke sintió asco y si por algún momento pensó que Anne podría volver a ser la misma de antes alguna vez, perdió las esperanzas con solo ver esa escena.

También se fijó en algo realmente importante: el príncipe lo miraba y la expresión de su rostro demostraba que realmente estaba disfrutando al verlo sufrir de esa manera. Sin quitar esa maligna sonrisa de su rostro, separó a la chica de sí, le susurró algo al oido, y le señaló el lugar en el que él estaba. Luego chasqueó los dedos y con un movimiento de su mano la instó para que se acercara. Ella dudó unos instantes, pero al ver que él seguía insistiéndole y le prometía que le iba a dar más sangre si lo hacía, se acercó.

Ella alargó la mano para cerciorarse de que la barrera de fuego ya no estaba ahí; su mano atravesó el espacio sin problemas. Sonrió complacida, enseñando los colmillos en el acto. Siguió caminando, esta vez más deprisa, y se acercó a la ventana. Luke estaba estático, más horrorizado que antes al ver que la chica había atravesado la barrera sin problemas y que ahora estaba cerca de él, a punto de matarlo. Pero Anne no hizo eso.

Ella solo se limitó a acercarse a la ventana y a poner sus manos en el mismo lugar en el que estaban las de él al otro lado del cristal. Lo miraba fijamente, con esos diabólicos ojos rojos que él tanto odiaba y lo aterraban, tratando de adivinar quien o qué era él. Parecía confundida, pero a medida que el color de sus ojos iba pasando del rojo al azul, la expresión de su rostro iba a cambiando, dejando atrás de confusión para pasar a la sorpresa y al desconcierto.

La bestia, satisfecha ya, había vuelto a su celda, dejando solo a una muy desconcertada Anne frente a la casa. No entendía por qué estaba en ese lugar, cómo había llegado ahí, ni el hecho de que Luke la mirara con tanto espanto y rechazo. Se miró las manos y al verlas llenas de sangre comprendió que había hecho algo terriblemente malo.

Quiso hablarle, explicarse, pedirle perdón por lo que había hecho —aunque no sabía como iba a hacerlo—. Quería hacer algo, lo que fuese, con tal de que él quitara esa fea expresión de su hermoso rostro. Adrian se acercó a ella y le puso una mano sobre el hombro, diciéndole que tenían que volver ya al castillo. Ella no quería irse, no sin antes explicarse; pero al parecer Luke no quería escuchar sus razones ni seguir viéndola. ¡Había estado a punto de matarlo! Era lo menos que él podía hacer.

Él, ya más tranquilo y por fin dueño de sus actos, empezó a dar pasos hacia atrás, para alejarse de esa ventana. Ella golpeaba el cristal, como si de esa forma pudiera impedir que él se alejara de ella. Él seguía retrocediendo, alejándose de ella, poniendo una muralla entre los dos.

Al final, Anne dejó de golpear el cristal, resignada ante la idea de que él ya no quería saber nada de ella. Lo había herido, eso estaba más que claro. Y después que se llegaba al extremo de lastimar a un ser amado, cualquier cosa podría pasar.

Sintiendo como el cansancio y el dolor hacían mella en su cuerpo, se puso de pie y tomó la mano que Adrian le tendía. Ahora lo tenia a él y aunque le doliese pensarlo, no podía ni debía preocuparse por nadie más. Y eso incluía a Luke.
La Premonición
Fandom: La Premonición
Claim: Anne Foster
Palabras: 284
Título:
Odio
Advertencias:
Ninguna
Notas:
Este drabble está en su estado puro, o sea, lleno de errores. Pero aún así se entiende perfectamente la idea central del mismo xP. Espero les guste.

Me odio. Me odio por ser una cobarde que no sabe afrontar las situaciones que se le presentan con valentía. Me odio por ser la causante de que gente inocente sufra; por no poder proteger a Edna; por haber sido tan estúpida al creer que los príncipes de cuentos de hadas existen realmente.

Solo en esos tontos cuentos los príncipes llegan a salvar a la princesa y se casan con ella y viven felices para siempre. Solo en los cuentos los príncipes son capaces de hacer cualquier cosa por su princesa, incluso dar la vida. No te mienten, no te engañan con otra, no juegan con tus sentimientos… Los príncipes de cuentos de hadas son simplemente hombres demasiado perfectos y geniales para este mundo que era incapaz de concebir la genialidad. Los príncipes de cuentos de hagas no son mas que meros ideales creados por mujeres tontas que pierden su tiempo soñando con hombre que nunca llegaran a existir.

Pero yo soy mas tonta aun porque, aun sabiendo esta gran verdad, cometí la estupidez más grande del mundo al enamorarme de uno de ellos. Me dejé deslumbrar por su extraordinaria belleza, por sus hermosos ojos azules, por la ternura de sus gestos y su fachada de hombre bueno y justo. Me dejé deslumbrar por su mascara de príncipe azul.

Ahora que me dirijo al purgatorio me doy cuenta de que todo eso no fue mas que una jugarreta suya para atraerme hacia él. Todo fue u estúpido plan y yo caí en esa trampa que alguna vez pensé que era amor tan fácilmente que para él debió ser aburrido el conquistarme.
Soy una tonta locamente enamorada de mi verdugo y me odio por eso.
La Premonición
Fandom: La Premonición
Claim:Anne, Luke, Adrian, Juliette.
Título: De vuelta a casa
Palabras:1514
Resumen: Anne se siente incomoda a pesar de estar en su casa. Anne piensa que todo fue real pero ellos le dicen que no. ¿Quién se equivoca?
Notas: Como en el epilogo de la historia solo hice una ligera mención e este personaje y necesitaba mencionarlo algunas veces, decidí darle “participación” en la historia. Así que, gente, aquí está Juliette. Juliette, aquí está la gente XD.
Espero que les guste. Besos.


Ya habían pasado tres semanas desde que había vuelto a casa y aun no lograba sentirse cómoda. Y no era la misma incomodidad que había sentido las primeras semanas que estuvo en el Hellaven. No. Aquí, en su hogar, se sentía como una completa extraña. Una intrusa. Fuera de lugar. Se sentía como se sentiría un payaso en un entierro. Y ese no era un tema del cual pudiera hablar con alguien. ¿Cómo podía decirle a su familia que había estado en un mundo paralelo por más de un año sin que pensaran que era una broma o que había perdido la cordura?

Si hubiese estado perdida durante ese periodo de tiempo hubiese sido posible que le creyeran pero como, según Juliette —su mejor amiga—, no habían pasado ni cinco minutos desde que había salido corriendo como una completa desquiciada de la fiesta hasta que la había encontrado, era imposible que tomaran en cuenta sus palabras.
Pero también lo que había pasado la había dejado inquieta y dudando de su propia cordura. Es que era impensable que una persona se escapase de las garras de la muerte dos veces. Dos veces. Se suponía que para esas fechas ella debía estar muerta pero no, ahí estaba, sentada en uno de los bancos de piedra del parque, dudando de sus propias palabras y sentimientos.

¿Y si todo eso que ella había “vivido” no era mas que un sueño? ¿Y si el Hellaven y todo lo que allí había no era mas que el fruto de su anhelante imaginación que la hacían ver cosas donde no las había? ¿Y si…? Dios, ya se estaba volviendo loca.

—Anne, ¿Qué te pasa?—le preguntó Juliette mientras se recogía el largo cabello rubio teñido en una coleta alta— Estás actuando raro desde la noche de la fiesta. Hoy más que nunca.

Anne suspiró profundamente y luego giró la cabeza para mirar a su amiga. Le dedicó una sonrisa nerviosa que la hizo ver más rara de lo que ya estaba.

—Creo que me estoy volviendo loca, Jul. Yo… ah…no se como explicarte lo que me pasa.

— ¿Tiene que ver con tu rompimiento con Solomon?

Juliette, al igual que todos sus conocidos, se había sorprendido a sobremanera cuando Anne rompió con “su amor de toda la vida”. Ellos habían estado tan bien, su relación iba viento en popa, incluso habían empezado a hablar de compromiso, boda e hijos y de repente Anne decide romper con él. Y ese era solo el primer eslabón de la larga cadena de cosas raras que había estado haciendo Anne desde aquella noche: la noche de la fiesta.

—Mas o menos. Yo…no puedo. No puedo hablar de lo que pasó esa noche.

—Anne, esa noche no pasó nada. Tú saliste de la fiesta sin ninguna razón aparente y yo salí detrás de ti. Nada más.

Le dijo como si ella fuese una niña pequeña a la cual hay que explicarle las cosas con mucha calma para que las entienda.

— ¿Y que pasó con el chico? Aquel chico que entró a la fiesta y por el cual te volviste loca.

Necesitaba que su amiga le dijese que no lo había imaginado. Necesitaba saber que Adrian existía o se iba a volver loca. Juliette la miró, confundida, pero segundos después recordó a quien se refería su amiga. Sonrió con picardía.

—Era todo un bombón, ¿verdad?—Anne asintió y se sonrojó— la verdad es que no se que pasó con él. Recuerda que salí detrás de ti y por eso le perdí el rastro. Y cuando volví al salón por nuestros bolsos él ya no estaba. —Juliette hizo una pausa esperando que su amiga le dijera algo. Pero como se quedó callada, ella siguió hablando— ¿Por qué lo mencionaste, Anne? ¿Es que acaso lo conoces de algún lado?

—Yo…ah… mas o menos. Dios, esto es tan confuso. Ya ni siquiera se que es real y que es un invento.

—Yo te puedo asegurar que ese chico era real. Muy real— dijo acentuando al palabra “muy”— Aunque hay que admitir que parecía un poquito irreal también— sonrió— Ya sabes, por todo ese de que era tan exageradamente guapo. Pero dime, ¿de donde lo conoces? Porque por tu cara se que lo has visto en otro lado…

Anne no le respondió. Se puso de pie rápidamente y salió corriendo tal cual lo había hecho la noche de la fiesta, dejando a su amiga con la palabra en la boca. La única diferencia entre esta “huida” y la otra, era que Anne no parecía asustada sino mas bien ilusionada, esperanzada. Era como si hubiese visto algo que le había gustado pero dudaba de que fuese real.

Juliette tomó los bolsos y salió corriendo detrás de ella preguntándose qué demonios le pasaba a su amiga. Porque era obvio que algo le pasaba. “Quizás se había dado un golpe en la cabeza y por eso estaba actuando tan extraño”, pensó Juliette.

Cuando llegó a donde estaba su amiga y la vio con los dos hombres más hermosos e impresionantes que ella hubiese visto en su vida (y eso, que había visto muchos), toda ella se sintió desfallecer. Sintió como el agarre que ejercía sobre los bolsos se aflojaba y como estos se deslizaban de entre sus dedos hacia el suelo. Y sintió sus piernas como si fueran de gelatina al ver como uno de ellos —el que iba vestido completamente de blanco, resaltando su cabello oscuro— se acercaba a una sorprendida Anne y la besaba en los labios, después de que el otro —un rubio impresionante, completamente vestido de negro— la hubiese abrazado como si hubiesen tenido siglos sin verse.

—Anne— la llamó, y cuando los ojos grises y azules de los hombres se posaron en ella sintió que le faltaba el aire. Y en medio de todo su caos interno, se dio cuenta de que el que había besado a Anne era el mismo que había ido a la fiesta, y por el cual Anne había salido corriendo. Igual que ahora. ¿Casualidad, coincidencia o ambas cosas?

Anne se acercó rápidamente a su amiga (la cual estaba arrodillada en el suelo del parque), mirando por encima de su hombro de vez en cuando, como asegurándose de que los dos hombres estuvieran ahí, y tomó su bolso.

—Anne, ¿Quiénes… quienes son ellos?

Volvió a mirar hacia atrás y luego le dijo con una enorme sonrisa en el rostro:

—Son mi vida, Jul. Son todo lo que necesito para ser feliz. ¿Lo entiendes, verdad?

— ¿Por ellos terminaste con Solomon?—parecía alarmada mas por el hecho de que hubiese dejado a su amigo de toda la vida que por el hecho de que lo hubiese hecho por dos hombres. Dos completos desconocidos, a su parecer.

—Sí— aseguró.

Juliette iba a refutar. De seguro iba a empezar a hablar sobre lo maravilloso que era Solomon, pero Anne se lo impidió con un movimiento de su mano.

—Me voy a ir con ellos, Jul. Necesito irme con ellos— abrazó a su sorprendida y confusa amiga y le dio un beso en la mejilla— Dile a mis padres que estaré bien y que los quiero mucho. Trataré de venir a verlos pronto, pero si no lo hago, diles que… diles que nunca me olvidaré de ellos. Tampoco me olvidaré de ti, linda. Recuérdalo.

Cuando se iba a poner de pie, Juliette la agarró por los hombros y la zarandeó, buscando de esa forma que su amiga recuperara el sentido común.

—Anne, por Dios, ¿te estas escuchando? Estas hablando de irte de tu casa. Dejar tu carrera por dos tipos que no conoces…

—Los conozco. Los conozco más que a mi misma— le respondido muy segura de sus palabras, cosa que alarmó a Juliette.

— ¡Mentira! Al de blanco lo viste hace tres semanas en la fiesta. En tres semanas no se puede conocer a alguien tan bien, Anne… ¿Por qué…por que me das esto?
Anne había rebuscado en su bolso hasta encontrar un llavero con una única llavecita plateada. Se lo había puesto en la palma de la mano y le había cerrado los dedos sobre ella, como en un puño, y había dejado su mano sobre la de ella.

—En la mesita de noche de la derecha, en la gaveta de abajo, está mi diario. Léelo. Allí encontraras las respuestas a todas tus preguntas.

Y dicho esto abrazó fuertemente a su amiga y salió corriendo rumbo a los dos hombres. Se colocó en el medio de ambos y le tomó una mano a cada uno. Mientras caminaba con ellos rumbo a algún lugar en el cual pudieran desaparecerse o hacer lo que sea que ellos habían hecho para llegar hasta ese lado de la puerta. Miró por encima de su hombro una sola vez. Le dolía despedirse de su amiga y la idea de no volver a verla la carcomía por dentro, pero era lo mejor. Aunque quisiera, Anne no podría llevarla al Hellaven. Ese no era el lugar de Juliette, pero en cambio sí era el de Anne. Porque su lugar estaba en donde Luke y Adrian estuvieran.
La Premonición
Titulo: Contradicción.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: #23 - Muerte
Palabras: 202
Advertencias: Solo que se hace mención a la muerte. Nada de que preocuparse xP.
Notas: Pertenece a la Tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta"


Nadie podía comprenderla por más que lo intentasen. Porque ninguno de ellos estaba pasando por lo mismo que ella. Ninguno de ellos tenía un “se busca” pegado en la espalda. Ninguno de ellos estaba marcado para morir.

Y ella, aunque no había hecho nada para merecer semejante castigo, era la persona más buscada y perseguida de todo el Hellaven. Tenía que vivir encerrada entre cuatro paredes, sufriendo humillaciones, desplantes y malos tratos. Amando a una persona que no sentía el más mínimo aprecio por ella. Torturándose con los recuerdos del pasado e imaginando el futuro que hubiese tenido de no haber asistido a esa estúpida fiesta.

¿Cómo podrían ellos comprenderla cuando sus vidas eran tan perfectas y tranquilas, cuando su única preocupación era el trabajo y los deberes que tenían que cumplir para el reino? ¿Cómo osaban a decir que sabían lo que sentía cuando podían irse a la cama, tranquilos y confiados de que no los iban a matar mientras dormían?

Y aunque ella apreciaba que le dijeran esas cosas, prefería que no lo hicieran. No soportaba saber que, aunque ellos la querían y de verdad sentían muchísimo todo por lo que ella estaba pasando, preferían que estuviese muerta. Contradictorio ¿no?
La Premonición
Titulo: Tan rojo como la sangre.
Fandom: La Premonición.
Claim: Anne Foster
Tema: # 16- Tijeras
Palabras: 495 palabras
Advertencias: ninguna.
Notas: pertenece a la Tabla Basica 1 de la comunidad "Lunas y Tinta"


Su cabello era una de las cosas que a ella menos le gustaba de sí misma. Era tan rojo, tan llamativo, que tenía que teñírselo de negro para poder pasar desapercibida delante de la gente. Ya tenía suficiente con ser la atracción solo por tener miles de pecas en el rostro y hombros; no quería agregarle un artículo más a la lista.

Pero toda esa obsesión que tenía de cambiarse el color de pelo casi mensualmente se vio truncada mientras estuvo en el Hellaven. Allí no había forma de que ella pudiese esconder su pequeño “defecto” así que tuvo que conformarse con dejar que su cabello volviera a su color natural con alarmante velocidad. Aquellos habían sido unos días realmente duros.

Ella era la única persona pelirroja en todo ese oscuro mundo, por lo que llamaba aún más la atención. Por suerte, solo las hermanas de la “Casa Dorada” la veían, por lo que su acoso no era algo con lo que no pudiera vivir. Y las hermanas no solían ser muy entrometidas respecto a eso. Solo tenía que decir que se lo teñido mágicamente para ser “diferente” para que las hermanas dejaran de preguntar.

En resumen, Anne odiaba su apariencia. Realmente lo hacía. Pero alguien una vez le había dicho que no tenía motivos para sentirse así. Le había dicho que era la mujer más hermosa que había visto en su vida y ella le había creído. Por Dios que lo había hecho. Incluso le había gustado ser así, porque a él le gustaba tal cual ella era. Y lo amaba por eso, por aceptarla y quererla.

Pero, lamentablemente, todo eso había sido una mentira. Le había tocado descubrirlo de la peor manera posible.

Cuando se despertó en la cama de aquel hospital, rodeada de personas que en esos momentos le eran tan indiferentes, supo que nada de lo que había vivido en el Hellaven era cierto. Y tuvo la certeza de ello cuando su madre le dijo que Juliette la había encontrado inconsciente en el bosque hacía dos semanas.

Dos semanas. Para ella, había pasado más de un año. Pero no, todo había sido un sueño. Incluidas las palabras que él le había dicho.

Por eso estaba allí, frente al espejo de su baño, cortándose su hermoso cabello negro con unas burdas tijeras de su madre. Quizás para las demás personas fuese un acto estúpido y sin sentido, pero para ella era algo importante. No quería tener nada que le recordara al Hellaven ni lo que había vivido allí. No quería tener la misma apariencia que tenía cuando estaba allá. Quería ser fea, más de lo que ya era, para que nadie volviera a decirle que era hermosa para luego tener que despertarse y darse cuenta de que, nuevamente, lo había soñado.

Quería que su realidad fuese lo suficientemente fea como para que no le dieran ganas de volver a soñar con cosas que no podía tener y que le dolería enormemente perder.